Política Venezuela

CONTRA LA ESCALADA GOLPISTA DE LA DERECHA

Con Trump y el imperialismo no hay salida para los trabajadores y el pueblo venezolano

La juramentación de Guaidó como presidente encargado de Venezuela, y el rápido reconocimiento de Trump y la derecha regional son un salto en la escalada golpista, en medio de la crisis que vive el país.

Jueves 24 de enero | 08:55

En pocas horas Trump y toda la derecha latinoamericana se apuraron a respaldar la escalada golpista en Venezuela reconociendo a Juan Guaidó como presidente encargado del país.

En medio de las marchas del gobierno y de la oposición de derecha que estaban convocadas en Caracas este 23 de enero Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional en manos de la oposición, se juramentó como presidente encargado de Venezuela, dando un salto en la escalada golpista en el país.

En su discurso Guaidó se dirigió a las Fuerzas Armadas reforzando su llamado a que tomen cartas en la situación, a la vez que les recordó que está la Ley de Amnistía para “los que decidan ponerse del lado de la Constitución”, y que a partir de la primera semana de febrero se imprimirá por miles dicha Ley de Amnistía para ser repartida en los cuarteles.

Acto seguido declaraba "Hoy 23 de enero de 2019, en mi condición de presidente de la Asamblea Nacional, invocando los artículos de la Constitución (...) ante Dios todopoderoso, Venezuela (...) juro asumir formalmente las competencias del Ejecutivo Nacional como presidente encargado de Venezuela".

Momentos antes de las declaraciones de Guaidó, el presidente de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (fiel al gobierno de Maduro) exhortaba a la Fiscalía a "tomar medidas" de "manera inmediata" ante la "conducta delictiva" de la directiva del Parlamento. Textualmente declaraban que “Esta sala exhorta al Ministerio Público a determinar las responsabilidades que pudieran tener los integrantes de la Asamblea Nacional ante la objetiva materialización de conductas constitutivas de tipo delictivo”.

A los pocos minutos de que Guaidó se juramentase como presidente encargado, tal como en un libreto previamente escrito, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciaba que reconoce al titular de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento) como “presidente legítimo”, avanzando en los niveles de la injerencia abierta. Para la oposición de derecha, que enarbola el discurso de la soberanía popular, pareciera que esta queda en las oficinas del gobierno de los EE.UU., pues es más que claro que es en quien están depositando del definir quién es o no el Presidente legítimo de Venezuela.

Y en un claro reconocimiento también, el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, declaraba que el "reloj sobre la salida de Venezuela” del organismo se paró "ya". "El reloj ya se paró, desde ya", remataba, en la misma línea de Washington y en alusión al “nuevo presidente encargado” como se ha declarado Guaidó. Y es que, en su discurso, Juan Guaidó “designaba” a Gustavo Tarre Briceño como embajador "especial del país” ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

En la misma línea expresaron su reconocimiento Mauricio Macri de Argentina y Jair Bolsonaro de Brasil, quienes ya habían anticipado que, si el presidente de la Asamblea Nacional se declarara como presidente interino, lo reconocerían. De igual manera lo ha hecho Canadá, Costa Rica, Ecuador, Perú, Chile, Guatemala, Paraguay y ha de esperarse reacciones similares de los demás países del grupo de Lima y de todo el derechismo continental.

Es más que claro que lo que se pone de manifiesto es el carácter golpista gobierno de Guaidó y toda la derecha que lo respalda alentado de manera alevosa por el imperialismo, y que es parte de la escalada de la injerencia norteamericana y de la derecha regional que usan la demagogia de la democracia para su cruzada en el subcontinente. Desde ya, y lo decimos claramente, nos oponemos a este supuesto gobierno de Guaidó.

Una hora después, Maduro se dirigía en la manifestación convocada por el chavismo donde anunció su decisión de romper relaciones diplomáticas y políticas con el Gobierno de Estados Unidos, al que acusa de "intervencionismo" en el país y dio 72 horas para que abandone la embajada. "He decidido romper relaciones diplomáticas y políticas con el gobierno imperialista de los Estados Unidos", dijo Maduro. Al mismo tiempo declaraba que "Le toca a los órganos de justicia actuar apegados a la ley y a los códigos de Venezuela, ya ese es un tema de la justicia para preservar el Estado, el orden democrático y la ley venezolana", cónsono con lo que había declarado antes el Tribunal Supremo de Justicia.

