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Con el nuevo ministro del Interior Marlaska habrá mordaza e impunidad para rato

El TEDH condenó seis procesos que instruyó por no investigar torturas y la AN reconoció confesiones obtenidas por tortura en otra causa. Grande-Marlaska también reactivó la persecusión a Batasuna, sentó en el banquillo a El Jueves y exigió penas contra activistas del 15M y twiteros.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Jueves 7 de junio | 17:44

Foto: EFE

Las grandes señas de identidad del defenestrado gobierno Rajoy seguirán presentes en el gabinete de Pedro Sánchez. Su composición es un claro ejemplo de ello. Pero, si hay un nuevo ministro que representa la continuidad en una de las grandes políticas del PP ese el el nuevo ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

El nombramiento del Jefe de la Sala Penal de la Audiencia Nacional es un mensaje claro: el recorte de derechos y libertades democráticas que se viene sufriendo en los últimos años ha llegado para quedarse. Solo hay que hacer un breve repaso del currículum de este juez, que desde 2013 era parte del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP.

Su hoja de servicios cuenta con el encarcelamiento de presos políticos, la persecución de organizaciones políticas, la vista gorda ante las torturas policiales y la apertura de juicios y emisión de votos particulares contra la libertad de expresión. Hagamos un repaso de la “hoja de servicios” del nuevo ministro.

Tal y como denuncia Amnistía Internacional, el Estado español es un buen país para torturadores, entre otras razones, gracias a la negativa de muchos jueces a investigar estas prácticas cuando son denunciadas. Sin embargo, para ser justos hay que decir que no todos los jueces son iguales. Hay algunos, como Marlaska, que son de récord. De las 9 sentencias emitidas por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en que se condena al Estado español por no investigar denuncias de torturas, 6 de los casos contaron con él como juez instructor.

Uno de estos, solo uno, es el de Beatriz Etxebarria, quien denunció los cinco días de infierno que sufrió en 2011 tras su detención por parte de la Guardia Civil. En aquellos días denunció haber sido golpeada, amenazada y violada. Sin embargo, el juez, hoy ministro de un gobierno que se quiere presentar como “feminista”, decidió que no se investigara. Estrasburgo finalmente condenó al Estado español a indemnizarla con 29.000 euros y el Tribunal Supremo tuvo que anular la condena impuesta a la acusada.

Pero no hay que ir a la “sediciosa” jurisprudencia del TEDH para encontrar sentencias en las que se reconozca la particular actitud de su señoría ministro respecto a la tortura. Una sentencia de la misma Audiencia Nacional terminó absolviendo a los 40 jóvenes acusados de pertenecer a SEGI al tener que anular unas confesiones obtenidas bajo torturas que el juez instructor, Marlaska, no tomó medidas para evitar.

En la represión contra la izquierda abertzale y sus organizaciones Marlaska también se destacó. Cuando sustituyó a Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional en 2005, reactivó la causa contra Batasuna que había sido ilegalizada por la antidemocrática Ley de Partidos de 2002. Fue pieza clave en la doctrina del “todo es ETA”, que equiparaba al grupo amado con las diversas marcas políticas de la izquierda abertzale, pasando por organizaciones juveniles como SEGI o las asociaciones de familiares de presos. Entre sus “méritos”, esgrimidos hoy por toda la caverna mediática, está el de haber contribuido a que Arnaldo Otegi pasara casi 7 años encarcelado por intentar reconstruir una fuerza política de la izquierda independentista vasca.

También fue parte activa de la cruzada contra la libertad de expresión y de manifestación de los últimos años. En esta materia se puede decir que fue uno de los “pioneros”, sentando en el banquillo a los dibujantes de El Jueves por la famosa portada en la que se hacía una sátira del entonces Principe de Asturias y su esposa -hoy Reyes de España- y su escasa afición por el trabajo. La revista fue secuestrada de los quioscos y sus directivos juzgados por un delito de injurias a la Corona.

Como parte del juicio contra los manifestantes del 15M que en junio de 2011 rodearon el Parlament catalán, y que quedaron finalmente absueltos, Marlaska emitió un voto particular en el que defendía que debían ser condenados. Lo mismo hizo, votar en contra, de la sentencia que absolvía a un tuitero por un chiste de Carrero Blanco. Marlaska consideró entonces que había que condenarlo, al menos, por un delito de enaltecimiento del terrorismo.

Conocidos los nombramientos de los nuevos ministros Pablo Iglesias ha salido a quejarse de que el PSOE parece haberse olvidado de ellos. Sin embargo, quienes tienen un problema de memoria no son los nuevos inquilinos de la Moncloa, sino, en todo caso, los dirigentes de la formación morada. El cántico del 15M de “PSOE y PP, la misma mierda es” mantiene toda su vigencia en 2018. El partido de la reconversión industrial, los GAL, la patada en la puerta, los desahucios exprés, las reformas laborales que introdujeron la precariedad o el “pensionazo”, es el mismo al que vienen desde 2014 mendigando un acuerdo de gobierno de coalición.

Las continuidades no se dan solo en Interior. Si Rajoy fue el campeón de las políticas de ajuste, la obediencia a los planes de la Troika y el rescate de bancos, autopistas y grandes concesionarias. Sánchez asume plenamente sus Presupuestos, pone a Nadia Calviño, exdirectora general de la Comisión Europea, al frente de Economía y a Teresa Ribera en Energía y Medioambiente, la que autorizara el Proyecto Castor que ha supuesto un rescate público de 2.400 millones para el conglomerado de accionistas encabezado por Florentino Pérez.

Si Rajoy se convirtió, con el Rey y la Judicatura a su lado, en el azote de los independentistas catalanes. Sánchez pone en Exteriores a Josep Borell, quien encabezara la primera gran manifestación unionista del grupo ultra Societat Civil Catalana el pasado 8 de octubre y quien hablaba en la campaña electoral del 21D de la necesidad de “desinfectar Catalunya”. Todo un fichaje a la altura de los Zoido, Miró o el desaparecido Wert y su idea de “españolizar” a los estudiantes catalanes.

Sin embargo, el nuevo reformismo aspira a jugar el mismo rol que históricamente jugó el viejo, desde el PCE de Carrillo hasta la IU de Llamazares. No sacar los pies del plato – es decir no meterse con ninguna línea roja como la Corona o el derecho a decidir- y limitarse a ser el consorte de gobiernos como el de ZP, encargados de cubrir con un barniz “progre” las mismas políticas recortadoras de derechos sociales y democráticas y al servicio de la banca y las grandes empresas.

Mientras esta “izquierda del cambio” consuma su adaptación como la nueva muleta izquierda -ya que ni a pata han llegado- del Régimen del 78, es hora que desde la izquierda anticapitalista, el movimiento obrero, la juventud y el movimiento feminista abramos la discusión sobre qué izquierda necesitamos para combatir al nuevo gobierno de “turno”. Una izquierda que pelee contra este régimen podrido, contra la impunidad, los ataques a los derechos democráticos, por el fin de la Corona, por el derecho de autodeterminación y por un programa contra el paro, la precariedad y los grandes problemas sociales que permita resolverlos en base a las ganancias de los grandes capitalistas.






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