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Carmena apuesta a gobernar con el PSOE… otro gobierno “progre” para que nada cambie

Arranca la campaña para las municipales. En Madrid, Carmena busca repetir la experiencia de gobierno consolidando su alianza con el PSOE. Los bancos, el IBEX y los especuladores inmobiliarios, tranquilos.

Viernes 10 de mayo | 17:53

Foto: Pedro Sánchez y Manuela Carmena en la inauguración de la plaza Pedro Zerolo.

Este lunes tuvo lugar el primer debate entre los principales candidatos a la alcaldía de Madrid organizado por El País y La SER. Un debate particular pues puede que sea el único que cuente con la presencia de la alcaldesa tras la incomprensible decisión de Telemadrid, avalada por la Junta Electoral, de no incluirla en el debate televisado.

Esta circunstancia alentó la beligerancia de los candidatos del PP, Cs y Vox ante la que podía ser la única oportunidad de tener un careo con Carmena. Sin embargo, la derecha no lo tenía fácil para atacar la gestión de la alcaldesa que ha continuado con los grandes pelotazos urbanísticos, no ha cuestionado en lo más mínimo a los grandes propietarios inmobiliarios, ha pagado religiosamente y más rápido que ninguna otra administración la ilegítima deuda pública, ha mantenido la persecución a manteros y lateros, ha sido particularmente hostil hacia los Centros Sociales Autogestionados y ha mantenido la titularidad privada de los servicios públicos centrales incumpliendo con la promesa de remunicipalización.

Esto produjo todo tipo de situaciones inverosímiles en el debate, durante el cual los candidatos de la derecha parecían querer contradecir “por izquierda” los elementos centrales de la política del ayuntamiento. “Es el Madrid de los ricos, solo para el que pueda comprarse un coche eléctrico”, dijo el dirigente de Vox, Javier Ortega Smith, en referencia a Madrid Central. El candidato de los populares, Martínez-Almeida, afeaba a la alcaldesa por pagar tan bien y pronto la deuda en detrimento de otras partidas sociales. Hasta Begoña Villacís, cabeza de lista de Ciudadanos y propietaria de un millonario patrimonio inmobiliario, definió la política urbanística de Ahora Madrid como una de “diez mil euros el metro cuadrado”.

Por el otro lado, Pepu Hernández del PSOE, bastante desdibujado durante el debate, apoyó más que criticó a la alcaldesa. Asume su papel de socio menor en un acuerdo con Carmena tras las elecciones, aunque no se desmarcó de un posible acuerdo con Ciudadanos, algo que probablemente sea parte del argumentario general de los socialistas en relación con la política de pactos en el Congreso de los Diputados antes que una posibilidad real en el ayuntamiento de Madrid.

Por su parte, Manuela Carmena defendió sus cuatro años al frente del ayuntamiento, pintando una ciudad progresista, limpia, buena para los negocios, “Madrid está muy bonita” dijo. Una imagen idílica muy alejada de la realidad de la juventud precaria que no puede pagar el alquiler, de las doce mil familias desahuciadas en estos últimos cuatro años, de los trabajadores y trabajadoras explotados por los propietarios de los servicios públicos privatizados o de la población migrante que sufre la persecución y el acoso de la policía municipal que llevó a la muerte al mantero Mame Mbaye.

El candidato de Madrid en Pie, Carlos Sánchez Mato, se centró en propuestas como la intervención en el mercado inmobiliario mediante la construcción de vivienda pública, una política urbanística centrada en la dotación de servicios públicos, evitar los desahucios cuando no haya alternativa habitacional e incluso apuntó a la remunicipalización del servicio de limpieza. Sin embargo, el portavoz de los sectores críticos de Ahora Madrid mantuvo una actitud diplomática con la alcaldesa y, en lo esencial, reivindicó los últimos cuatro años de gestión municipal, especialmente su papel al frente de la consejería de economía hasta su destitución.

Lo que no estuvo presente en el debate fue una posición anticapitalista y de clase como alternativa al neoliberalismo -ya sea “progresista”, de derecha o de extrema derecha- y al municipalismo reformista. Una alternativa que se alinee abiertamente con la clase trabajadora y el pueblo madrileño frente a los grandes intereses capitalistas urbanísticos, planteando el no pago de la deuda pública, la prohibición de los desahucios, la expropiación sin pago de las viviendas en manos de los especuladores, la remunicipalización de los servicios públicos bajo control de trabajadores y usuarios, frenar los pelotazos inmobiliarios en marcha y poner en manos de los vecinos de Madrid el conjunto del proyecto urbano, y que cuestione el sistema social y político no solo en la capital, sino en el conjunto del Estado y del planeta.

Cuando se puso concretamente en debate la política de pactos de gobierno -que permite ver blanco sobre negro la política de cada partido-, el PSOE y Carmena confirmaron la opción de un gobierno “progresista” para frenar a la derecha. La candidatura de Madrid en Pie, por su parte, pese a sostener medidas sociales a la izquierda de la alcaldesa y criticar algunos de los aspectos más derechistas de su gestión, promete que también hará todo lo necesario para evitar “un gobierno de la derecha”. Es decir, que apoyaré a Carmena y al PSOE para que éstos formen un gobierno “progresista” (sin descartar incluso ser parte de este). Parece que todos los caminos conducen a poner a Manuela Carmena como jefa de gobierno en Madrid… Es la misma lógica del “mal menor” que sostiene Unidas Podemos a nivel estatal apostando a un gobierno con el PSOE, o en la Comunidad de Madrid, donde las fuerzas que integran Madrid en Pie van junto con Unidas Podemos y apoyarán también un gobierno del PSOE.

Pero un programa para resolver la cuestión de la vivienda, para terminar con los desahucios y remunicipalizar bajo control de trabajadores y usuarios los servicios públicos, no puede venir de la mano de gobiernos “progres” con el PSOE. El que diga lo contrario solo está presentando un engaño. Un programa de este tipo solo podrá ser impuesto por la lucha. La lucha de aquellos sectores que han logrado paralizar desahucios, de los manteros y sectores migrantes que enfrentan la persecución policial, la de los activistas del orgullo crítico que piden una celebración LGTBI sin la interferencia de los capitalistas, la de las personas que mantienen abiertos para los vecinos Centros Sociales Autogestionados, la de los estudiantes que organizan referendos sobre la monarquía o la de los trabajadores que protagonizan manifestaciones y huelgas. En definitiva, hace falta una alternativa anticapitalista dispuesta a saltarse el orden, la institucionalidad y la legalidad capitalistas frente a aquellos que han hecho bandera del “no se puede” para hacer de los “ayuntamientos del cambio” ciudades en las que todo permanece igual que siempre.






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