Internacional

BEC y la persecución de los “manteros”: cuando la “miseria de lo posible” justifica el racismo institucional

Tras la represión de los “manteros” del jueves, el Ayuntamiento de Ada Colau refuerza con más antidisturbios la campaña contra el “top manta”. Las justificaciones de esta política encienden las críticas contra Barcelona en Comú y desnudan la cara más oscura de los límites del nuevo reformismo.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Martes 8 de septiembre de 2015

Este lunes, tras estar todo el fin de semana en “paradero desconocido”, la regidora de Ciutat Vella de BEC, Gala Pin, publicaba en su perfil de facebook y twitter unas “explicaciones necesarias ” sobre “¿por qué este fin de semana Plaza Catalunya ha estado llena de policía municipal?”.

Era la primera respuesta oficial frente a las crecientes críticas de diversas organizaciones de inmigrantes, la red de apoyo a los “manteros” recién constituida -“Tras la manta”- y una parte de la izquierda social de la ciudad. Sorprendentemente, otra parte de la izquierda, que apoya o participa en BEC, desde Podemos hasta Revolta Golbal, mantienen un silencio cómplice con el actuar del Ayuntamiento en este tema. El domingo había tenido lugar una concentración en la Plaza Catalunya en denuncia de la represión policial del pasado jueves y contra la militarización y persecuciones del sábado.

Las “explicaciones” de Gala Pin no han pasado de una mera justificación del Ayuntamiento y la campaña racista contra los vendedores ambulantes, continuidad de la llevada antes por el gobierno de CiU. Inmediatamente han generado una riada de críticas en las redes sociales. Una de las más contundentes ha venido de los mismos “manteros”. Por medio de la red de apoyo “Tras la manta” explicaban así su actual situación en una respuesta en el muro de Gala Pin:

“Desde la precariedad que habéis conocido y compartido muchas personas que ahora estáis en las instituciones, no se puede aceptar que llevemos VIERNES, SÁBADO Y DOMINGO sin poder vender nada. Hoy lunes algunos hemos tenido que salir a vender, y salimos asustados pero con más miedo a que acabe la temporada de ventas, que como sabes es hasta 15-20 de septiembre, donde algunos juntamos dinero para pasar el invierno. Hoy empezamos a salir a vender, y esperamos que las personas que están comentando aquí ayuden a frenar este estado policial contra nosotros. Damos gracias a las personas que estáis cuestionando la decisión del actual ayuntamiento. Nosotros tampoco lo esperábamos. Nosotros celebramos la llegada de gente que creíamos que estaba a nuestro lado, del lado de la calle.”

Hasta el momento Ada Colau no se ha pronunciado sobre lo ocurrido el fin de semana. Sí lo hizo sobre los hechos del jueves, con unas declaraciones de apoyo a la intervención de la Guardia Urbana y su “profesionalidad”, y de denuncia a la “violencia” de los manteros.

Esta política real, contrasta con el discurso y las palabras de Colau sobre la cuestión de los refugiados. En los últimos días ha estado a la cabeza de impulsar una red de ciudades acogedoras. Un “compromiso” que no pretende sobrepasar el reparto y acogida del cupo que pacte el Estado español con los socios europeos. Y que queda en mero discurso y una gran muestra de cinismo e hipocresía cuando se contrasta con la política del Ayuntamiento para uno de los sectores más vulnerables de los inmigrantes y refugiados que ya viven en Barcelona. La caricatura realizada por Federico Grom, y que acompaña este artículo, ilustra con aguda crudeza este doble discurso.

Justificación para militarizar el centro y perseguir “manteros”: unas piedras

Las “explicaciones” de Gala Pin insisten en el mismo argumento criminalizador de Colau. El despliegue policial se ordenó “porque el jueves se produjo un lanzamiento de piedras que dejó a una viandante, cuatro guardias urbanos y manteros heridos”. Reconoce al menos que entre los heridos también había vendedores ambulantes, algo que Colau ocultó, dando por buena y única la versión de los mandos policiales.

Eso sí, mientras el viernes se anunciaba la intención de detener a los manteros “tirapiedras” sobre los urbanos “pegaporrazos” Gala Pin se limita a señalar que “este episodio requiere una recopilación exhaustiva de los hechos para descartar cualquier tipo de mala práctica por parte de funcionarios municipales”. Continúa explicando que “desde entonces no hemos encontrado la manera de responder a una situación de violencia que no se puede repetir y que perjudica a los propios manteros, sin convertirla, como querrían algunos, en una cuestión de “orden público””.

En primer lugar, y ateniéndonos a su propio programa electoral, había una “manera de responder” distinta a los hechos del jueves. Su propuesta 18 del eje de “seguridad y derechos civiles” dice textualmente “acabar con la persecución y criminalización de vendedores ambulantes”. ¿Podría el Ayuntamiento haber ordenado la paralización de la campaña contra el “top manta”? Sí, lo podría haber hecho en junio mismo y los “manteros” se hubieran ahorrado un verano en el que han estado diariamente acosados por los urbanos viéndoselas muy difíciles para poder ganarse la vida.

