SUPLEMENTO

Crisis de Podemos ¿qué dice la izquierda anticapitalista?

Santiago Lupe

Pablo Carmona, uno de los promotores de La Bancada, junto a Rommy Arce, miembro de Anticapitalistas.

Crisis de Podemos ¿qué dice la izquierda anticapitalista?

Santiago Lupe

Se anima el “Juego de Tronos” entre Errejón, Podemos e IU. Anticapitalistas aboga por volver a los orígenes y La Bancada por el retorno a lo social. La pelea por una hipótesis anticapitalista y de clase.

La dimisión de Errejón de su acta de diputado demuestra que estamos ante un cisma sin retorno que viene a profundizar el fin del ciclo político que las “fuerzas del cambio”, o lo que nosotros hemos denominado como el “nuevo reformismo”, iniciaran hace ahora cinco años. Sin embargo, esta crisis abierta está generando una cascada de reacciones más allá de pablistas y errejonistas.

Izquierda Unida fue la primera en salir a cuestionar la decisión de Errejón. Garzón le reprochó “este tipo de decisiones en un momento en el que crece la extrema derecha, lo importante es sumar y no dividir” y se postuló como el engranaje para intentar reconstruir la “unidad de la izquierda”. Nada muy diferente a lo que había planteado Iglesias en su audiocarta a los inscritos, en la que reafirmaba la decisión de su organización de presentarse a las autonómicas madrileñas reeditando la coalición de Unidos Podemos.

A pesar de este “cierre de filas” con Iglesias, éste sale debilitado para seguir imponiendo el mismo método caudillístico tanto dentro de Podemos, como con sus socios subalternos. IU quiere marcar su propia agenda, recuperar visibilidad mediática y ganar posición de fuerza en las negociaciones con lo que quede de Podemos en Madrid después del terremoto.

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Hasta el “errejonazo” IU se mantenía en una buena sintonía con Carmena para integrarse en sus listas al Ayuntamiento. De hecho, el miércoles de la semana pasada estuvieron cerca de llegar a un preacuerdo. Sin embargo, el portavoz de IU Madrid, Ángel Guillén, aseguró este miércoles que “IU ciudad no va a apoyar a quien a su vez confronte contra IU región”. Dejaba así la puerta abierta a competir también con Carmena con una lista en solitario o en común junto a Anticapitalistas.

Viniendo de IU todo esto tiene múltiples interpretaciones. Puede estar simplemente jugándose a ganar un espacio propio como futura socia, junto al PSOE, de un nuevo gobierno municipal de Carmena, y consolidar, o hasta ampliar, el aparato conseguido en esta legislatura. Puede también usar esta baza para intercambiarla por más y mejores puestos de salida en la candidatura a negociar con Podemos. O podría incluso ser una presión sobre el mismo Podemos para que recapacite su decisión de no negociar con Mas Madrid en la comunidad.

Todo sucedía en el mismo día en que Iglesias confirmaba, una vez más, que “Iñigo no es Carmena”, y que por lo tanto en la capital se abstendría de presentar candidatura alguna, así como integrar en la de la actual alcaldesa candidatos propios. Antes Carmena había rechazado públicamente al exJEMAD Julio Rodríguez como compañero de papeleta, quien veía así nuevamente frustrada su carrera política (y van tres).

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Pero las discrepancias con la línea de Iglesias se le empiezan a abrir también en el frente interno. Errejón puede haber abandonado el acta, pero errejonistas son unos cuantos más. En Vistalegre II obtuvo más de un tercio de los votos y su candidatura a las primarias -apoyada entonces por Iglesias- superó el 95%. En el foro de debate interno, Plaza Podemos, comienza a orquestarse una campaña para exigir que se consulte a las bases la negativa de la actual dirección a negociar una candidatura común con Mas Madrid. Algo por otra parte coherente con el método plebiscitario de Iglesias que llegó a consultar hasta para que se bendijera la compra de su chalé.

