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EFEMERIDE // TEATRO

Bertolt Brecht: reseña, legado y polémica

Recordamos al célebre dramaturgo y poeta Alemán, padre del teatro épico, en el 60 aniversario de su muerte.

Domingo 14 de agosto de 2016 | Edición del día

Sin lugar a dudas Brecht fue uno de los dramaturgos y poetas más influyentes del siglo XX. Vivió hasta los 26 años en Augsburgo, su ciudad natal. Y allí mismo, en su adolescencia, estuvo cerca de ser echado de su colegio por polemizar, a vísperas de la primera guerra mundial, la famosa frase: “Dulce y honorable es morir por la patria” afirmando que es una "propaganda dirigida" en la que sólo los "tontos" caen. Años más tarde, se ve obligado a interrumpir sus estudios de medicina al ser llamado a participar de esta contienda como soldado sanitario.

Su primera obra teatral escrita “Baal” la finalizó a los 20 años. Su vida giró en torno al teatro y a la literatura al erradicarse en Berlín, empezando así a trabajar como dramaturgo en 1924. De esta forma comenzó su éxito con la obra “Tambores en la noche”. El primer matrimonio contraído con Marianne Zoff (Actriz y cantante de ópera), lo indujo a rediseñar la “Ópera del mendigo” (escrita originalmente por John Gay) y con música de Kurt Weill, escribió la más flamante de sus obras: “La ópera de los tres centavos”.

Brecht exiliado

Más allá de la teoría, los encuentros frecuentes con artistas socialistas y la gran influencia de la revolución rusa en muchos jóvenes de aquella época, lo llevan a reivindicarse marxista. Desde un principio sus obras poseen, en su contenido, una crítica al sistema capitalista. En 1933, año en el que Hitler es nombrado canciller y comienza una ola persecutoria contra los comunistas, huye con sus allegados hacía Dinamarca y posteriormente a los países nórdicos.

En sus 15 años de exilio escribió: “Galileo”, “Madre coraje y sus hijos”, entre otras; obras en donde se crítica a la autoridad religiosa, y las causas y consecuencias de los conflictos bélicos, entre otros. Ya residiendo en California, escribe una de sus obras más maduras: “El círculo de tiza caucasiano”.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, y viviendo en EEUU es interrogado por el comité de actividades Antiamericanas el 30 de octubre de 1947. Más allá de haber sido influenciado por la línea oficial del KPD (Partido comunista alemán), nunca perteneció a ningún partido. De todas formas, al día siguiente escapa nuevamente hacía Europa. El 14 de agosto fallece en Berlín a causa de un paro cardíaco.

Brecht contradictorio e innovador

En la época en que se desarrolla como dramaturgo, dentro del campo del arte, intelectual y también político había candentes debates sobre estética, y qué “rol” debía jugar el arte y los artistas. Es que en el mundo entero con el proceso revolucionario abierto por el octubre Ruso se ponía en juego nada más y nada menos que el triunfo de la revoluciones obreras o la contrarrevolución reaccionaria y conservadora. Como buen patriota de su época, Bertolt no se quedó afuera de estos debates. No solo se dedicó a escribir obras, sino que teorizó y llevó a la práctica una nueva dramaturgia y puesta en escena. Su teatro hoy es conocido como Teatro Épico, que se diferencia del naturalismo de Stanislavsky y la teoría aristotélica sobre el teatro. La técnica principal para esto fue el “distanciamiento”, que tenía como objetivo la participación activa del público. Es decir, lo que más le importaba a Brecht, no era la empatía que el público pueda tener con un personaje, si no que buscaba evidenciar la construcción de la ficción y por ende que el público tome una posición sobre lo que está viendo. Esto no quita que haya menospreciado la belleza estética del arte, sino todo lo contrario: fue capaz de generar una propia estética donde los cantos líricos, por ejemplo, fueron distintivos.

Brecht tiene el mérito de revolucionar la forma de pensar el teatro de su época, pero eso no condice consecuentemente con su visto bueno al régimen estalinista, incluso llegando a recibir en Moscú el premio Stalin de la Paz, en el año 1955. Ya para esa altura el PC dirigido por Stalin hasta su muerte, en 1953, había traicionado todas las revoluciones que tomaban el ejemplo de la rusa, había perseguido y asesinando a toda la oposición política en su país, como también muchas veces en el extranjero, como es el caso de Trotsky en México. En el campo del arte tenía casi la misma política autoritaria y restringida que el nazismo.

En 1932 el Estado soviético declara al realismo socialista como cultura oficial. Esta práctica restringía y perseguía cualquier tipo de arte que no reivindicara el régimen burocratizado de la URSS. ¿En un mundo polarizado por el ascenso del nazismo, y la consolidación de una burocracia en el único Estado obrero que existía en el mundo, la única opción era optar por alguno de los dos? Breton, exponente del movimiento surrealista y León Trotsky, dirigente de la opción de izquierda del PC y fundador de la Cuarta Internacional, escriben el Manifiesto por un arte revolucionario independiente en 1938 y logran colocarse y trazarse tareas para realizar un camino independiente y emancipatorio para el arte. Los artistas debían combatir inquebrantablemente cualquier subordinación estatal o partidaria en sus producciones, como lo pretendía el nazismo y el stalinismo, pero ser plenamente conscientes de que para lograr ese “sueño” era necesaria la independencia del arte por la revolución y la revolución por la total liberación del arte.

Bertolt Brecht nunca adhirió a este Manifiesto. Hasta su muerte mantuvo un teatro con su esposa en Berlín Oriental. Sus innovaciones teatrales siguen siendo fuente de debate entre catedráticos del arte y también fuente de inspiración para las nuevas generaciones que no piensan el arte como mera mercancía para ser vendido. Para todos ellos es fundamental conocer el legado de este dramaturgo, estudiarlo y evaluarlo a luz de los acontecimientos históricos.






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