El viernes Gala Pin y Ada Colau tenían posibilidad de elegir entre suspender la campaña después de la provocación policial -que desembocó en los enfrentamientos-, o en mantenerla, reforzarla y garantizar que la “situación de violencia” no se repitiera en base a militarizar el centro. Optó por la segunda opción.

Como denunció el periodista de La Directa, Jesús Rodríguez, el sábado se vivió una tarde de “tolerancia cero” contra los “manteros”. “Las carreras se han reproducido en diferentes puntos del distrito, con decenas de vendedores ambulantes cargando los fardos en la espalda y furgones policiales con las sirenas encendidas persiguiéndolos (…) Los antidisturbios, a diferencia de los últimos días, bajaban con cascos puestos y porra en mano. También han protagonizado carreras los agentes de paisano. (...) Los senegaleses se han apiñado y retrocedido, pidiendo “por favor” a los policías que no les pegasen”.

La respuesta de Gala Pin a los abusos denunciados por La Directa no puede ser más cínica al asegurar que “reforzar la presencia policial no quiere decir ni ordenar “mano dura” ni sumarnos a ninguna campaña de “tolerancia cero”.

Gran parte del comunicado cuenta los “muchos esfuerzos para abordar el tema desde una perspectiva social y para dejar claro que se trata de una situación de precariedad vital y no de un fenómeno que se pueda erradicar a partir de la represión”. Aunque cuando los enumera, lo de “muchos” y lo de “esfuerzos” le queda bastante grande: una visita de ella misma a domicilios de vendedores , reuniones con diferentes sectores y la creación de una mesa de trabajo.

¿Medidas concretas de “solución social”? Ni una. Y mucho menos las propuestas por lo manteros como planes de formación y empleos alternativos, o legalizar su situación por medio de una cooperativa. Hasta algo tan básico como poner en marcha equipos de mediación social no lo han hecho hasta la semana pasada como la misma Pin reconoce. ¡Dos meses para enviar educadores y trabajadores sociales! Eso sí, los urbanos llevan “a pié de calle” desde el primer día.

Los “manteros” como causa de la violencia

Pin recuerda que “desde un primer momento enviamos un mensaje muy claro: nos dejaríamos la piel para buscar soluciones y alternativas dialogadas, pero no podíamos permitir acciones violentas que echaran por tierra nuestro plan de trabajo de medio y largo plazo”.

En todo momento pone la responsabilidad de esas “acciones violentas” en el campo de los vendedores. Insiste en que “este verano, al igual que el año pasado, la presencia de manteros ha generado episodios de enfrentamiento con la policía, algunos de ellos avivados por hechos tristes como los de Salou”. La causa de los “episodios de enfrentamiento” es “la presencia de manteros”, no el constante acoso y persecución de la policía.

Incluso aún mencionando los “hechos tristes” de Salou como resultado de su huida de la policía, para mi un asesinato - la causa para Gala Pin es “la presencia de manteros”.

La sola catalogación de “hechos de violencia” a las protestas de los manteros tras el asesinato de Salou o la mera auto-defensa de los abusos policiales -como era entrar a la carga el pasado jueves en el único espacio en el que podían trabajar, el hall del metro de Plaza Catalunya- es inaceptable.

¿Qué les pide BEC a los “manteros”? Que aguanten estoicamente las persecuciones, las identificaciones policiales en base a criterios raciales, que se les impida ganarse la vida (si no venden, no comen), que se contengan, que no se les ocurra quemar un contenedor y pongan la otra costilla ante los porrazos cuando un compañero suyo muere huyendo de la policía, como les ha pasado ya a muchos -la mayoría por atropello-, como les puede pasar cualquier día a ellos. Si no, el Ayuntamiento irá a por ellos, como ya anunció Colau en agosto al asegurar que se personarán en los juicios por agresiones a agentes de la urbana o contra quienes atraviesen la “línea roja” de la violencia. La misma línea que cotidianamente ellos ven atravesar en contra suya con total impunidad.

De la disolución de las UPAS a usarlas contra los “manteros”

Pero el mantenimiento de la campaña racista contra los manteros no es el único incumplimiento de programa de BEC. En su punto siete del mismo eje de seguridad plantean la “disolución de la Unidad de Policia Administrativa y de Segurida (UPAS) de la Guardia Urbana)”. La UPAS es la unidad de antidisturbios que en el mismo programa de BEC denunciaba que “demasiado frecuentemente se ha visto envuelta por denuncias de maltratos por parte de la ciudadanía”.

No solamente no se ha avanzado ni un milímetro hacia su disolución, sino que Gala Pin los ha puesto a pleno rendimiento contra el “top manta”. No sólo intervinieron y provocaron en los hechos del jueves, sino que han sido la pieza fundamental de operativo del fin de semana. Las UPAS están plenamente operativas y el Ayuntamiento hace uso de ellas para nada menos que la persecución y mantener a raya a los “manteros”.

