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Coronavirus y La Casa de Papel: la otra cara de la moneda

¡ALERTA SPOILERS! Estética llamativa, el Bella Ciao, nombres en clave, mentes brillantes, un gran atraco… Todo eso es parte del atractivo de La Casa de Papel, pero ¿cuál es la clave oculta de su éxito? ¿Qué mensaje político se esconde detrás de todo el show?

Pablo Castilla

ContraCorrent Barcelona

Miércoles 1ro de abril | 08:30

Series y películas están siendo grandes protagonistas durante estas semanas de cuarentena. Plataformas como Netflix se han disparado. Así que, si antes ya había nervios por el estreno de la nueva temporada de La Casa de Papel, ahora el ansia está al límite. Sin embargo, quiero aprovechar estos días de lectura para ir más allá y preguntarnos: ¿de qué nos puede servir la serie para enfrentar al coronavirus?

La producción se ha convertido en un gran fenómeno mundial (y rentable) hasta situarse como la serie de habla no inglesa más vista de toda la historia de Netflix. Por eso mismo, hemos considerado interesante hacer un análisis de las claves de su éxito y de lo que se esconde detrás de su mensaje.

Cuando intentamos encontrar una respuesta al porqué de la fama y la tremenda acogida que ha tenido La Casa de Papel, en realidad no estamos haciendo otra cosa que intentar contestar a la pregunta "¿qué tiene esta serie para que guste tanto?". Además de las consideraciones habituales sobre la (posible) calidad del guion, la fotografía, el vestuario o la dirección, debemos tener en cuenta el contexto en el que se emite.

Precisamente esto último es lo que Netflix y Atresmedia han hecho a la perfección, pues han sabido utilizar a su favor la mayor parte posible del sentir general de la sociedad en gran parte del globo. Vemos a través de algunos ejemplos como han hecho esto.

El aikido del capitalismo

En la charla de bienvenida al equipo de atracadores y atracadoras, El Profesor anuncia que van a estar 5 meses preparando el golpe, lo cual hace brotar la sorpresa de uno de los integrantes de la banda. La respuesta del cerebro de la operación no tiene desperdicio:
"La gente pasa años estudiando para tener un sueldo que en el mejor de los casos no deja de ser un sueldo de mierda ¿Qué son 5 meses? Yo llevo pensando en esto mucho más tiempo para no volver a trabajar en mi vida. Ni vosotros, ni vuestros hijos."

A primera vista, resulta una idea atractiva para una trabajadora que lleva años dejándose la vida tan solo viajando de un curro de mierda a otro; o para el estudiante de carrera y máster que se ha visto explotado en todos los empleos temporales en los que ha estado; o la joven que ha tenido que dejar de estudiar porque no podía permitirse la matrícula universitaria, incluso el alumno de secundaria que ni se plantea seguir con los estudios de bachillerato porque prefiere una salida laboral rápida que le dé algo del dinero que necesita, pues es el testigo de una generación que se "pasa años estudiando para tener un sueldo que en mejor de los casos no deja de ser un sueldo de mierda".

El sentido común de rechazo a la situación de explotación y de futuro de miseria que ofrece el sistema capitalista a millones de personas en todo el mundo es una de las bases principales sobre las que se sostiene la serie.

Seguimos adelante con el análisis. En el último capítulo de la segunda temporada, El Profesor le espeta a su amante y entonces inspectora de la policía, Raquel Murillo, lo siguiente:
"Te han enseñado a verlo todo en concepto de buenos y malos. Pero esto que estamos haciendo no te parece mal si lo hace otra gente. En el año 2011, el Banco Central Europeo creó de la nada 171.000 millones de euros… de la nada. Igual que estamos haciendo nosotros. Sólo que a lo grande. 185.000 en el 2012, 145.000 en el 2013 ¿y sabes a dónde fue a parar todo ese dinero? A los bancos. Directamente de la fábrica a los más ricos. ¿Dijo alguien que el Banco Central Europeo fuera un ladrón? No. Inyección de liquidez, lo llamaron."

Las palabras del líder de la banda resuenan en los oídos de los espectadores y recuerdan cómo tras la crisis económica del 2008 que sacudió al mundo entero, los bancos y una pequeña minoría fueron los que salieron beneficiados (de nuevo) mientras que se imponía a la clase trabajadora el pago de la deuda de los mismos capitalistas responsables de la crisis.

Precisamente ahora, cuando Pedro Sánchez desde el gobierno de coalición con Unidas Podemos anunció los 100.000 millones destinados a las empresas en forma de aval, recurrió de nuevo a la famosa “inyección de liquidez”. Viendo el último ensayo de ese tipo y quién acabo pagando el rescate, ya podemos ir haciéndonos una idea de quién pretenden que pague después y de qué manera.

De hecho, la referencia anterior no es la única que pretende hacer recordar la crisis de 2008. En la estrategia de los atracadores, contar con el apoyo de la gente resulta vital, pues sostienen que de ser así, la policía no entraría en edificio y serían las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado los malos de la película. Para fortalecer este supuesto, El Profesor recurre al ejemplo del 15-M de 2011 y como el movimiento de los indignados era visto con gran simpatía por parte de la población mientras que se rechazaban las cargas policiales.

