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DEBATE ELECCIONES 20D

Cuatro claves de un debate que no aportó nada nuevo

El debate entre Sánchez, Iglesias, Rivera y Santamaría, aunque con poca novedad, ilustró algunas claves de la situación que nos espera después del 20D: guerra, regeneración senil del Régimen del '78, ajustes y todo con más consenso que disenso del nuevo cuatripartidismo.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Martes 8 de diciembre de 2015

Foto: REUTERS/Sergio Pérez

El debate en ATresMedia entre los tres candidatos a la presidencia del gobierno de PSOE, Podemos y Ciudadanos y la vice-presidenta del gobierno por el PP no aportó ninguna novedad sustantiva. Se trató de una reedición del que ya se produjo entre Sánchez, Iglesias y Rivera organizado por El Pais, aunque esta vez se pudo escuchar la defensa del PP de su obra de gobierno y su posición más inmovilistas de entrada, respecto a la posibilidad de una reforma constitucional. Aún así, durante las casi dos horas y media de debate, surgieron algunas claves de la situación post-20D. Repasemos las cuatro más importantes.

Tambores de guerra para después de las elecciones

La pregunta de los moderadores sobre este tema fue bastante directa: qué respondería cada uno de ellos ante un requerimiento de Hollande para que el Ejército español desplegara tropas terrestres en Siria.

Rivera, Sánchez y Santamaría no quisieron contestar con un sí o un no. Su posición coincidió en reivindicar el pacto anti-yihadista, el principal acuerdo de recorte de derechos y libertades, y en mostrarse partidarios de incorporarse a la coalición internacional sin definir por el momento con qué tipo de colaboración militar. Ninguno descartó una participación militar directa, bien terrestre o aérea, aunque también plantearon la posibilidad de colaborar con servicios de inteligencia, colaboración policial y misiones de formación militar como la que ya se desarrolla en Iraq.

El único que contestó con un “no” fue Pablo Iglesias. Esta negativa la basó en un criterio de “eficacia” de este tipo de intervención, a la que opuso otras alternativas como el bloqueo de la financiación que recibe el Estado Islámico (ISIS) de parte de aliados estratégicos del Estado español como Arabia Saudí o el mismo gobierno turco que permite el contrabando de petroleo. Como propuesta más global planteó la necesidad de trabajar para una estabilización de Siria, promoviendo un gran acuerdo entre Francia, Estados Unidos y Rusia. Por lo tanto el “no” de Podemos rechazó toda condena a las causas de fondo del surgimiento de ISIS: la injerencia de las diversas potencias imperialistas y otras potencias regionales en la región con el fin de imponer salidas contra-revolucionarias a los proceso de la primavera árabe. La solución de Iglesias es más injerencia imperialista -eso sí, coordinada y acordada- que restaure regímenes políticos más estables.

Con tres “sí” y un “no” que más bien recuerda al “OTAN, de entrada no” del PSOE en el ’82, cada día gana peso la posibilidad de que después de las elecciones generales el Estado español se implique en la ofensiva imperialista que hoy encabeza Francia.

Regeneración senil del Régimen del 78

Otro punto importante del debate fue la discusión en torno a a posibilidad de una reforma constitucional. Aquí la más reacia fue Santamaría, si bien no se opuso abiertamente a discutirla, sí que la condicionó a la necesidad de encontrar un amplio consenso. Algo que no les será muy complicado hallar entre el PP, el PSOE y Ciudadanos, y que incluso pueden lograr incorporar a un Podemos que ha ido dejando en el camino cualquier propuesta que cuestione los pilares fundamentales del Régimen nacido de la Transición.

Rivera reivindicó abiertamente la necesidad de una nueva transición, casi con las mismas palabras que Iglesias. Sánchez se sumó al coro aludiendo a los grandes cambios sociales producidos en estos 37 años. Todos ellos pusieron eje en la mejora de la calidad democrática y medidas contra la corrupción. En este punto Iglesias planteó lo poco que le queda del programa contra "la casta": la prohibición de las puertas giratorias y la posibilidad del referéndum revocatorio al gobierno a mitad de legislatura.

El otro eje de esta regeneración fue el modelo territorial y la necesidad de encontrar un nuevo encaje constitucional para Catalunya. Santamaría quiso competir con Rivera en la defensa de una posición inmovilista y lo consiguió. En este punto, el PP se mantiene firme en dejarlo todo igual. Rivera por su parte se acercó a la propuesta del PSOE, manteniéndo la firme negación al derecho a decidir pero mostrándose abierto a negociar reivindicaciones como la financiación autonómica. Incluso en el entramado constitucional PSOE y Cs plantearon reformas administrativas como la reforma federal del Senado el primero y la sustitución de éste por una cámara de gobiernos autonómicos el segundo.

