Cultura

CRÍTICA DE CINE

“Araña”, la extrema derecha chilena y el peligro del olvido histórico

El realizador chileno Andrés Wood, reconocido por público y crítica por filmes como su debut “La fiebre del loco” o, sobre todo, las premiadas “La buena vida” o “Violeta se fue a los cielos”, biografía de la cantante popular Violeta Parra, con su último filme se adentra de lleno en las entrañas de la extrema derecha de su país.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Viernes 16 de octubre | 15:17

En “Araña” nos encontramos con un fresco social enérgico pero complejo, donde se mezclan el pasado y el presente, una a la vez amarga e hipnótica narración que destapa con minuciosidad la convivencia entre las oligarquías financieras y los grupos paramilitares neo-fascistas que asesinaron a innumerables intelectuales y activistas cercanos al marxismo o el comunismo.

En su lucha contra el Chile de Allende, el triángulo amoroso protagonista, utiliza, en su juventud, las estratagemas más rastreras creando un grupo autodenominado Frente Nacionalista Paz y Libertad, una organización que, en el fondo, apela a los sentimientos xenófobos, los valores conservadores y la eliminación de cualquier forma de disidencia política.

Convertida, en su madurez, en una poderosa y altanera empresaria, Inés (cuya mirada sobre “un mundo que nunca debe cambiar” abre el filme) intenta por todos los medios que el ya envejecido Gerardo, su antiguo amor y compañero de batallas, permanezca encerrado en una institución psiquiátrica para que no se conozca la compleja estrategia criminal utilizada por una facción ultra en la que se vio involucrada para debilitar a un gobierno de izquierdas.

En el filme abundan los saltos cronológicos -resueltos con ritmo elegantes movimientos de cámara y habilidad narrativa- del pasado al presente, y los propios personajes siguen manteniendo la misma visión jerárquica, heteropatriarcal, materialista y que apela, con demagogia, al sentimiento patriótico de aquellos a los que quieren convertir en sus cómplices, extraídos de las clases populares.

Wood observa con ironía esas ostentosas fiestas de cumpleaños, tensos encuentros familiares y reuniones de empresa en las que se mueve esa clase alta que otrora se lanzó a las calles para, con sangre y fuego, defender sus privilegios frente a las fuerzas progresistas del país.

En “Araña” destacan las interpretaciones de Mercedes Morán como Inés adulta, fría y calculadora, y de Marcelo Alonso como el impetuoso y resentido Gerardo, aunque los intérpretes que los dotan de vida en su turbulenta juventud (María Valverde y Pedro Fontaine) dan credibilidad a unos seres que se esconden tras una fachada de populismo nacionalista en el seno una organización que da título a la película.

El filme está narrado con las mimbres de un “thriller psicológico” no exento de momentos de suspense, aridez y tensión, con personajes que se sitúan a un lado u otro de la barrera y otros caracterizados por su ambigüedad o sus inexplicables decisiones finales.

No faltan tampoco elementos de comedia negra, violencia social, un claro trasfondo político y elementos sobre el efecto del paso del tiempo sobre las relaciones humanas y el perfil de los lugares en los que crecieron los personajes. “Araña”, rodada en multitud de escenarios, donde destacan esos pisos, jardines y clínicas de lujo donde pervive la clase alta chilena, se acerca, por momentos, al cine negro más opaco y, otras veces, al romance juvenil desencantado por la presencia de unos seres, a la vez fríos e inestables, criaturas que alejan al espectador de cualquier suerte de empatía.

Con una algo alambicada pero astuta concepción de su escritura dramática el filme toma la forma de un sombrío laberinto en el que, enseguida, se destapa el carácter universal de su trasfondo: el peligro del olvido histórico, la impunidad de los criminales al servicio de los regímenes dictatoriales en América Latina y el permanente acecho de las fuerzas armadas y parapoliciales como herramientas útiles del poder que busca perpetuarse.

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