Así de enrevesada está la “baja política” del nuevo reformismo en Madrid. Decimos “baja” porque en última instancia las diferencias de programa y estrategia entre las fuerzas en discusión no justifican la guerra iniciada. Carmena-Errejón son quizá los mejores representantes del sector que más abiertamente se juega a girar hacia la centroizquierda para constituir un “bloque de progreso” con el PSOE con pocas condiciones. Pero esta es la política a la que viene jugando Unidos Podemos, bajo el mando de Iglesias y Garzón, respecto al gobierno de Pedro Sánchez. Puede haber diferencias de grado, ritmos y, sobre todo, discursos y gestualidad, pero el norte es idéntico: cogobernar con el PSOE -como primera o como segunda fuerza- Ayuntamiento y Comunidad, para aplicar un programa de reformas respetuosas con los grandes poderes capitalistas -como ha hecho durante cuatro años Carmena- y sin propuesta alguna impugnatoria del actual régimen político.

A la izquierda de esta pelea se han hecho sentir también algunas voces críticas, como la de Anticapitalistas. La formación salió el mismo día del órdago de Errejón a proponer la formación de candidaturas “rupturistas y de izquierda” tanto al colectivo La Bancada -integrado por algunos concejales y activistas que formaron parte de Ahora Madrid y que también se habían negado a integrarse en la lista de Carmena en esta ocasión-, como a IU y a Podemos.

Sorprende que el llamamiento tenga como dos de los principales interlocutores para esta “alternativa” nada menos que a IU y Podemos, las mismas formaciones que vienen coincidiendo en lo fundamental con Errejón: el cogobierno con el PSOE. De hecho, va implícita en la propuesta, que al final la clave es sumar todos los votos de la “izquierda” -incluyendo al PSOE- para echar al PP.

El contenido programático de ese “rupturismo”, parece no ser otro que el reeditar un programa de “reformas radicales” como el que levantaba el Ahora Madrid de 2015. Sin embargo, en aquellos “orígenes” ya se habían dejado aparcadas medidas que enfrentasen a los grandes capitalistas metropolitanos o apuntaran al no pago de la deuda, cuestiones esenciales para buscar una salida estructural a los grandes problemas sociales.

Esta defensa del Ahora Madrid original parte de un balance muy crítico con la gestión municipal de Carmena. No les falta razón en que ni siquiera aquel programa de tibias reformas ha sido llevado adelante por la alcaldesa. Pero pierden de vista que esto estaba inscripto en el proyecto original. La negativa a proponer medidas abiertamente anticapitalistas, sin poner el eje al mismo tiempo en el desarrollo de la movilización social para poder imponer soluciones estructurales a los problemas de vivienda, desempleo o pobreza de la capital, solo podía conducir a una rebaja sin límite del programa hasta los “límites de lo posible”. En otras palabras, a esa refundación de la socialdemocracia por la que vienen trabajando por diferentes vías los Errejón, Iglesias o Garzón.

Otra gran ausencia en su balance es el no reparar en lo poco se ha distinguido de esta trayectoria el ayuntamiento de Cádiz, que gobierna el ‘Kichi’, un dirigente de Anticapitalistas y que se ha sostenido durante cuatro años en el apoyo institucional de los concejales del PSOE. La experiencia de Cádiz no es precisamente un ejemplo de cómo utilizar las posiciones institucionales para desarrollar la organización y la movilización social. El único alcalde de Anticapitalistas, lamentablemente, será tristemente recordado por haber entregado la medalla de oro a la Virgen del Rosario, o por haber asegurado que entre “paz” y “pan”, optaba por el “pan”, apoyando la venta de corbetas por parte del Estado español a Arabia Saudí para no perder puestos de trabajo en los astilleros, sin plantearse si quiera la elemental posibilidad de luchar por que esa empresa estatal garantizara los empleos y otra carga de trabajo. ¿No consideran que hace falta un balance autocrítico de esta experiencia de gobierno municipal?

Por último, algunos sectores que impulsan el espacio de La Bancada también han intervenido en el debate sobre el ‘errejonazo’ y sus consecuencias. Es el caso de Emanuel Rodríguez, quien coincide con la reivindicación del proyecto de Ahora Madrid de los orígenes. El balance de su fracaso lo hace recaer en la política mediática y centralista de Podemos y Carmena, así como en el desprecio a su programa, que fue tildado por la alcaldesa como una lista de sugerencias.

