Mundo Obrero Estado Español

PRIVATIZACIONES Y PRECARIEDAD

De qué hablamos cuando hablamos de Sanidad 100% pública

Podría decirse que hay una amplia mayoría social que se muestra a favor de la reivindicación por una “sanidad 100% pública”, y más aún si añadimos que sea de calidad y universal. Fiel reflejo de ello es el nacimiento en Madrid de una Marea Blanca surgida contra los recortes sanitarios de 2012.

Aitor Bayon

Celador del SERMAS | @saludalegria

Pablo H.

Celador del SERMAS

Martes 23 de junio | 10:20

Fotos: Izquierda Diario

Pero es muy probable que si preguntamos qué parte del sistema sanitario en la actualidad no es público, la respuesta no sea tan clara y unánime. Es comprensible que no se conozca al detalle cómo funciona todo el entramado sanitario y que surjan dudas sobre él, pero son justo los espacios grises los que no salen en la foto, como la limpieza, las cocinas o el mantenimiento, los espacios más privatizados. Hacer visibles esos espacios y reivindicar que sean públicos es probablemente una tarea pendiente que queremos abordar para que lo que aún hoy no es totalmente público, ni en el ámbito estatal ni en las comunidades autónomas, llegue a serlo más pronto que tarde.

El origen de este proceso se remonta a la propia Ley General de Sanidad que en su artículo 90 permite la opción privatizadora, que ya con posterioridad fue desarrollada con la Ley 15/97 y aplicada en nuestro caso por la Comunidad de Madrid desde una perspectiva que abiertamente apuesta por convertir en negocio privado parte de nuestra salud. Así se implantó el Área Única Sanitaria que ha servido de excusa para destruir empleo, separarnos de un modelo de salud comunitaria, y que en un momento tan difícil como el actual se ha demostrado ineficiente al atender la pandemia desde una perspectiva espectacular y uniforme, donde lo prioritario ha sido generar una noticia mediática como la construcción de Ifema, aunque a su vez esto haya significado el cierre temporal de decenas de centros de salud, relegando las necesidades de cada población a un plano secundario.

La pandemia del COVID-19 ha puesto de manera clara las cartas bocarriba, se ha demostrado que lo realmente importante es la salud y el cuidado de las personas y eso ha chocado radicalmente con la propia estructura del sistema de salud actual. Hemos visto como los años de recortes, la falta de personal y la privatización de la estructura sanitaria y de cuidados (hospitales, residencias, etc.) han dificultado mucho la respuesta a la pandemia, han supuesto un sobreesfuerzo a los y las trabajadoras y han implicado posponer muchas de las consultas médicas programadas

Es importante remarcar que justo la mayor parte de las privatizaciones en la Comunidad de Madrid han sido realizadas en áreas de la salud que podrían entenderse como auxiliares a la medicina. Frente a una mayoría de la población que defiende la necesidad de que el sistema sea público, lo que ha resultado más fácil de privatizar son aquellas tareas menos visibles y menos valoradas socialmente.

Así no es casual que se privatizaran los servicios de limpieza (en el momento en que escribimos esto, el servicio de limpieza del Hospital Gregorio Marañón está bajo amenaza de privatización), haciendo que un trabajo feminizado, tan esencial, y duro, sea prestado por personas contratadas por pocas horas y con salarios muy bajos, mientras que las empresas concesionarias se llevan grandes sumas de dinero. Esto se fue ampliando a los servicios de cocina de los hospitales, sustituyéndolos por contratas de cáterin y restauración donde vuelve a primarse el interés privado a la salud y calidad, ofreciendo menús con todo tipo de ultraprocesados (galletas, bollería, congelados, etc.). La alimentación (tanto de pacientes, familiares y profesionales) es una parte fundamental de la salud y no debe estar en manos privadas. De hecho se nos ocurre que cambiar el modelo alimentario de los hospitales podría ser un buen punto de partida para generar un debate serio sobre una educación para la salud que haga énfasis en la prevención.

En la actualidad también encontramos una infinidad de profesiones y servicios que han ido siendo privatizados unos tras otros con consecuencias desastrosas y sobrecostes para la sanidad: las citas médicas asignadas a través de call centers que privatizan y precarizan la función administrativa, la lavandería central (las nuevas contratas reciben infinidad de quejas por la suciedad en la ropa), el transporte y los portes de material (trayendo falsos autónomos, sobreexplotación y sobrecostes), los vehículos y talleres propios (destrucción de empleo, patrimonio y sobrecostes), mantenimiento (quejas por el ahorro en materiales y falta de atención), laboratorios (problemas con análisis y pruebas), suministros y farmacia (en manos de empresas y lobbys). Y por si no teníamos suficiente con todo ésto, según las últimas noticias el Hospital Infantil Niño Jesús ha entrado también en la carrera privatizadora al querer la Comunidad de Madrid pagar la ampliación de sus instalaciones con la concesión del nuevo parking a una empresa por 40 años.

