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MOVIMIENTO OBRERO

Apuntes sobre la clase obrera en el Estado español (Parte I)

La desigual devaluación salarial al calor de la crisis. Un mapeo en los diferentes estratos del movimiento obrero. Apuntes para un estudio sobre la situación de los trabajadores en el Estado español.

Asier Ubico

Delegado de CGT Telepizza, Zaragoza

Viernes 16 de septiembre de 2016 | 18:54

En un artículo anterior, y de acuerdo a los datos publicados por un informe elaborado por Adecco, vimos las distintas estrategias patronales que se implementaron para ajustar salarios y plantillas, sostuvimos que el ajuste sobre las condiciones de trabajo (sobre todo en lo que se refiere al salario) había sido desigual, y que la patronal necesitaba a mediano y largo plazo avanzar muchísimo más en la devaluación salarial. En esta ocasión, tomamos en cuenta un estudio que el Instituto Nacional de Estadística hizo público tiempo atrás sobre esta evolución a través de los deciles de la población asalariada.

El problema de conocer el salario medio es que este hace una media entre los salarios más altos y los salarios más bajos, lo que significa que no es posible hacerse una idea más profunda sobre los distintos grupos de asalariados y sus dificultades. Una manera de subsanar el problema es conociendo el salario “mediano”. Otra manera más profunda es conociendo el salario medio por deciles. Que agrupa a un conjunto de trabajadores en diez grupos diferentes (10% cada grupo) otorgándoles un tramo diferente de salarios a cada uno.

Esto permite una idea más clara sobre la heterogeneidad de la clase trabajadora, aunque siempre con alguna salvedad, pues no explican del todo por qué sube o crece el salario. Por ejemplo, el salario medio de un decil puede subir, no porque los empresarios incrementaron los sueldos, sino porque los trabajadores con peores sueldos fueron despedidos y al hacer la media se tienen en cuenta los sueldos que quedaron, los trabajadores con más sueldo. Lo que hace subir la media salarial, cuando en realidad, o bien se han congelado, o bien han subido ligeramente.

Estos primeros apuntes pueden ayudar a comprender no solo la composición de la clase obrera, sino también a pensar las bases objetivas de las tendencias y las contra-tendencias a la radicalización de los trabajadores.

El “Decil de salarios del empleo principal de 2014” publicado por el INE en noviembre de 2015, cogiendo los 10 grupos salariales con tramos establecidos a priori, agrupaba en tres grandes colectivos a los trabajadores.

“El primer grupo está constituido por el 30% de los asalariados que están en la zona baja salarial, formada por la agrupación de los tres primeros deciles. Son 4.269.840 personas y ganaron menos de 1221, 1 euros brutos mensuales en 2014”. Un 40% de la población asalariada (más de 5,5 millones de personas) cobra entre 1221 y 2173, 5 euros. Y un 30%, los últimos tres deciles, cobran más de 2173 euros, y son casi 4 millones de personas.

Uno de los reparos de una clasificación tan amplia sobre la clase obrera es que este último grupo tiene el problema de juntar a trabajadores asalariados con altos directivos, y las cifras, en los hechos, muestran la gran diferencia que existe también dentro de este grupo salarial.

Ahora bien, un vistazo más de fondo a los cientos de datos que ofrecen las tablas y bases calculadoras del INE desde el 2008 hasta el 20014 (salarios medios brutos mensuales en euros), y dividiendo los segmentos salariales en 10 grupos diferenciados y no en tres, nos da una idea de cómo evolucionó y cómo el ajuste se produjo de manera desigual -como planteamos en artículos anteriores-.

En primer lugar, tenemos que poner de relieve varios aspectos a tener en cuenta. El cuadro que se muestra está basado en los salarios brutos mensuales. Y aunque muestra los cambios que sufren los salarios, no tiene en cuenta la profundidad de aquellos. En la tabla mostramos la diferencia de los salarios brutos/decil para el período 2008-2014. Pero para darnos una idea más científica de la profundidad le hemos añadido la diferencia de los salarios reales/decil para el periodo 2006-2013, es decir, los salarios teniendo en cuenta la inflación, y que el INE no incluye. La conversión de salarios nominales a reales que realiza M.A. Malo (docente del Departamento de Economía de la Universidad de Salamanca), será de utilidad para comprender la profundidad de la devaluación salarial que está viviendo la clase obrera.

Por otro lado, hay que tener en cuenta dos aspectos. Que el último decil (Decil 10) no podemos tenerlo muy en cuenta pues corresponde precisamente a altos directivos y equipos gerenciales, y se puede comprobar incluso fijándose en la comparación entre el Decil 9 con el 10, que supone una diferencia de prácticamente 2000 euros, siendo que uno le sigue al otro. Si el estudio se centra por sector se podrá ver que el Decil 10 lo agrupan un numero minoritario si se compara con otro decil cualquiera. Además, esta clasificación varía enormemente en función de la rama de actividad donde se aplique, como veremos.

