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Anticapitalistas y la política del “mal menor”, al cuadrado

La corriente “Anticapitalistas” ha pedido el voto para Unidas Podemos en las elecciones del próximo domingo. Una capitulación a la estrategia neorreformista en el momento de su mayor integración al Régimen del 78.

Viernes 26 de abril | 17:45

En un comunicado, Anticapitalistas ha pedido el voto para Unidas Podemos argumentando que “no podemos permitir que la derecha acceda al poder, pero tampoco es la solución un partido como el PSOE, que ha demostrado una y otra vez su incapacidad y falta de voluntad para enfrentarse a los poderes económicos”.

Poco se puede cuestionar esta definición del PSOE, el partido de la reforma laboral de 2010, del pensionazo, de la reforma del artículo 135 y del rescate bancario. Precisamente por eso es inevitable cuestionarse si Unidas Podemos, una formación que desde 2016 llama a la formación de un “gobierno progresista” con ese mismo PSOE y cuyos dirigentes han estado los últimos diez meses ejerciendo de ministros sin cartera de Sánchez, puede representar realmente una alternativa.

La declaración de Anticapitalistas pasa completamente por alto el hecho de que la gran apuesta de Podemos para estas elecciones es la de ser el socio menor de un gobierno de Pedro Sánchez. Justifican el voto por la necesidad de medidas que propone Unidas Podemos “como la devolución del dinero del rescate bancario, una fiscalidad progresiva, medidas contra la corrupción o reformas que limitan la especulación financiero-inmobiliaria, propuestas en favor de los derechos de la clase trabajadora, así como una apuesta en la defensa de los servicios públicos”.

Qué duda cabe de que muchas de esas medidas, aunque insuficientes ya que no cuestionan hasta el final el régimen monárquico ni el sistema económico capitalista, son necesarias y urgentes. Pero incluso un programa reformista moderado como este no podrá imponerse sin la movilización, mucho menos de la mano del PSOE, uno de los principales representantes de los negocios del capitalismo español y del Ibex35. El programa de Podemos, puesto al servicio de cogobernar con Sánchez, se convierte en papel mojado. Meras promesas de campaña en el camino a conseguir puestos ministeriales.

Más aún, si los nubarrones de la recesión vuelven a cernirse sobre la economía española, como ya apuntan no pocas previsiones, lo que estará en juego para un gobierno liderado por Sánchez será la aplicación del programa de los grandes empresarios, tal y como hizo Zapatero en el año 2010. Solo que esta vez encontraría a Podemos como socio preferente para la aplicación de los recortes y ajustes en contra de la clase trabajadora.

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En un anterior comunicado de Anticapitalistas, difundido poco después de que se anunciara la convocatoria electoral, la corriente interna de Podemos afirmaba: “Si no hay mayoría de las derechas -cosa no descartable todavía- creemos que el equipo de Pablo Iglesias, dado que no ha conseguido despegarse del PSOE, a pesar de su reciente retórica conflictiva, se verá ante un triste dilema frente a un gobierno de mayoría sanchista que aplicará las recetas liberales bien en un gobierno con Rivera, bien en un gobierno de coalición con un Podemos sumamente debilitado con un papel de socio menor”.

Es decir, que tal y como reconoce Anticapitalistas, Podemos no está capacitado para realizar una oposición real a las políticas liberales del PSOE y, por tanto, ninguno de los escenarios posibles supone un resultado positivo para la clase trabajadora y los sectores populares. Así las cosas, la única alternativa es la subordinación a una de las alas del mismo Régimen que nos reprime, blinda los privilegios de los capitalistas y nos condena a un futuro de creciente precariedad y miseria a la mayoría. Pero a pesar de ello, Anticapitalistas nos sigue pidiendo que votemos a Unidas Podemos, totalmente imbuida de la lógica del “mal menor” imperante en esta coyuntura.

Decía el comunista italiano Antonio Gramsci sobre esta cuestión: “el concepto de mal menor es uno de los más relativos. Enfrentados a un peligro mayor que el que antes era mayor, hay siempre un mal que es todavía menor, aunque sea mayor que el que antes era menor. Todo mal mayor se hace menor en relación con otro que es aún mayor, y así hasta el infinito. No se trata, pues, de otra cosa que de la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo, cuya evolución está dirigida por una fuerza eficiente, mientras que la fuerza antitética está resuelta a capitular progresivamente, a trechos cortos, y no de golpe, lo que contribuiría, por efecto psicológico condensado, a dar a luz a una fuerza contracorriente activa o, si ésta ya existiese, a reforzarla.” [Quaderno, 16 (XXII)].

