Política Estado Español

DESPUÉS DEL 20D

De pactos y castas: el candidato independiente y la táctica de Podemos

Descartado cualquier tipo de apoyo al PP, Podemos estableció sus “líneas rojas” para la negociación con el PSOE, entre ellas el referéndum catalán. Lo hizo sabiendo que este último es un Rubicón que los socialistas no van a cruzar. Ahora, propone un nuevo.

Diego Lotito

Madrid | @diegolotito

Jueves 24 de diciembre de 2015

Foto: EFE

La táctica es inteligente. Al hacer propuestas que son inasumibles para el PSOE, Pablo Iglesias ubica al PSOE en el terreno del viejo “inmovilismo”. Aunque no deja de ser una operación política que utiliza un derecho históricamente negado al pueblo catalán como arma en el “juego de tronos”. Porque la realidad es que no está dispuesto a llevar hasta el final la defensa del derecho a decidir, ya que para Iglesias esta pasa por una reforma constitucional imposible en el marco de las mismas instituciones que niegan ese derecho y no por la lucha de clases.

Pero siguiendo la misma lógica, este martes Iglesias hizo una nueva propuesta. Tras reconocer que sus resultados el 20D “no son suficientes” para postularse él, sostuvo que “sí son un mandato para proponer a todas las fuerzas políticas contrarias a que el PP continúe gobernando un nuevo acuerdo de país” una reforma constitucional liderada por “una figura independiente de prestigio”.

“Si a Pedro Sánchez no le dejan intentar ser presidente, porque quizá no esté siquiera en condiciones de ser el líder de su partido, tal vez sea el momento de que una figura independiente de prestigio, asuma dar los pasos necesarios para intentar que en España deje de gobernar el Partido Popular”, escribió Iglesias en una tribuna en El Huffington Post. Si la cuestión catalana ya era intragable para el PSOE, esta propuesta no lo es menos.

Esto no significa que Iglesias no esté dispuesto a “pactar con la casta” del PSOE. Por el contrario, el líder de Podemos propone en este punto una política similar a la que ha venido sosteniendo la CUP –al menos hasta ahora– en sus negociaciones con Artur Mas: pactemos con todo el aparato de CDC, pero sin Artur Mas, dicen los catalanes; aquí seria: pactemos con el aparato del PSOE, pero sin Pedro Sánchez.

Evidentemente, Iglesias ya está convencido de que es un “hombre de Estado”. No por nada, en el artículo en el que hace su nueva propuesta, cita a Enrico Berlinguer, líder del PC italiano que comandó su giro eurocomunista y fue un gran “hombre de estado”, artífice del “compromesso storico” entre comunistas y democristianos para salvar a la democracia capitalista italiana.

También IU estaría a favor de avanzar en esta línea. El martes, Alberto Garzón lo llamó a Iglesias y le dijo que apoyará la opción de gobierno que se comprometa a derogar las dos últimas reformas laborales y a anular la modificación del artículo 135 de la Constitución. Aunque como jugador de la alta política, Garzón más bien está en el banquillo. Sus dos diputados por Madrid (él uno de ellos) son una fuerza débil. Y los otros diputados que IU conquistó como parte de las candidaturas de confluencia (uno en Galicia y dos en Catalunya), ni siquiera le responden.

Aunque Podemos busca utilizar las negociaciones para seguir fortaleciéndose en detrimento del PSOE, lo hace profundizando su estrategia reformista de regenerar la democracia capitalista española. Durante toda la campaña, Iglesias se fue preparando para ser parte destacada de un “nuevo consenso” como el del ’78. Un proyecto político que indefectiblemente se prepara también para defraudar las aspiraciones de gran parte los millones que hoy le han dado su voto.

Como decíamos en un análisis el pasado lunes, la nueva situación que se abre después del 20D, a pesar de las enormes ilusiones reformistas, presenta importantes oportunidades a la izquierda revolucionaria de dirigirse a millones que cuestionan los aspectos más groseros de esta democracia para ricos y buscan una salida a la crisis social sin ajustes y recortes, o los millones de catalanes que no quieren abandonar el derecho a decidir a cambio de una reforma cosmética de la Constitución del ‘78.

Prepararse para nuevos fenómenos de la lucha de clases que se cuelen por las grietas del Régimen político y la crisis del bipartidismo, fortaleciendo una perspectiva anticapitalista y de clase que cuestione los límites del nuevo reformismo, es la principal tarea que tiene por delante la izquierda que defiende una salida obrera y popular ante la crisis capitalista.




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