Otra cuestión es que los datos del INE tienen la ventaja de incluir no solo al sector agrícola y a los empleados del hogar, sino también a todos los trabajadores del sector público. Lo que nos da una visión más aproximada de la clase obrera, y por eso mismo no nos puede extrañar que incluyamos en el conjunto de los trabajadores al Decil 9, pues como veremos, este Decil lo pueden formar sin ir más lejos el 47% de las plantillas veteranas del sistema educativo. Es por eso que, si bien una agrupación general nos da una idea en conjunto, los salarios organizados por decil pero aplicados a cada rama de actividad pueden variar mucho.

Por tanto, tenemos que, para los cálculos del 2014, los dos grupos más bajos de asalariados (D1 y D2) cobran entre 411,17 y 819,61 euros mensuales brutos. Que el segundo grupo de trabajadores (D3 y D4) cobra entre 1100,85 euros y 1315,48 euros mensuales. Que el tercer grupo (D5 y D6) cobra entre 1502,97 y 1715,14. Y que el cuarto grupo (D7 y D8) cobra entre 1996,68 y 2386,34 euros mensuales brutos. Siendo el Decil 9 el más alto de todos, con unos 2946,62.

Lo que se puede observar en la evolución del salario hasta 2014, es que el ajuste salarial se hizo de forma desigual, y a ritmos diferentes. La brutal devaluación salarial recayó fundamentalmente sobre los 3 deciles peor pagados (más fáciles de despedir, con menos derechos y menos tradición sindical). Es decir, sobre el 30% de la población obrera, y a un ritmo más temprano que el resto de grupos, si cogemos la tabla elaborada por Malo con su conversión en salarios reales. El recorte al decil 1 comenzaría en 2008 y no ha dejado de recortarse, el decil 2 y 3 comenzaría en 2009 y seguiría en 2014, mientras que el resto de deciles comenzaron a descender en 2011. Para el 30% con salarios más bajos ha supuesto una impresionante merma salarial, mientras que para el resto ha descendido, pero empezando desde un pico más alto, lo que no ha supuesto un resultado tan negativo. Todo ello teniendo en cuenta los factores indicados más arriba.

En un primer momento, esta devaluación salarial se ha impuesto fundamentalmente a través de despedir a los trabajadores y contratar a nuevos con bajos sueldos, y más tarde, en el resto de deciles, se les aplicó rebajas en menor medida, pero sobre todo se les congeló o moderó el sueldo, sin tener que aplicar ataques directos, como ya explique en un artículo anterior en base a los datos del Informe de Adecco sobre estrategias empresariales.

Según la Fundación Fedea, la reducción salarial de los nuevos contratos ha sido ni más ni menos que del 17%, independientemente de la edad. Aunque la edad ha sido un factor de devaluación pues los contratos con más antigüedad (de los obreros más veteranos con conquistas salariales que se mantienen y más probabilidad de tener apoyo sindical) son los mejor pagados respecto a los que menos antigüedad tienen. El 47,8% de los que llevan más de 10 años en la misma empresa cobran más de 2.173,5 euros y el 55,7% de los que llevan menos de 1 año cobran menos de 1221,1 euros mensuales. Pero tanto los viejos como los jóvenes trabajadores que fueron despedidos y consiguieron entrar de nuevo al mercado laboral lo hicieron por un salario notoriamente inferior. El propio Mario Draghi reconoció que “en algunos países los salarios reales de nuevos contratos están en niveles vistos en los años ochenta del siglo pasado”. Y esto ha hecho que las desigualdades salariales se agraven. Según Malo, el salario del decil 9 multiplicaba por 5,2 el de quienes tenían un sueldo más bajo; en 2013, el múltiplo llegaba a 7. El del decil 5 multiplicaba por 2,7 al decil 1 en 2006, y en 2013 multiplicaba por 3,6. Pero incluso entre los deciles 3 y 7 la diferencia se multiplico de 1,6 a 1,8.

Esta desigualdad salarial también se hace notar en el nivel de la devaluación por cada decil de la población obrera. Cogiendo la diferencia de los salarios reales del periodo 2006-2013; del Decil 1 al Decil 4, es decir, el 40% de la población asalariada, sufrió una devaluación salarial del 44,6% ni más ni menos, siendo el Decil 1 el principal afectado con un ajuste del 24,9%. Mientras que del Decil 5 al Decil 9, que engloba al 50% de los asalariados tuvieron hipermoderadas subidas salariales que van del 1,5% al 4,3%, siendo el Decil 7 el mejor parado. No contando aquí el Decil 10 que tuvo una extraordinaria subida del 9,9%, ya que normalmente su capa más alta está formada por equipos gerenciales o directivos pequeños, medianos y grandes.

En conjunto, si sumamos todos los porcentajes de todos los deciles de población (con sus saldos negativos y positivos) obtenemos que la devaluación salarial nacional fue del 19,77% para el periodo 2006-2013. Y esta es una cifra que se aproxima exactamente con otros estudios económicos que marcan la devaluación nacional en un 20%. Aunque tendríamos que matizar que este monto incluye el controvertido decil 10, y que, en el caso de excluirlo, la devaluación nacional sería muchísimo mayor, situándose en un ajuste del 29,73%.

