Política Estado Español

OPINIÓN

¿Cómo es que nadie habla de la huelga general en Catalunya?

El jueves pasado en Catalunya se cumplía un año de uno de los hechos que fueron parte de las jornadas que antecedieron al primero de Octubre, conocidos como el 20S.

Federico Grom

Barcelona

Miércoles 26 de septiembre de 2018 | 18:48

La Conselleria de Economía, así como la sede de la CUP, fueron ocupadas por el aparato policial del Estado español, como una de las medidas para evitar el referéndum del 1 de Octubre. Esta medida despertó una importante movilización en respuesta tanto en la sede de la izquierda independentista como en la misma Conselleria.

Esta semana pasada se conmemoraba en la misma sede de la CUP el primer aniversario, de estos hechos, por los cuales los Jordis aún están en prisión. Mirando en retrospectiva, hoy se puede hacer un balance de lo ocurrido. No sólo para ver las potencialidades del movimiento sino también para sacar lecciones de los errores y las carencias, y transformarlos en una política que los supere.

¿Cómo alcanzar la autodeterminación o hacer efectiva la voluntad popular del 1-O?

¿Es posible conquistar el derecho de autodeterminación nacional en una sociedad de clases como la actual, en donde la clase explotada no se autodetermine de sus explotadores, es decir sin que mantenga una política de independencia de clase?

No, y el ejemplo de Catalunya lo demuestra (una vez más). La pequeña burguesía y algunos sectores patronales al frente del movimiento temen más a las fuerzas sociales que deben despertar para llevar adelante la tarea de la emancipación nacional, que a las reprimendas del Estado central y su aparato.

Para la izquierda independentista, de la que la CUP es parte, en un manifiesto publicado de cara a la última diada se sostiene que “El Once de Septiembre debe ser el toque de inicio de una ofensiva popular para recuperar derechos que nos están arrebatando. Esta ofensiva no puede pasar por el Parlamento, sino que pasa por la gente, pasa por la clase trabajadora, y pasa en las calles de nuestros pueblos y ciudades.”¿Pero en concreto, eso qué significa?

Nada más que ‘municipalismo’

Si esta ofensiva popular, que “no puede pasar por el Parlament”, no se propone retomar el ejemplo del 3 de octubre e ir hacia una nueva huelga general como uno de los métodos de lucha de la clase trabajadora, lo que se hace detrás de todos los discursos de “independencia y socialismo” es rehuir al combate y adaptarse a la política de vuelta a la “normalidad” de la dirección procesista. Lamentablemente esta perspectiva está ausente en su propaganda y declaraciones.

En el mismo manifiesto publicado el 10 de septiembre, la izquierda independentista hace una caracterización que bien podía haberse aplicado durante todo el procesismo ya sea con Artur Mas o Puigdemont a la cabeza. “Por un lado, el Parlament es una institución vacía de contenido, sometida a los artículos 155 y 135 de la Constitución española. Por el otro, ni la mesa del Parlamento, ni el Govern de la Generalitat, están dispuestos a plantar cara ni a ser verdaderamente útiles no solo para ejercer el derecho de autodeterminación, sino de recuperar derechos sociales para las clases populares de este país.”

Ahora bien, si después de años de “mano extendida” y “unidad nacional”, en el Parlament no está la clave para conseguir el derecho de autodeterminación ¿la solución es apostar por el municipalismo? ¿No es el municipalismo una esfera inferior dentro del mismo entramado institucional sometido a las leyes del Estado español?

En esencia es lo mismo, con el adicional de contar con las limitaciones propias de ser una esfera de menor escala y competencias. Sino solo hace falta recordar la continua cantinela de los autodenominados “Ayuntamientos del cambio” frente a la cantidad de promesas incumplidas: “no tenemos posibilidad de hacer eso”, “no es competencia nuestra”… y un largo etc. de excusas para tapar sus promesas.

El municipalismo, como cualquier otra estrategia institucional, sigue sin poner en el eje a la fuerza motora capaz de producir los cambios necesarios por fuera de las reglas del Régimen, es decir, la clase trabajadora y sus métodos de lucha, junto a las mujeres, los jóvenes y los inmigrantes.

¿Y la izquierda sindical?

Los gravísimos hechos del 1 de octubre llevaron a que la izquierda sindical catalana convocara una exitosa huelga general en repudio a la brutal represión para evitar que se llevara a cabo el referéndum. Los sindicatos que la convocaron fueron la CGT, COS, IAC e Intersindical-CSC en respuesta a la escalada represiva. Lamentablemente y como era de esperar, las direcciones sindicales de CCOO y UGT no se sumaron a la acción y de la mano de la patronal intentaron convertirla en un “paro cívico”.

Este fue uno de los puntos más álgidos en la respuesta a la represión. Pero en vez de ser un punto de partida de una nueva resistencia frente a la escandalosa capitulación de la dirección procesista se convirtió en el final de un recorrido. Sin tener continuidad en adelante.

Hoy en la izquierda sindical, la perspectiva de una huelga general por la libertad de los presos políticos y para enfrentar la ofensiva represiva y judicial del Estado central está ausente de su horizonte.

Huelga general por la libertad de los presos y que se aplique el mandato del 1-O

No alcanza con conmemoraciones de estas fechas. La izquierda sindical y política debe tomar la tarea de preparar una verdadera huelga general por la libertad de los presos políticos y por la aplicación del mandato popular del 1 de Octubre.

Así como soldar la unidad de la clase trabajadora y los pueblos en todo el Estado para acabar con el régimen heredero del franquismo y la monarquía. Un verdadero enemigo común. ¡Que los pueblos decidan! por verdaderas asambleas constituyentes que rompan los candados de este régimen y que lo decidan todo.






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