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Ada Colau, el monumento de Colón y el racismo institucional

A raíz de las protestas contra el racismo policial que han acabado con la decapitación de monumentos a Colón, Ada Colau manifestaba que Barcelona quiere ser una ciudad antirracista pero hay que mantener la estatua del Puerto. Es como decir que es una ciudad refugio pero que criminaliza a los inmigrantes.

Arsen Sabaté

Barcelona | @ArsenSabate

Jueves 18 de junio | 11:30

La muerte de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis ha sacudido las últimas semanas con un movimiento de protesta que se extiende por todo el país y parte del globo. La violencia policial dirigida cabe las personas racializadas y los inmigrantes a Europa, así como el racismo institucional e imperialista ha vuelto a posarse en el centro de las demandas sociales en más de medio mundo.

Y a todo esto, una de las últimas protestas masivas que se ha marcado como tendencia después del asesinato de George Floyd es la decapitación de los monumentos a Cristobal Colón, principalmente en los Estados Unidos y Reino Unido.

El eco de estas protestas que empezaron en ciudades como Houston o Saint Paul (Minnesota) se está expandiendo también y hasta Barcelona ha llegado el debate sobre que hacer con el legado arquitectónico de uno de los máximos exponentes de la colonización y el exterminio de los pueblos originarios de América.

No hay duda que uno de los símbolos más visibles de la ciudad de Barcelona es la estatua de Colón que preside el final de la Rambla y el Puerto Viejo. Un símbolo, no obstante, que hace referencia más a la puerta de entrada de la marca Barcelona que, precisamente, establece una división étnica entre migrantes de primera y de segunda.

Y como no podía ser de otra forma, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, intentaba este lunes mantener una posición ambigua respecto al monumento de Colón. En unas declaraciones a RAC1 Coláis defendía que "Barcelona quiere ser una ciudad antirracista" pero que "la estatua es un icono de la ciudad de Barcelona por bien o por mal" y consideraba que lo mejor es mantenerla.

Para lo cual, se justificaba diciendo que "hay una reflexión desde hace tiempo en la ciudad y hemos estado pioneros. La estatua de Colón forma parte de la memoria crítica de Barcelona. Todos los expertos que hemos consultado ven más interesante dejar el monumento de manera crítica y que incluya una explicación" y recordaba que Barcelona "puso en marcha en el mandato anterior jornadas de reflexión crítica sobre la presencia colonial y esclavista de la ciudad".

No obstante, del dicho al hecho hay todo un mundo de cinismo al cual los Comunes, y más Barcelona en común, nos tiene ya acostumbrados.

Y es que para jornadas, las que a mí me vienen en el ninguno son las de los manteros corriendo ante la Guardia Urbana. Jornadas de persecuciones y confiscaciones, además de sanciones económicas y por supuesto palizas. Y cuando no, también ha caído alguna noche en la prisión e incluso internamientos al CIE de Zona franca.

Sin duda, después del discurso de la ciudad refugio al que se abonó Barcelona en común nada más llegar a su primer mandato en 2015 y en plena crisis migratoria en el Mediterráneo, se oculta un racismo institucional que nada tiene que envidiar en los anteriores gobiernos municipales del PP o el PSC. De hecho, Coláis no tuvo que esperar a su segundo mandato (en coalición con el PSC de Collboni) para evidenciar que su política no es otra que continuar gestionando los negocios de los lobbies de la ciudad, especialmente el turismo, a expensas de criminalizar a los sectores más desprotegidos. Todo al más puro estilo de la marca Barcelona que posó de pie el mismo PSC hace décadas.

No obstante, la Guardia Urbana tiene un historial endémico de racismo policial que va mucho más allá de la persecución y criminalización de los manteros. Esto lo hemos podido comprobar durante estos meses de pandemia donde se ha utilizado el Estado de alarma para reforzar de forma encubierta la violencia policial y la militarización en las calles, cebándose especialmente contra las personas racializadas y más desprotegidas.

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No hay duda que, como decía hace pocos días el jefe de los Mossos Eduard Sallent, "existe un sesgo étnico en todo el mundo", y tiene razón, que le tenemos que hacer, es un problema que existe en todas las policías del mundo, a pesar de que el foco esté nuevamente situado en los Estados Unidos.

Un problema, pero, que siempre tiene una decisión política en última instancia, y en este caso, el "antirracismo" de Barcelona en común y Ada Colau destilan un racismo institucional que ya no se pueden sacar de encima.

Pero, además, si hablamos de Cristóbal Colón como símbolo de una ciudad líder como Barcelona, a Ada Colau y sus expertos no se le puede escapar que el significado es mucho más profundo del que parece.

De hecho, la figura de Colón en las principales ciudades europeas de la época te un marcado carácter imperialista que hunde sus raíces en la conquista y colonialismo de América para su expolio. De aquí que muchas familias de Cataluña y de la ciudad de Barcelona generarán durante los siglos venideros una incipiente burguesía catalana que todavía hoy perdura.

Colau, con la aceptación del símbolo de Colón como imagen de Barcelona refuerza este carácter imperialista de las clases malolientes barcelonesas y valla el círculo, en cierto modo, defendiendo sus intereses con una policía racista que no duda al perseguir y criminalizar a quién escapa de las guerras y penurias que los mismos países imperialistas originan.






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