EDUCACION PÚBLICA

Comienzo de curso con huelgas: preparemos un plan de lucha entre trabajadores, familias y estudiantes

Ante la incertidumbre y la precariedad con la que comienza el curso académico, la comunidad educativa comienza a movilizarse con distintas convocatorias de huelga. Planteamos algunos apuntes para pensar el desarrollo de una lucha no sólo por medidas urgentes en la enseñanza ante la pandemia, sino para cuestionar cuarenta años de políticas neoliberales.

Jorge Calderón

Historiador y Profesor de Secundaria, Zaragoza

Jaime Castán

@JaimeCastanCRT

Viernes 11 de septiembre | 11:03

El comienzo del curso educativo 2020-2021 está siendo uno de los grandes frentes abiertos por la crisis social que ha generado el Covid-19. Las condiciones en las que se está volviendo a las clases es del todo precaria e inaceptable, como está denunciando la comunidad educativa. Las movilizaciones y convocatorias de huelga de personal docente y no docente han comenzado ya esta semana en los centros de enseñanza de primaria y secundaria. En Galicia convocadas por los sindicatos CIG, CC.OO., CSIF y STEG los días 10 y 16 de septiembre.

La próxima semana en Euskadi los sindicatos ELA, LAB, STEILAS, CC.OO. y UGT han convocado una jornada de huelga el día 15 de septiembre. CGT tiene convocatorias de huelga en Andalucía y Aragón para el viernes 18. En la Comunidad de Madrid, CCOO, UGT, CGT y STEM han convocado huelga para los días 22 y 23, aunque CNT-AIT ya convoca en la región desde este jueves día 10 hasta el 30 de septiembre.
El Sindicato de Estudiantes (SE) ha convocado también huelga estudiantil no universitaria los próximos días 16, 17 y 18.
Así los estudiantes de instituto se sumarán a las movilizaciones, aunque la convocatoria lanzada por el SE es, nuevamente, burocrática y unilateral, sin contar con el resto de las organizaciones estudiantiles ni con la perspectiva de desarrollar un movimiento amplio y profundo.

La falta de recursos e infraestructuras, así como de personal docente y no docente, son las grandes denuncias que atraviesan todas las convocatorias. La presencialidad en condiciones higiénico-sanitarias y laborales apropiadas, respetando las ratios de alumnado y las distancias de seguridad, no puede garantizarse en las actuales condiciones de precariedad y falta de inversión.

Algunos apuntes para fortalecer las movilizaciones

Estas convocatorias de huelga con las que comienza el curso pueden ser un punto de arranque de un nuevo ciclo de movilizaciones en la enseñanza. Por ello es fundamental que todas las organizaciones políticas, sociales y sindicales las apoyemos. De momento las universidades se han quedado fuera, aunque tras la desastrosa gestión durante todo este tiempo por parte de los rectorados, las comunidades autónomas y el ministerio de Manuel Castells, ya se dieron protestas estudiantiles en muchas de ellas al final del curso pasado. El objetivo tiene que ser avanzar hacia un plan de lucha general del conjunto de la comunidad educativa, incluida la Universidad, siendo responsabilidad además de los sindicatos.

La “nueva normalidad” no está guiada por las exigencias sanitarias y sociales, sino por tratar de adaptar éstas a las exigencias del capitalismo. Toda la gestión de la pandemia sigue este desastroso patrón. De esta manera, no se puede depender de que el “Gobierno más progresista de la historia” o los distintos gobiernos autonómicos tomen unas medidas para las que no tienen ninguna voluntad política. No esperamos promesas, ni negociamos la salud ni las condiciones de trabajo y enseñanza dignas. Toda conquista llegará por nuestra lucha contra el Gobierno y los capitalistas, y sólo por nuestra lucha.

Esto supone cuestionar la lógica de las burocracias sindicales de CCOO y UGT, que vienen colaborando en su pasividad con años y años de ajustes, recortes y privatizaciones por parte de unos gobiernos de distintos colores que vienen aplicando la agenda neoliberal. Si apostamos por desarrollar la movilización y la más amplia autoorganización, lograremos para romper y superar esta lógica sindical de tan corto recorrido que tienen estas burocracias.

En este punto, la responsabilidad política que tiene la izquierda sindical, con sindicatos como CGT, es fundamental, para posicionarse como una alternativa a la adaptación de los grandes aparatos sindicales. Pero para ello hay que llevar adelante una política audaz que empalme con el descontento social y lleve a un cuestionamiento no sólo de las medidas insuficientes que se están tomando en el contexto de pandemia, sino que rompa con las políticas neoliberales y capitalistas en toda su extensión. Un programa que cuestione las ganancias capitalistas y que tiene que ser independiente de los gobiernos de turno.

No podemos perder de vista que la crisis social a la que nos enfrentamos es de largo recorrido y de hondo calado, está en juego si la vamos a pagar la clase obrera y los sectores populares, o los capitalistas. Desde el Gobierno y el Banco Central Europeo hacen su política, ya se otean en el horizonte las nuevas políticas de ajuste y recortes a las pensiones o al funcionariado, al tiempo que la precariedad y el desempleo se extiende como un virus del propio capitalismo. Y no olvidemos que los recortes y ajustes lo siguen siendo, aunque los aplique el “Gobierno más progresista de la historia”.

El profesorado ocupa un lugar clave en la sociedad, al encargarse de la educación, aunque sea bajo los parámetros y reglamentaciones del capitalismo neoliberal. Por su relación con alumnos y padres, está estrechamente ligado con la situación de precariedad y miseria que se extiende entre las familias obreras y en los barrios. Asociaciones de padres y madres se están sumando a las convocatorias de los sindicatos de profesores, pero es del todo insuficiente si queremos desarrollar las movilizaciones. La lucha de las profesoras y profesores puede marcar una gran diferencia política no sólo en sus puestos de trabajo, sino también desde las escuelas y en los barrios en toda su extensión.

Pensemos cómo revolucionar los métodos de organización y romper con las divisiones que imponen las burocracias sindicales, unificando la lucha de las trabajadoras y trabajadores de la educación junto al resto de las familias trabajadoras para dar respuesta a los problemas y ataques sociales.

En este escenario, es necesario impulsar asambleas de profesores, personal no docente, estudiantes, padres y madres precarias y desempleadas, para pensar y llevar adelante toda una serie de reivindicaciones educativas, pero también y especialmente sociales, avanzando mucho más allá de las medidas educativas y sanitarias más inmediatas.

Dar la pelea por desarrollar redes contra la precariedad y formas creativas de autoorganización ante la insostenible situación de las aulas, pero también para evitar el desahucio de una familia, enfrentar el racismo institucional o solidarizarse con la lucha de las limpiadoras del hospital. Una política así podría ser clave no solo para dar una respuesta ante la crisis actual, sino para enfrentar desde las escuelas y los barrios el auge de la extrema derecha y combatir, en definitiva, cuarenta años de capitalismo neoliberal.






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