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RETROSPECTIVAS

2019, el año que decenas de miles le dijimos NO a la monarquía

Acaba el 2019, es momento de hacer recapitulaciones y balances del año que fue y, aunque parece que el “progresismo” lo quiere sacar de la agenda, los movimientos democráticos y antimonárquicos han sido unos de los protagonistas indiscutibles del año.

Lucía Nistal

@Lucia_Nistal

Martes 31 de diciembre de 2019 | 16:15

Hace poco más de un año organizamos el referéndum sobre la monarquía en la Universidad Autónoma de Madrid. Fue el primero de decenas de referendos en universidades de todo el Estado, organizados a pulso por estudiantes e investigadores -sumadas a las consultas barriales o a la consulta del 22J en el centro de Madrid‒, en los que a lo largo de todo el 2019, más de 166.000 personas votamos por el derecho a decidir, a favor de abolir la monarquía y, allí donde se preguntaba, por la apertura de procesos constituyentes para decidir qué tipo de república queremos.

Tanto es así, que el discurso del Rey de ese año estuvo dedicado a recordarle a la juventud todo lo que le debemos a este régimen y su constitución, pero esa misma juventud ya había dejado claro que está más que dispuesta a cuestionar este régimen monárquico al que, si le debe algo, es precariedad y represión. Llega el 2020 y tenemos más razones que nunca para seguir cuestionándolo.

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Seguimos soportando no uno, sino dos reyes, el emérito y el “efectivo”, que salió como cada año esta Nochebuena a reiterar el carácter sagrado de la Constitución y la unidad de España y a darnos lecciones de democracia, olvidando el detalle de que está a la cabeza de una institución puesta a dedo por Franco por la que nunca nos preguntaron y, por supuesto, la vergüenza de los presos y presas políticos del Estado español: los líderes independentistas, Oriol Junqueras entre ellos que sigue en la cárcel a pesar de que el Tribunal de Justicia de la UE dictaminó que tiene inmunidad, pero también los jóvenes que salieron a protestar contra una sentencia vergonzosa y aquellos que salieron en solidaridad con el pueblo catalán o los jóvenes de Altsasu.

Mientras tanto, los escándalos de corrupción de la familia real siguen guardados en un cajón cerrado con la llave de la inmunidad, continúan las reuniones del monarca con regímenes autoritarios y genocidas como el de Arabia Saudí, y el nuevo gobierno “progresista” ni se plantea tocar el presupuesto millonario al servicio de la Corona ni mucho menos dejarnos decidir si queremos que Felipe VI siga siendo el árbitro de esta democracia para ricos o si quiera mencionar la autodeterminación de los pueblos.

Ya vimos cuál fue y seguirá siendo a respuesta frente al movimiento democrático catalán, con la sentencia del Procés y la represión, que evidencia el carácter profundamente antidemocrático y reaccionario del régimen monárquico con el PSOE como uno de sus principales sostenes. El pueblo catalán y sus aspiraciones al derecho a la autodeterminación han sido duramente reprimidos en nombre de esa misma Constitución que protege a la corona, poniendo en juego todos los mecanismos necesarios para impedir que seamos la mayoría la que decidamos sobre nuestro futuro: el aparato judicial, las fuerzas represivas españolas (y catalanas) y el “consenso institucional” detrás del 155.

Este 2019, ha quedado claro, también, que mientras unas nos hermanábamos con la juventud que salía a reivindicar su derecho a decidir, a exigir la libertad de las y los presos políticos, enfrentando una dura represión y organizábamos actos en el corazón de Madrid en solidaridad con el pueblo catalán, la izquierda del régimen que ahora entra en el gobierno defendía que hay que acatar las sentencias, saludaba la coordinación de las fuerzas represivas y criminalizaba a la juventud.

Este año hemos visto también a la extrema derecha alimentarse del 155, de los CIEs, de las vallas en Melilla y de las políticas neoliberales para crecer y llegar hasta los 52 escaños en las últimas elecciones. Hemos escuchado cómo nos decían que la única alternativa a esta extrema derecha pasaba por aceptar las reglas del juego de este régimen monárquico y conformarnos con el “mal menor”.

Ahora quieren que pongamos todas nuestras esperanzas en la formación del “gobierno progresista” de coalición entre Unidas Podemos y el PSOE, ese mismo que firmó el 155, abre CIEs, eleva las vallas en Melilla, que quiere prohibir los referendos, que manda fuerzas policiales a Piñera para que reprima mejor en Chile, que envía apoyo militar a gobiernos como el de Erdoğan en Turquía, que ha sido campeón en la aplicación de medidas neoliberales, reformas laborales y recortes de derechos, que igual que el PP tiene decenas de dirigentes condenados por corrupción, que siempre ha sido un defensor acérrimo de la corona.

Ahora nos presentan un programa "progresista" lleno de gestos y promesas, pero ningun cambio de fondo. Si a alguien le queda alguna duda de para quién van a gobernar, que mire el currículum de quien proponen que sea su vicepresidenta primera, Nadia Calviño, la que fuera candidata a presidir el Fondo Monetario Internacional.

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Por eso, lo que hace falta es una izquierda que se plante contra este régimen, que no se arrodille ante “su Majestad”. Que se proponga luchar por Asambleas Constituyentes Libres y Soberanas en las que podamos decidirlo todo: el fin de la monarquía y el derecho a la autodeterminación de los pueblos, pero también si seguimos pagando la deuda, acabar con la casta judicial, la nacionalización de la banca y las grandes empresas estratégicas, terminar con las leyes antiobreras, reaccionarias y liberticidas, atender las demandas del movimiento de mujeres o reorganizar el modelo productivo para combatir el cambio climático.

Esto nunca lo vamos a lograr de la mano de un gobierno neoliberal “progresista” ni respetando las reglas de juego de la democracia borbónica en la que la participación de las mayorías se reduce a votar cada cuatro años, mientras los poderes económicos votan todos los días, ni bajo el mandato de las políticas neoliberales e imperialistas de la Unión europea.

2019 fue el año también en el que la juventud se levantó por todo el mundo. El pueblo de Chile está demostrando cómo poner contra las cuerdas al régimen pinochetista. En Francia la ya heroica Huelga General mantiene en jaque al gobierno de Macron hace 27 días. Ese es el camino para cambiar la situación a favor de la clase trabajadora y el pueblo y luchar por una salida anticapitalista y de clase.

Ya son 30 años de políticas neoliberales, más de 40 años de régimen atado y bien atado, no es momento de seguir conformándonos con medidas cosméticas que además retroceden cuando la crisis se recrudece, necesitamos una izquierda dispuesta a cuestionar este régimen hasta sus cimientos, porque la crisis la paguen los capitalistas, con la perspectiva de que otra sociedad, sin las miserias de la explotación y la opresión capitalistas, es posible.






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