¿Solidaridad con los “manteros” o con Gala Pin? La verdadera línea roja

Muchas fueron las voces críticas contra estas justificaciones en las redes sociales. Una de las más contundentes vino del regidor de la CUP y conductor de TMB, Josep Garganté. Desde hace varias semanas viene haciendo definiciones personales de algunos términos políticos tales como “continuismo”, “ruptura” o “renovación”. La nueva entrada de su “diccionario político” la ha hecho este lunes y la ha dedicado al término “fagocitar” definido como “absorver o neutralizar a un o una luchadora vecinal en una institución para que ejecute y defienda aquello que siempre criticó”. Una clara referencia a la regidora y ex-activista vecinal Gala Pin.

No han faltado tampoco en el debate en las redes los incondicionales de BEC. Simpatizantes y militantes de esta formación que han expresado su solidaridad, no con los “manteros” golpeados y perseguidos, sino con Gala Pin y el equipo de gobierno. Palabras comprensivas con la “complejidad del tema”, demandando paciencia y que habrá que ir poco a poco.

Pasan por alto que las críticas en este caso no se dirigen por lo que no se hace, o se hace lento. Hoy no se está cuestionando a BEC por no haber puesto en marcha alternativas de empleo para los manteros, que también se podría y debería. Se le critica por lo que sí hace. Por decisiones concretas que podría no haber tomado. Los mismos “100 días de gracia” que muchos demandan para Colau, los podrían demandar mejor para “los manteros” hasta que el Ayuntamiento les garantice una alternativa.

El callejón sin salida del reformismo de izquierda contra los poderes fácticos

Cabe preguntarse ¿A qué se debe el mantenimiento de una política de racismo institucional de parte del auto-denominado “gobierno del “bien común”? Hay que señalar que la campaña busca “evitar la presencia de “top manta” en determinadas zonas”. ¿Por qué esas “zonas”? ¿A quién molestan? Se trata de la zona centro y molestan a los poderes fácticos con intereses allí, como El Corte Inglés, las tiendas de lujo de Passeig de Grácia o el lobby turístico del centro.

El gobierno del “bien común” podría optar por plegarse a sus exigencias o no. De momento ha escogido como todos los anteriores. Mejor suerte tienen vendedores ambulantes como los que trabajan en la playa. A pesar de que su actividad está tan fuera de la ley como la de los “manteros”, el equipo municipal no atiende con la misma energía las exigencias del “lobby de los chiringuitos”. ¿Son más firmes en este caso? Lamentablemente no es por eso, simplemente el “lobby playero” es 10.000 veces menos poderoso que Amancio Ortega (Zara o edificio de Apple) y los otros “grandes de España”, de Catalunya y del extranjero que tienen pingües negocios en el centro de Barcelona.

Esta genuflexión ante los poderes fácticos no es la primera vez que la vemos y aún no llevamos ni 100 días de “gobierno del cambio”. Incluso antes de asumir estrenaron el “mandar obedeciendo” incumpliendo el compromiso de las escaleras, apoyando la firma del MWC y dejando en la estacada a la huelga de Movistar. En estos días es otro sector de “los de abajo” el damnificado.

Estas traiciones a las expectativas que ha levantado BEC, no están separadas de la lógica que atraviesa los proyectos de la nueva izquierda reformista. La estrategia de ganar las instituciones electoralmente y limitar el programa a reformas sociales que sean respetuosas con la gran propiedad, convierte en utópica toda ruptura con el andamiaje del régimen político y la dictadura de “los que votan todos los días”, que no son sólo “los mercados”, sino las patronales, grandes empresas, diferentes lobbys... Lo vemos en pequeño hoy en el Ayuntamiento de Barcelona, y hace unas semanas de forma aún más trágica con la claudicación de Syriza y el memorándum de Tsipras contra el pueblo griego.

La necesidad de construir una izquierda que levante y pelee por un programa anticapitalista, que apueste por una estrategia basada en la lucha de clases y la perspectiva de construir un gobierno de trabajadores, es tachada como trasnochada y utópica por el reformismo, el nuevo y el viejo.

Sin embargo su acelerada claudicación a los poderes fácticos, su repetición como farsa de la estrategia reformista ensayada y fracasada desde hace más de 100 años por la socialdemocracia, la demuestra como la única salida realista si no queremos resignarnos a la “miseria de lo posible” y las “gestiones amables”, con otros rostros y talante, de las mismas políticas de siempre, en favor de los de siempre y en contra de los de siempre.

De forma inmediata urge impulsar un amplio y potente movimiento de solidaridad con este colectivo. La correcta posición de la CUP ante este tema la ubica en una posición muy buena para llamar, junto a las organizaciones de inmigrantes y redes como “Tras la manta”, a impulsar una campaña de movilización que pelee por el fin de las políticas racista contra el “top manta”, por la derogación de la ordenanza cívica y todos los reglamentos que sirven para perseguir y criminalizar a este y otros colectivos y por la disolución de las UPAS. Tres demandas ampliamente respaldadas por miles de jóvenes, trabajadores y sectores populares que BEC pretende dejar en el olvido y una parte de la izquierda y las direcciones sindicales se lo están permitiendo.






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