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“Becas de colaboración”: los contratos precarios para estudiantes

La UB ofrece becas de colaboración que no son más que trabajos en la universidad a 5 euros la hora sin cotizar para el desempleo.

Pere Ametller

@pereametller

Jueves 25 de enero | 15:56

Foto: EFE

La UB ofrece unas “becas de colaboración”, como lo llaman ellos, para trabajar en la propia universidad. Los puestos de trabajos van desde la biblioteca, el archivo, el gimnasio de la UB o la secretaria de atención al estudiante, entre otros servicios. Trabajos que tendría que hacer un funcionario o empleado contratado de la universidad.

Si los ofrecen en esta modalidad de “beca” es porque el sueldo es, dependiendo del trabajo, de 5 o de 5,7 euros por hora. Lo que supone un salario de 417,67 o 477,06 euros netos por trabajar media jornada.

Aprovechan un contrato que se hace como si el estudiante estuviere realizando un programa de formación para contratar de manera precaria. Los estudiantes realizan trabajos que sustituyen a trabajadores, pero ellos lo justifican alegando falsos “procesos de práctica profesional y de formación, que eran los objetivos fundamentales de esta iniciativa”.

Este tipo de contrato estipulado en el Real Decreto 1493/2011, exige que se “establecerá los mecanismos de inclusión en la Seguridad Social de los participantes en programas de formación financiados por entidades u organismos públicos o privados, que, vinculados a estudios universitarios o de formación profesional, conlleven contraprestación económica para los afectados” y que “para suscribir este convenio especial con la Seguridad Social será necesario acreditar por parte del solicitante el haber participado en programas de formación”. La realidad es que se realiza poca o ninguna actividad formativa.

Este tipo de contrato permite a la universidad no pagar las cotizaciones por desempleo y ni aportar al fondo de garantía salarial. Además no reconoce ni las vacaciones, ni las 14 pagas habituales, situándo su salario por debajo del salario mínimo interprofesional. Durante el mes de agosto por ejemplo, el estudiante no trabaja pero tampoco cobra. Solo dispone de 8 días de vacaciones a repartir entre Navidad y Semana Santa.

Además, pierde la beca si se pone enfermo más del 20% del tiempo que dura esta. Se le impide trabajar en cualquier otro sitio y no tiene los permisos por asuntos propios que tienen el resto de trabajadores de la universidad.

Se trata sin duda de precarizar el trabajo en la universidad escondiéndolo bajo el mantra de una formación inexistente. Algunos de los trabajos consisten en hacer de conserje del gimnasio, archivar expedientes de alumnos o colocar los libros en la biblioteca. Actividades que corresponden a un trabajo corriente y no a una actividad formativa.

Las instituciones públicas se suman así a la precarización del trabajo establecida como norma en el sector privado. La universidad pasa a contratar como una empresa privada en vez de sacar plazas para funcionarios. El modelo de la universidad-empresa se extiende así, no solo a los planes de estudio, la contratación precaria de los docentes y a la investigación, sino que alcanza también al personal de administración y servicios.

Es hora de poner en pie un plan de lucha por la democratización de la universidad, por su gratuidad y por el fin de la precariedad laboral de los docentes, investigadores y del personal no docente. Por una universidad al servicio de la clase trabajadora y no de las empresas.






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