Pero las similitudes del guion con la realidad la serie de sentires críticos hacia el régimen no acaban aquí, y es que en el quinto episodio de la última temporada aparecen unas cajas rojas con documentos de Estado sobre la iniciación de una guerra en Libia por intereses particulares de Europa, pagos a Marruecos para el abandono de inmigrantes en el desierto, acuerdos confidenciales para mirar a otro lado ante los naufragios del Mediterráneo o la creación de un grupo terrorista en el sur de Francia. La verdad es que resulta difícil distinguir estos hechos de ficción de los GAL, las guerras de Estados Unidos en Oriente Medio por el petróleo o la sordera de los países europeos ante la ayuda solicitada por barcos como el de Open Arms. Las cloacas del régimen en estado puro.

Por último, pero no menos importante, la serie se envuelve de un "feminismo de papel" a través del uso de términos como matriarcado o patriarcado a la par que plantea temas como el aborto o la violación. Sin embargo, aunque hay un elemento positivo en la difusión de una posición antipatriarcal, pese que nos presente a las protagonistas como "mujeres empoderadas", estas siguen interpretando el papel de mujer emocionalmente incontrolable que comete errores con terribles consecuencias, o el de víctima de una figura masculina que sirve para profundizar más en la personalidad del hombre en cuestión.

Los límites de La Casa de Papel

Hasta ahora hemos dado cuenta, a través de algunos ejemplos, de la importancia que tiene para el éxito de esta serie la conexión con la realidad de los espectadores. La serie, como producto de este tiempo, da cuenta del cuestionamiento generalizado y el descontento con este sistema. No obstante, lejos de utilizar esos elementos de la situación económica, social y política que engancha a los fans de este fenómeno audiovisual para plantear una mínima perspectiva de cambio, tan solo se limita a ofrecer una salida hollywoodiense.

Frente a la explotación del sistema capitalista que condena a la mayor parte de la población mundial a trabajar para engordar los beneficios de una minoría cobrando un sueldo ridículo, El Profesor y su banda simplemente se contentan con escapar de ser uno de esos "pobres" el resto de su vida sin detenerse a cuestionar que el resto del mundo siga viviendo en dichas condiciones de miseria.

Precisamente en este sentido, el sentimiento de interés personal que deja al margen la transformación de la sociedad se observa en su actitud frente a la detención y las torturas de Río en la tercera temporada. Pese a que se pretenda envolver como un pulso al sistema, el objetivo principal se centra en rescatar al atracador. Para ello, El Profesor vuelve a hacer gala de filosofía utilitaria, aprovechando a su favor toda la fuerza de los millones de personas que idolatran a la banda con caretas de Dalí a raíz del anterior atraco, pues ven en ellas un símbolo de resistencia y enfrentamiento del sistema. Eso sí, tan solo las utiliza como base de maniobras.

¿Y qué pasa con toda esa gente en el plan de El Profesor? No importa. Igual que hace la serie con el espectador, El Profesor utiliza el malestar social general para generar sus propios beneficios.

No obstante, detengámonos a pensar por un momento en la potencialidad del movimiento generado a raíz del atraco a la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.

Tal y como se muestra durante la tercera temporada, la banda cuenta con millones y millones de personas en todo el mundo que la apoyan como símbolo de la lucha contra el sistema. ¿Por qué no involucrar a toda esa gente en la pelea contra el statu quo de manera que el resultado sea la solución de los problemas de todos ellos y ellas y no del pequeño grupo de atracadores y atracadoras? Demasiado peligroso para Netflix y Atresmedia, pues resulta más atractivo (e imposible) fomentar la ilusión de que se puede escapar de este sistema de explotación y sueldos de mierda llevando a cabo un atraco de película.

Llegados a este punto, planteo aquí el giro de guion que me gustaría para la cuarta temporada. El Profesor y su banda llaman a sus seguidores y seguidoras a ocupar las fábricas, estaciones, universidades y aeropuertos y ponerlas a producir bajo su propio control para así lograr dividir las fuerzas del Estado y la policía. Finalmente, y pese a que el atraco triunfa, los y las trabajadoras que ahora controlan gran parte de la producción, deciden ir más allá derrocando al estado capitalista e instaurando un gobierno obrero que organice la industria y el conocimiento al servicio de las necesidades de toda la sociedad, logrando ganar su pulso al statu quo.

No obstante, resulta bastante utópico pensar que algo así pueda suceder, al menos sin la creación de un partido revolucionario que, a diferencia de El Profesor y su banda, desarrolle una estrategia revolucionaria de independencia de clase y pelee junto a la clase trabajadora y los sectores populares para llevar a cabo el mayor "robo" de la historia: la expropiación de las fortunas capitalistas.

Pero como ya decía antes, resulta un tanto peligroso para el alcance de Atresmedia y Netflix el producir una serie que llame a un proyecto de militancia revolucionaria para acabar con una vida de sueldos de mierda; mejor generar nuevas ilusiones de escapar de una vida de precariedad a través de un robo imposible y nunca realizado que recuperar el ejemplo de las grandes revoluciones obreras y las luchas de la clase trabajadora que sí lograron triunfar.

He aquí una muestra de cómo los productos culturales del capitalismo tratan de cooptar la indignación social, económica y política que él mismo genera para su propio beneficio mientras que se asegura de frenar cualquier idea de revolución. Se trata del aikido del capitalismo.

A modo de reflexión final y aunque dudo que se produzca tal llamada al control obrero de la producción en esta nueva temporada, no es algo irracional para la actualidad. Un gran número de personas ya han empezado a darse cuenta de quienes crean realmente la riqueza; son los trabajadores de los transportes, las cajeras del supermercado, el personal sanitario y de limpieza o los currantes de las fábricas. Así que ahora, cuando más hace falta reorientar la producción para combatir al coronavirus, el control obrero no es un elemento especulativo sobre el guion de una serie, sino una consigna real para ganar esta guerra.






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