De igual manera el ministro de Defensa de Venezuela, el General Mayor Vladimir Padrino López, sostuvo que los militares no aceptarán "a un presidente impuesto a la sombra de oscuros intereses ni autoproclamado al margen de la ley". Siendo por tanto el Estado Mayor que se ha pronunciado respaldando a Maduro sin que exista hasta el momento algún otro sector militar en activo que se haya manifestado a favor de Guaidó.

Poco tiempo después, y considerándose presidente de facto de Venezuela, Guaidó emitía un comunicado a todas las Embajadas presentes en Venezuela, en el que dice “comunico a todos los jefes de misión diplomáticas y su personal acreditados en Venezuela que el Estado de Venezuela desea firmemente que mantengan su presencia diplomática en nuestro país” agregando que “insto a desconocer cualquier orden o disposición que contradiga el poder legítimo de Venezuela”.

Pero también decimos claramente, que fue el fracaso y el colapso del chavismo que terminó llevando la situación a una gran catástrofe económica sin precedentes, de calamidades para el pueblo trabajador, avanzando hacia un bonapartismo reaccionario y represivo, lo que ha servido en bandeja la situación para que esta cruzada tome más cuerpo.

Además, uno de los “logros” más criminales del chavismo en decadencia ha sido la desmoralización y decepción de amplios sectores populares, lo que se refleja en el bastardeo del significado de términos como “socialismo”, “revolución”, “nacionalización”, “poder popular”, “control obrero”, etc. generando así confusión ideológica y facilitando las cosas a la demagogia de la derecha.

Es que, por la total responsabilidad del chavismo y su fracasado proyecto, se ha terminado facilitando toda esa ofensiva reaccionaria que se ha desatado desde todo el derechismo continental y del imperialismo de la mano de la derecha criolla, llegando a niveles descarados de intervencionismos alentando al golpismo como salida política a la crisis del país, es decir, resucitar una vez más la bota militar como manera de poner “orden” en la crisis nacional.

Es más que claro que sin darle ningún apoyo a Maduro llamamos a enfrentar a toda esta embestida golpista de la derecha y del imperialismo. Pero tenemos que tener claro que, en esta compleja situación, un motor de la movilización independiente de las masas trabajadores ha de ser la convergencia entre la lucha por las legítimas aspiraciones democráticas y sus demandas vitales, de las que el chavismo en el poder se burla, mientras la derecha avanza en su golpismo pretendiendo manipular con demagogia democrática al servicio de su propio proyecto elitista reaccionario y proimperialista.

De esta manera decimos que ante esta situación donde la derecha alentada por el imperialismo decidió avanzar en su golpismo, y frente a un bonapartismo decadente, reaccionario y represivo como el de Maduro, que cogobierna con las Fuerzas Armadas y que se emparenta con un régimen cuasidictadorial, siendo responsable de la catástrofe que está hundiendo al pueblo trabajador, consideramos que la única salida democrática en la crisis imperante para decidir sobre todos los problemas vitales es luchar por una Asamblea Nacional Constituyente, verdaderamente Libre y Soberana (ACLyS), que no tiene nada que ver con la fantochada de Maduro, impuesta con la movilización combativa, así como imponer un Programa obrero de emergencia antes las calamidades que sufre el pueblo.

La oposición de derecha, en su plan golpista, habla de la defensa de la Constitución al mismo tiempo que viola todas sus disposiciones tal como lo hace con su golpismo. Lo mismo hace el gobierno de Maduro con su bonapartismo reaccionario que apela también a la misma Constitución para ignorarla. Esas burlas a la propia Constitución que ellos mismos dicen defender no es más que una clara expresión que el régimen de la Constitución de 1999 está partido, con un enfrentamiento de poderes –el Ejecutivo presidencial apoyado en el control de los demás organismos del Estado y las FANB, y el que reclama para sí la Asamblea Nacional presidida por Guaidó, autoproclamándose como presidente interino, con respaldo del imperialismo y de toda la derecha continental.