Igual que para Podemos, gobernar con Sánchez se ha convertido en el mal menor necesario para parar a la derecha, lo que habría -tomando la propia declaración de Anticapitalistas- “generado en el imaginario de la sociedad una idea errónea sobre la capacidad que tiene el PSOE en construir un escudo social”; la posición de Anticapitalistas contribuye a reforzar la idea de que Unidas Podemos puede ser una organización útil para luchar contra el establishment y conquistar las demandas sociales pendientes siendo el guardián de izquierda de Pedro Sánchez. El mal menor del mal menor. Todo ello en un contexto en el que cada vez más amplios sectores vienen haciendo una experiencia con el neorreformismo que, al calor de su integración política al Régimen, hace tiempo ha dejado de despertar ilusiones.

A ninguna de las personas de izquierdas que tenemos consciencia política puede sernos indiferente el resultado de estas próximas elecciones, ni podemos dejar de alarmarnos con el hecho de que la derecha y la extrema derecha lleguen al gobierno. Sin embargo, aquellas que militamos en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) estamos convencidos de que la manera de hacer frente a la derecha no pasa por apoyar alternativas neoliberales enemigas de la clase trabajadora y el pueblo, por más que estas se revistan de un discurso progresista, ni a aquellos que aspiran a gobernar con las mismas.

Para parar a la derecha lo que hace falta es desarrollar la lucha de clases. Un objetivo que sólo puede ser encarnado por una extrema izquierda cuyo centro de gravedad sea el combate en las calles, las empresas y los centros de estudio, por un programa anticapitalista sin complejos. Una izquierda que haga de los procesos electorales y del “asalto a las instituciones” una oportunidad para impulsar la lucha extraparlamentaria, popularizar un discurso radical contra los capitalistas y contra la demagogia e hipocresía de los partidos del establishment que ejercen como sus representantes políticos. Construir una extrema izquierda anticapitalista exigirá combatir la ideología del mal menor, una herramienta que sirve para justificar la dominación política de los regímenes capitalistas.

El ejemplo del Frente de Izquierda y de los Trabajadores en Argentina, impulsado por la organización hermana de la CRT en ese país, el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), junto a otras organizaciones de la izquierda trotskista, muestra que la extrema izquierda puede ganar influencia entre sectores de masas de la población, sin rebajar su programa anticapitalista ni sus objetivos revolucionarios.

La gran desgracia de estas elecciones es que no exista una alternativa radicalmente anticapitalista y de clase. Hay que decir que este no era un resultado inevitable y que desde la CRT planteamos a Anticapitalistas y a la CUP “impulsar una candidatura en todo el Estado que se proponga dar una expresión política de clase y anticapitalista a quienes han hecho una amarga experiencia con el neorreformismo o la dirección procesista catalana. Una candidatura que marque una clara independencia de Unidos Podemos y su programa de reeditar un acuerdo con el PSOE, como también con la dirección del procés que quiere subordinar el derecho a decidir a una negociación con el Estado español”.

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Lamentablemente una candidatura así no estará presente este 28 de abril. Ni tampoco en las próximas elecciones europeas, en las que Anticapitalistas volverá a presentar a su candidato Miguel Urbán como parte de la lista de Podemos. Una posición oportunista que muestra su resistencia a romper con un Podemos sumido en su mayor crisis interna, que ha alcanzado sus mayores niveles de moderación y que está jugando un papel clave en la recomposición del Régimen monárquico del 78.

La resistencia de Anticapitalistas a sacar conclusiones de su integración en Podemos se mantiene mucho después de que la formación morada se convirtiera en instrumento de la gestión capitalista de las principales ciudades del Estado. Los autodenominados “ayuntamientos del cambio” dejan un balance de desahucios, persecución a migrantes, pago dócil de la deuda ilegítima y pelotazos urbanísticos. Pero los “anticapis” no solo no ejercieron una oposición visible y coherente frente al municipalismo reformista de Podemos, sino que actuaron de la misma forma allí donde han tenido responsabilidades. En Cádiz, el alcalde José María “Kichi”, militante de Anticapitalistas, ha gobernado la ciudad con idéntica lógica, dejando episodios bochornosos como la entrega de la medalla de oro a la virgen del Rosario, pedir el desalojo para varias personas sin hogar o justificar la venta de armamento a Arabia Saudí bajo el falso dilema de “pan o paz”.

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La crisis del neorreformismo y su asimilación como la “pata izquierda” del Régimen imperialista español es el resultado inevitable del evidente fracaso de su estrategia política: ocupar espacios en las instituciones de la democracia capitalista para intentar transformarlas pacíficamente desde adentro. Si Anticapitalistas no quiere seguir siendo cómplice de esta impostura, debería hacer balance de esta penosa experiencia y cambiar radicalmente su orientación hacia una política de independencia de clase.






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