Podemos decir con todo, que las condiciones materiales de las capas más privilegiadas (y no tan privilegiadas) de la clase obrera se mantuvieron en parte, pero este 50%, por así decirlo, tuvo que hacerse cargo del ajuste salarial bestial que sufrió el otro 40% de la población, actuando de colchón social, como veremos en un ejemplo siguiente. No es de extrañar que, a pesar del desigual ajuste de las capas trabajadoras, el 72,3% de la población obrera considere que está mal pagada, y esto teniendo en cuenta que la baja inflación ha actuado como atenuante de las cargas familias. Es por eso que se dan nuevos fenómenos sociales como la llamada “agrupación interna familiar”, definido como la obligación de convivir entre diferentes generaciones, pero bajo un mismo colchón familiar. Como recoge el diario.es, según los datos de Caritas diocesanas, “la familia aporta principalmente ayuda a sus miembros más precarios en cuanto a alimentación, tanto en dinero como en especie. En segundo lugar, para pagar la vivienda y los suministros del hogar. Después, para la escolarización de hijos y nietos. La cuarta estrategia de apoyo en la familia la de eliminar viviendas y concentrarse todos en una, para compartir gastos”. Un ejemplo de ello sería las cargas económicas que tiene que asumir una pareja trabajadora o monoparental al tener que asumir los gastos a muy largo plazo de hijos que se encuentren en el paro o sufran la precariedad laboral, junto a los gastos habituales de comida, escolarización, hipotecas, etc...

Los diferentes niveles de ajuste en las condiciones materiales de las distintas capas de la clase obrera son las principales causas para entender los giros a la izquierda que viene teniendo la clase obrera, pero también explica sus contratendencias.

Primeras aproximaciones a un fenómeno complejo

Desde diferentes artículos de Izquierda a Diario, hemos sostenido que la respuesta de la clase obrera en el estado español (aunque no es una excepción “nacional”) no está a la altura de la ofensiva que el capitalismo viene imponiendo y va a imponer. Hemos planteado que ha habido varios factores clave para comprender esta respuesta y una falta de movilización más generalizada. Decimos “generalizada” porque en realidad tenemos ejemplos de impresionantes luchas obreras -con recuperación de los métodos clásicos de la lucha de clases- que no se han generalizado, y que han sido como pequeñas “setas” en el marco de baja movilización obrera masiva. En este sentido planteamos que hubo dos factores importantes (aparte de la ofensiva ideológica y social contra la clase obrera durante 30 años): por un lado, el rol de contención jugado por la burocracia sindical, que frenó, desvió o traicionó importantes luchas obreras, y, por otro lado, al rol jugado por los nuevos fenómenos neoreformistas que han profundizado el desvío de la movilización social hacia el parlamentarismo, en el peor sentido del término. Estos dos factores han jugado como freno de “los de abajo” y como sostén de “los de arriba”.

Sin embargo, a estos factores habría que agregarle el “nivel físico y material” de las distintas capas del proletariado, que ayudan a pensar los ritmos y formas de polarización política que sufre, y ver de qué manera actúa como tendencia o contratendencia objetiva para la radicalización. Por poner un ejemplo, como veremos, mientras en el estado español los trabajadores públicos (y otras concentraciones obreras) pudieron mantener su capacidad material, sus homólogos griegos (junto a los jubilados) sufrían una devaluación salarial del 20%, que en las empresas publicas llegaba a la increíble rebaja del 35%. Es decir, muy alejado de los parámetros que estamos manejando.

Aunque de momento no es nuestra intención abordar la relación entre la coyuntura económica (crisis) y la lucha de clases, podemos decir, parafraseando a Trotsky, que “los efectos de una crisis sobre el curso del movimiento obrero no son todo lo unilaterales que ciertos simplistas imaginan. Los efectos políticos de una crisis (no sólo la extensión de su influencia sino también su dirección) están determinados por el conjunto de la situación política existente y por aquellos acontecimientos que preceden y acompañan la crisis, especialmente las batallas, los éxitos o fracasos de la propia clase trabajadora, anteriores a la crisis. Bajo un conjunto de condiciones la crisis puede dar un poderoso impulso a la actividad revolucionaria de las masas trabajadoras; bajo un conjunto distinto de circunstancias puede paralizar completamente la ofensiva del proletariado y, en caso de que la crisis dure demasiado y los trabajadores sufran demasiadas pérdidas, podría debilitar extremadamente, no sólo el potencial ofensivo sino también el defensivo de la clase.

En conclusión, la exposición de estos datos nos ayuda a acercarnos a una primera clasificación de lo heterogéneo de los estratos de la clase obrera que permiten un estudio más real de la situación objetiva de la misma, en el marco de la crisis del patrón de acumulación capitalista. Además, ayudan a entender como la crisis afectó de manera desigual a estos estratos, y poder integrarlos en el marco de un proceso molecular que pueden dar lugar a cambios bruscos en la lucha y en la conciencia obrera.




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