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CUP: la “unidad estratégica" del soberanismo ¿suma o resta?

Mientras un amplio sector del independentismo y la juventud cuestiona el “processime”, la CUP lanza una propuesta de “unidad estratégica” a JxCat, ERC y Comunes. Por una alternativa a la “unidad soberanista” basada en una política de independencia de clase y un programa anticapitalista.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 7 de noviembre | 19:09

Foto: Esquerra Diari / Izquierda Diario

El cierre de campaña de la CUP en Barcelona ha concluido con una propuesta política que los y las militantes de la CRT, que llamamos a votarla críticamente el próximo 10N, no podemos compartir. La cabeza de lista al Congreso, Mireia Vehí, ha lanzado una “propuesta estratégica” a las fuerzas soberanistas - incluyendo a JxCat, ERC y los Comunes- para conformar un bloque en base a tres ejes: no pactar con el PSOE, internacionalizar el conflicto catalán y poner fin a la represión contra la población movilizada.

No la compartimos porque a nuestro entender apunta a recrear ilusiones en la recomposición de una “unidad soberanista” que lejos de sumar, resta. Algo que va en contra de llevar hasta el final las lecciones del 2017 que la misma CUP ha planteado como parte de su balance: no habrá victoria si la izquierda independentista no es capaz de establecer una hoja de ruta propia desde la clase trabajadora y los sectores populares.

Esto implica definir qué alianzas, y de qué tipo, son las que permiten avanzar, y cuáles nos devuelven a casillas ya superadas. No negamos que tanto con la dirección procesista, o con el reformismo cada vez más integrado y reconciliado con el régimen, es posible llegar a acuerdos tácticos puntuales. Por ejemplo, se les podría exigir y emplazar a que se opongan a toda investidura del PSOE, e incluso llegar a un acuerdo puntual en el Parlamento sobre esta cuestión. Si se lograse, incluso aunque fuera solo con una parte del processisme, podría ser un hecho a favor del movimiento, y si no, ayudaría a desenmascarar su impostura.

Pero el contenido de la propuesta va mucho más allá de ofrecer o emplazar a una unidad de acción sobre un punto como éste. Ésta define una “hoja de ruta” en la que el centro de gravedad para conseguir el derecho de autodeterminación no está en el desarrollo de la movilización independiente y la autoorganización. Una salida por abajo que permita realmente convertir el ejercicio de la autodeterminación en la punta de lanza de un proceso de transformación social profunda.

En vez de esto, se pone en el centro conseguir una mediación internacional que, en última instancia, facilitaría lograr una salida por arriba. Una propuesta repetida también en los debates electorales y varios mítines, que deja la puerta abierta a algún tipo de intervención tutelada o conformada por representantes de Estados u organismos supranacionales, como ha ocurrido en múltiples conflictos resueltos de esta manera, por arriba, por diferentes mediaciones imperialistas.

Este eje sería el que más fácilmente podrían asumir los partidos del processisme. Y es el que daría la condición de “estratégica” a la alianza que se propone, ya que supone acordar, nada menos que, la vía para conseguir la amnistía y el derecho a la autodeterminación.

La propuesta ha sido una respuesta a la realizada por Laura Borrás, cabeza de lista de JxCat, el miércoles pasado en el debate entre candidatos emitido en TV3. Borrás ofreció a ERC y la CUP conformar un grupo parlamentario único de todas las fuerzas independentistas catalanas. Una idea que tanto republicanos como cupaires han rechazado. La misma Vehí fundamentaba su negativa a llegar a este acuerdo por el hecho de que quienes gobiernan hoy la Generalitat ni siquiera han realizado una respuesta institucional a la sentencia y han sido los responsables de la represión de las protestas populares contra la misma.

La propuesta de la CUP no tiene visos de salir adelante. Difícilmente ERC y Comunes aceptarán un veto al PSOE, comprometidos como están a darle el gobierno al “mal menor” de Pedro Sánchez. Respecto a la represión, todas podrían asumirlo sobre el papel, pero, en el caso de los partidos procesistas solo para ocultar que son los responsables directos de la que hemos vivido estas semanas en Catalunya y que ha elevado la cifra de presos políticos a más de 40.

A estos ejes se le han añadido otros puntos sociales como poner fin a los desahucios, limitar el precio del alquiler o subir los salarios, imposibles de entrar en la agenda de quienes gobiernas la Generalitat desde hace años aplicando políticas neoliberales. O blindar los servicios públicos, cuando el processime quiere terminar de rematarlos con la Ley Aragonés o los Comunes siguen externalizándolos en el Ayuntamiento de Barcelona.

Sin embargo, lanzar una propuesta así, que vuelve a la vieja idea de que la “unidad soberanista” es un bien a recuperar, va en contra de profundizar uno de los elementos más cualitativos de lo que hemos vivido en Catalunya en las últimas semanas. El hecho de que la vieja dirección procesista -con sus “hojas de ruta” a ninguna parte y su política represiva contra las movilizaciones- está siendo cuestionadas por un amplio sector de la izquierda independentista y la juventud. Algo que facilitaría acompañar en profundizar las conclusiones políticas de este cuestionamiento, para proponerse construir una alternativa a la “unidad soberanista” basada en una política de firme independencia de clase y un programa anticapitalista.

Como venimos planteando desde la CRT, la actual situación deja a la CUP en una situación de responsabilidad para construir esta alternativa política desde la juventud, la clase trabajadora y los sectores populares, que permita desarrollar la autoorganización obrera y popular. Que se busque también confluir con la izquierda del Estado español que ya no se cree la cantinela del PSOE como “mal menor”, para forjar así una izquierda anticapitalista y de la clase trabajadora, que se prepare para enfrentar el próximo gobierno, conquistar la amnistía, el derecho a decidir y poder abrir procesos constituyentes donde decidirlo realmente todo. Una tarea para que las viejas alianzas con el processisme  y sus partidos, aunque ahora mismo no pasen de declaraciones que no tendrán mucho más recorrido que su enunciación, juega precisamente en contra.






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