Rodríguez considera que la línea común de los Errejón, Iglesias, Echenique o Montero es la idea de una “inevitable alianza con el PSOE”. Le fataría decir que también lo es de los Garzón ¿O acaso IU no comparte plenamente la hoja de ruta de lograr acuerdos de cogobierno con los socialistas como los que viene practicando desde inicios de los 2000?

A diferencia de Anticapitalistas, Emmanuel Rodríguez apunta que la (re)construcción de algo parecido a lo que fue Ahora Madrid en los orígenes es harto improbable. ¿La razón? Alguna de las principales fuerzas que fueron parte de su gestación, en especial IU, insisten con reeditar la alianza con Podemos. Es decir, faltan socios para hacerlo. De hecho, su principal crítica a la formación de Garzón es proponerse precisamente como “cemento de unidad”.

Ante lo improbable de poder constituir una alternativa electoral, Rodríguez parece proponer una vuelta a lo social, a fortalecer una “base social y cultural” sobre la que en un futuro pudiera emerger algún proyecto democratizador superador de los fenómenos que representaron Podemos y la izquierda del cambio. Se trata pues de crear “opinión pública y medios de comunicación propios”, “ideas y propuestas efectivas que se puedan encarnar en resultados concretos”, "sindicatos independientes", “economías propias (principalmente cooperativas)”, “espacios de agitación y acción (principalmente centros sociales)” y “movimientos vivos y capaces de multiplicarse en terrenos sociales llenos de aristas (como ha probado el movimiento de vivienda)”.

Si Anticapitalistas propone una vuelta al 2015 cuando emergía Podemos, La Bancada propone un retorno al 2011, al momento en el que lo que primaba era la “ilusión de lo social”, la idea autonomista de que se puede cambiar el mundo, o al menos democratizarlo, sin intervenir en el terreno político. Aun así, esta baza, la intervención política, no está descartada para más adelante. El problema es que sin un balance profundo de los límites de la experiencia anterior -una candidatura electoral que se conformó en base a un programa reformista y centrado en la vía institucional- lo más probable es que se repitan sus falencias.

El fin de ciclo y la crisis del nuevo reformismo debería servir, al menos, para abrir el debate y profundizar las razones del fracaso de un proyecto político en el que se integró, con más o menos matices, casi la totalidad de la izquierda del Estado español, incluida buena parte de la que se reivindica anticapitalista o transformadora.

No se trata de volver a “experimentar” plataformas y coaliciones con los partidos -nuevos y viejos- que han dejado claro que su intención no es otra que reconstruir el flanco izquierdo de un régimen de partidos que entró en barrena en 2011. Aquellos que pretenden reconstruir la socialdemocracia como socios menores del PSOE -y en esto, insistimos, coinciden desde Errejón a Garzón con sus matices- no ofrecen una alternativa para frenar el ascenso de una extrema derecha que propone “sin complejos” salidas tan radicales como reaccionarias, ni para resolver los grandes problemas sociales estructurales o las demandas democráticas que han emergido con la crisis de régimen.

La izquierda que se encuentra a la izquierda de Podemos e IU, debería plantearse si quiere volver a editar constructos como fue el mismo Podemos o las candidaturas de confluencia, o si ha llegado el momento de levantar una izquierda anticapitalista y de clase ‘sin complejos’, que se inspire en lo más avanzado de la lucha de clases (como son hoy las luchas de los chalecos amarillos en Francia, o las huelgas generales y tendencias a la autoorganización que emergieron en el Estado español después del 2011). Una izquierda que apueste por desarrollar la autoorganización y movilización de la clase obrera y los sectores populares, que combata el conservadurismo de la burocracia sindical (el socio necesario del desvío del ciclo de luchas del 2011-2014) y proponga un programa que señale abiertamente que para resolver los grandes problemas sociales hay que cuestionar las ganancias de los capitalistas. Un programa que defienda, ante la crisis de la vivienda o los servicios sociales, la nacionalización de la banca y los servicios públicos bajo control de trabajadores y usuarios, entre otras medidas, y que apunte a desarrollar la lucha de clases para terminar con el Régimen del 78.

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Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN
Nació en Zaragoza, Estado español, en 1983. Es director de la edición española de Izquierda Diario. Historiador especializado en la guerra civil española, el franquismo y la Transición. Actualmente reside en Barcelona y milita en la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) del Estado Español.
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