Pablo Iglesias coincidió en el espíritu con el resto de defensores de la “unidad de España” y se presentó como la mejor garantía para lograr mantener a Catalunya dentro del Estado español, como viene haciendo a pesar de que su arrogante participación en la campaña del 27S estuvo detrás de los pírricos resultados de Catalunya Sí que es Pot. Volvió a hacer una defensa de su particular interpretación del derecho a decidir, un referéndum respetuoso con la Constitución del ’78 y la ley orgánica que regula estas consultas, que dependen de la voluntad de las Cortes españolas y sus resultados carecen de carácter vinculante. Consecuente con ello se encargó de dejar claro que él solo quería “escuchar” a los catalanes, pero lo que ellos quieren es “decidir” si siguen siendo parte del Estado español o no.

Hubo por lo tanto “posiciones de salida” divergentes, pero una apuesta muy mayoritaria de emprender un proceso de reforma constitucional como la mejor vía para restablecer la legitimidad del régimen político. Rivera lo expresó diciendo que también en el 77 había posiciones muy distintas y que al final se logró el acuerdo, y Sánchez por su parte lanzó un guiño al PP al decirle que pasadas las elecciones se avendría a sumarse a este carro regeneracionista que va desde ellos hasta Podemos.

Los ajustes que vienen

Todo el primer bloque del debate estuvo dedicado a las propuestas en materia de empleo, fiscalidad y déficit público. Sobre el primer punto, Cs repitió su cantinela liberal del “contrato único”, el PP reivindicó su agenda de contra-reformas, el PSOE su promesa de derogar la reforma laboral de 2012 –pero manteniendo todas las anteriores- y Podemos, aunque sacó los colores a Sánchez por los ajustes de Zapatero, se limitó a presentar un tibio programa que incluía la subida del SMI, una reforma fiscal que grave a las rentas altas y el sistema financiero y un plan de inversiones en materia energética. Más allá de las denuncias a la grave situación de desempleo, precariedad y pobreza que hicieron Rivera, Sánchez e Iglesias, lo cierto es que en todo el debate no se escuchó a ningún candidato planteando medidas concretas contra estos problemas.

En relación al déficit público y las demandas de la Comisión Europea de aplicar un nuevo recorte de 10.000 millones y un endurecimiento de la reforma laboral, todos coincidieron en negar que fueran a aplicar estas nuevas exigencias. Algo que sin embargo contrastaba con la voluntad manifiesta de PP, Cs y PSOE de alcanzar los objetivos de déficit del 1% para final de la legislatura. Pablo Iglesias señaló esta contradicción, sin embargo lo hizo sin aclarar la suya. Con su declarada voluntad de cumplir con el pago de la deuda y negociar éste con la Troika, igual que Tsipras -como le señaló el mismo Sánchez-, el único camino posible es el seguido por Syriza, que hoy es quien está aplicando los ajustes contra los trabajadores y el pueblo griego.

Pacto aquí y pacto allá

Por último, la parte más esperpéntica del debate estuvo en los diferentes momentos en que se trató la posibilidad de acuerdos. Todas las encuestas apuntan a que serán necesarias las alianzas parlamentarias para permitir la investidura del siguiente gobierno y para que éste pueda gobernar. Un entendimiento que será más imprescindible aún si se abre el melón de la reforma constitucional. Sin embargo, en campaña ninguno quiso mojarse sobre por donde irían sus posibles alianzas, y todos se reprocharon mutuamente pactar con terceros.

El PP, que se ve ganador, insistió con que lo justo era que gobernase la lista más votada, aunque como se prevé no alcance ni un cuarto de los votos. El PSOE no se casó con nadie, pero no rechazó posibles compromisos pues como le pasa en las comunidades autónomas que gobierna, depende alternativamente del apoyo de Cs o de Podemos. Cs dijo que no se sumaría a un gobierno del PP ni del PSOE, pero que en caso de ganar no descartaba ofrecerles entrar en su gobierno. Podemos se quiso presentar como el más independiente de los viejos partidos, de hecho Iglesias reprochó a Rivera pactar con el PSOE de los EREs andaluces y el PP de la Gurtel madrileña. Se “olvidó” que su partido ha posibilitado la investidura y la gobernabilidad al PSOE en Extemadura, Castilla la Mancha o Aragón, algo que Rivera no dejó de recordarle.

El escenario de pactos seguirá abierto a apuestas y especulaciones hasta el 21D como mínimo. Pero lo cierto es que hay terreno abonado para que el nuevo cuatripartidismo logre sentar las bases para un entendimiento a dos, tres o hasta cuatro bandas. Por un lado, la previsible atomización de las Cortes lo hará necesario. Por el otro, algunas coincidencias fundamentales, como las de las claves del debate que hemos repasado, lo pueden hacer posible. Todo un indicador de que ninguna de estas cuatro opciones electorales tiene nada que ofrecer a los trabajadores y la juventud.






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