Ya vimos cómo la fantochada de la Asamblea Constituyente de Maduro, formada de manera fraudulenta, es un instrumento de las camarillas bonapartistas, montada con el exclusivo objetivo de neutralizar la Asamblea Nacional en manos de la oposición (ahora autoerigida en poder ejecutivo en su plan golpista).

Para romper con ese bonapartismo reaccionario de Maduro, y la salida que busca la oposición proimperialista, utilizando la Asamblea Nacional, cuyo contenido central es otro bonapartismo, al servicio del gran capital y las transnacionales, como expresan sus llamados golpistas a las FANB, no hay otra salida que ir hasta el fondo de los problemas. Por eso es que consideramos que frente a estos escenarios trágicos es necesario levantar una salida política independiente, que ayude a las masas a romper con todas las trampas que se le montan a su alrededor y cuestione al régimen de conjunto y todas sus variantes bonapartistas, golpistas y reaccionarias.

Pero también decimos que un planteo político de una Asamblea Constituyente Libre y Soberana debe estar orgánicamente ligado a un programa obrero de emergencia ante la catástrofe que está asfixiando al pueblo trabajador y a las masas populares. Separar las demandas vitales de las masas del problema político, en una crisis brutal como la que se vive, es ayudar a desarmarlas y condenarlas a la impotencia, cuando la única salida progresiva y objetivamente realista, no es otra que la clase obrera tome en sus propias manos el poder político para imponer las medidas transicionales de “salvación nacional” sin las cuales la catástrofe en curso hundirá en el abismo al pueblo trabajador.

Por ello, contra los golpistas de la derecha que por la vía de fuerza hablan de “restaurar la república”, y el bonapartismo desnudo de Maduro, apañado por la ANC y la suma de los poderes del Estado junto a los militares, y contra cualquier posible mayor intervención militar como “árbitro” supremo es esta brutal crisis, es que proponemos el derecho del pueblo trabajador a imponer una Asamblea Constituyente verdaderamente libre y soberana, sin ninguna restricción antidemocrática.

En una ACLyS de este tipo todos los representantes tienen que ser responsables ante sus electores, revocables por estos, con salarios de un obrero calificado, en la que se disuelva el poder presidencial –ese órgano bonapartista por excelencia con sus poderes excepcionales, la disolución de esa casta de jueces del Tribunal de Justicia eligiendo jueces por el voto popular, que decida sobre el papel de las fuerzas armadas, sobre el no pago de la deuda externa; la repatriación de los capitales fugados por funcionarios y empresarios, aplicando medidas de excepción para obligar a estos delincuentes de “guante blanco” que estafaron al país; imponer el monopolio estatal del comercio exterior, la anulación de los actos de entrega de los recursos naturales, como el Arco del Orinoco y el petróleo, etc., y otras medidas imprescindibles para preservar las fuerzas del pueblo trabajador y aliviar sus gravísimas penurias.

La lucha por una ACLyS, como clave de un programa democrático radical dirigido contra los pilares bonapartistas del régimen y del Estado, y por tanto a la vez contra el republicanismo liberal de la derecha, pero que en verdad no encuentra otras salidas que el golpismo, estrechamente ligado al programa de emergencia ante la catástrofe, puede convertirse en un poderoso factor de unificación y movilización de las masas.

Al mismo tiempo alentar el surgimiento y desarrollo de formas superiores de frente único de los trabajadores y los sectores populares, en el camino de constituir consejos obreros y populares, y acercar a las masas a la convicción de que es preciso, urgente e impostergable la toma del poder político en sus propias manos para instaurar un Gobierno obrero y popular, basado en los organismos de lucha que las propias masas se den.

Este es el único que podría garantizar la aplicación de las medidas de emergencia señaladas y la resolución íntegra y efectiva de las tareas democráticas y anticapitalistas sin las cuales no hay salida a la crisis insondable en que se debate el país.






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