Cultura

MUJERES Y ARTE

Cinco obras de arte feministas

Algunas autoras han venido revisando en las últimas décadas el papel jugado por las mujeres en la cultura y las artes. Esta revisión vino impulsada por las luchas que en el plano social se estaban dando más desde la década de los sesenta. En este artículo presentamos cinco obras que cuestionaban el papel de las mujeres en el arte y la sociedad.

Clara Mallo

Madrid | @ClaraMallo

Sábado 7 de marzo de 2015 | Edición del día

Esta situación influenció en el plano artístico en el que muchas artistas se sumaron desde sus prácticas y disciplinas creadoras a las reivindicaciones que cuestionaban la situación de opresión que desde los orígenes de la historia vienen soportando las mujeres y que ha continuado en el marco capitalista.

Será desde los años ’60 cuando las mujeres artistas, al calor del desarrollo de los distintos feminismos y distintas luchas sociales, comenzaran a jugar un papel protagonista en las distintas experiencias que se estaban desarrollando en aquellos años, como los happenings y el movimiento Fluxus.

Muchas de estas artistas ayudaron a desarrollar una práctica artística que cuestionaba el sistema opresivo y patriarcal dentro del capitalismo. En este sentido, repasamos aquí algunas de las obras de arte que más impactaron y ayudaron a avanzar el movimiento de mujeres en el campo de las prácticas culturales.

Vagina Painting

Una de las primeras reivindicaciones por parte de las mujeres artistas pasaba, precisamente, por reivindicar su condición de mujer. Como si de una reafirmación se tratara, para dejar constancia de lo que era ser mujer y ser artista, frente al genio artista masculino.

Así, podemos advertir durante la década de los ´60 una tendencia creciente entre las mujeres artistas hacia obras que se centran en el cuerpo femenino. Un cuerpo, en muchas ocasiones desnudo, para reivindicar la sexualidad femenina eliminando toda la connotación de deseo que durante siglos había acompañado al desnudo femenino en el arte. Y por consiguiente, una crítica a ese papel que durante toda la historia había acompañado a la mujer como objeto de deseo en el arte.

La reafirmación de ser mujer y artista es lo que pretende Shigeko Kubota en la action painting titulada Vagina Painting que realizará en el Perpetual Fluxfest de Nueva York en 1965, en la que Shigeko se vale únicamente de su órgano sexual para sujetar una brocha con la que realiza una pintura, imitando la técnica del dripping (goteo) que los expresionistas abstractos norteamericanos pusieron en lo más alto de las prácticas artísticas.

Philip Golub Reclinado

Tras la primera reafirmación de la mujer como artista, llegó la crítica al concepto de genio que había sustentado la Historia del Arte hasta hace poco. El genio, estereotipo de artista con ciertas cualidades, que por supuesto es un hombre y blanco. Esta crítica se produjo en ocasiones acompañada de la ironía y juego de cambio de roles, como podemos observar en la obra de Sylvia Sleigh, Philip Golub Reclining de 1971 en la que cambia los papeles tradicionales de artista y modelo. Y vemos cómo una artista pinta a un joven tumbado como si de una odalisca se tratase.

Some Living American Women

Del mismo modo que las tendencias radicalizadas del feminismo que surgen en la segunda ola, ya no se limitan a buscar una equiparación con el hombre dentro de los marcos sociales en los que se encuentran, sino que van más allá, buscando cuestionar muchas barreras sociales.

Obras de mujeres en este sentido hay muchas, pero sin duda la más difundida es Some Living American Women de Mary Beth Edelson en 1972, que busca reivindicar a las mujeres artistas de su época, incorporándolas como si de los apóstoles se tratara. Pero que al mismo tiempo va más allá, cuestionando la sociedad marcada por la religión que ha sido la mejor portadora y conservadora de las ideas patriarcales.

Dinner Party

Asimilando la consigna Black is Beautiful de los movimientos antirracistas norteamericanos las feministas de la diferencia propugnaron una nueva interpretación de la feminidad. Este feminismo plantea una idealizada feminidad ligada al hecho de tener sexo femenino. Destacando las características propias de este sexo como la maternidad y por consiguiente supuestas cualidades positivas asociadas como la no violencia, resaltando la relación de la mujer con la naturaleza por oposición al mundo de la cultura masculina y llegando a sostener la necesidad de un mundo de mujeres no contaminado con lo masculino.

Las feministas de la diferencia sostienen que la liberación de las mujeres depende de la creación y el desarrollo de una contracultura femenina. Esta contracultura exaltará los valores femeninos y en oposición denigrará los masculinos.

Dentro de esta tendencia encontramos a artistas como Judy Chicago y su Dinner Party, en la que una mesa de composición triangular soportaba treinta y nueve platos, cada uno de ellos homenajeando a una mujer mitológica o histórica reconocida por un bordado con su nombre. Destacando además que esas imágenes mitológicas femeninas han sido a lo largo de la Historia utilizadas como alegorías de valores femeninos. Además, los platos reafirmaban la “condición femenina” ya que ellos contenían formas abstractas que aludían al órgano sexual femenino.

Mirror, mirror

Hacia finales de los años setenta comenzó una transformación, un tránsito de la afirmación de la diferencia a la multiplicación de las diferencias. Una crítica a lo que había sido dominante en el feminismo hasta el momento, es decir, las mujeres blancas y heterosexuales. Aparecieron así múltiples identidades, de raza, de género, generacionales, sexuales etc. La artista de origen africano Carrie Mae Weems trabaja en torno a temas relacionados con los estereotipos de raza y género, como en su obra Mirror, mirror, de 1987 en el que trata además el tema de la belleza jugando con los estereotipos de mujer blanca y mujer negra.




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