La categoría celador/celadora ha sido la última en ser destruida en los nuevos hospitales privatizados: ha pasado a llamarse TIGA (Transporte Interno y Gestión Auxiliar) y ha sido incluida en el convenio de limpieza (menos sueldo y derechos), prestada por empresas contratistas. Además, han quitando funciones como la vigilancia, la apertura y cierre de las instalaciones (privatizadas) y otras como la gestión del correo (dadas a las empresas de transporte).

Todo lo anteriormente mencionado tiene un doble objetivo en conexión con la ideología neoliberal que lo ha propiciado: por un lado precarizar las condiciones laborales de todas esas profesiones y por otro lado abrir y abrir lo público a las empresas privadas, para que hagan negocio con aquellas áreas que puedan resultar rentables. Así se entiende que los hospitales que eran en una buena parte autónomos a la hora de esterilizar gran parte del material quirúrgico y sanitario (mascarillas y guantes incluidos), ahora dependan de grandes cadenas de distribución global para proveerse de un material de usar y tirar. Un negocio redondo para las empresas, un despilfarro para el sistema público y un nuevo ataque al medioambiente.

Este modelo es además un buen caldo de cultivo para el enfrentamiento, el individualismo y la falta de solidaridad entre quienes realizan esos trabajos “externalizados”, ya que pertenecen a distintas empresas y su continuidad laboral está siempre en riesgo. Con estas privatizaciones que no paran de degradar condiciones laborales, ¿dónde queda el bienestar completo físico, mental y social de las y los trabajadores de la salud?

Entendemos la Salud más allá de la falta de enfermedad y creemos que solamente un sistema integral de salud público al 100% puede dar una respuesta adecuada a las necesidades de la población (tanto a quienes la usan como a quienes trabajan en ella).

La Comunidad de Madrid lleva más de veinte años haciendo propaganda y políticas neoliberales en la sanidad, y eso tiene unas consecuencias claras: unas listas de espera interminables, falta de personal, profesiones privatizadas, oposiciones cada década (y no es exageración), falta de recursos, centros de salud y hospitales con una gestión cada vez más piramidal y con presupuestos según los intereses económicos, plantas cerradas, centros degradados y abandonados, reducción del horario de apertura de los centros de salud (medida en prueba), hospitales y residencias al límite de su capacidad y una deuda inmensa y eterna con las empresas privadas. A todo esto hay que añadir una falsa ilusión de libertad y atención individualizada con el Área Única que ha traído la libre elección de profesional y de centro, a la par que se han probado nuevos cambios sutiles como crear puestos administrativos en mesas sin mamparas pensadas para dar protagonismo al paciente, pero dejando de lado criterios médicos tan claros como la exposición y el contagio (obvia decir que en época de covid se han tenido que cambiar a marchar forzadas).

Todo este empeño en hacernos usuarios individualizados, aleja y dificulta la puesta en práctica de una medicina comunitaria que para nosotros es clave para que los problemas sociales no se conviertan en problemas de salud crónicos que se vivan en soledad. Poner en común los problemas ayuda a entender que lo que nos pasa les pasa a otras personas y puede tener orígenes similares, así que hacer énfasis en la prevención y en una buena educación para la salud en el recurso asistencial más cercano, como son los centros de Atención Primaria, puede evitar que se termine acudiendo a otros centros más especializados. Pero tristemente la inversión en Atención Primaria está muy por debajo de lo que se destina a la atención hospitalaria, a la tecnológica, y a la industria farmacológica.

Para nosotros el proyecto del Centro de Salud Vicente Soldevilla de Vallecas es un espejo en el que mirarnos. Partieron de un reconocimiento del entorno poblacional y habitacional, y desde ahí desarrollaron estrategias para mejorar integralmente la salud de la población, además de establecer en ese camino puentes con el tejido asociativo local. Como comenta Mª José Garcia Berral [1], enfermera familiar y comunitaria del equipo que formalizó dicho proyecto: «Cuando la población se dio cuenta de que también estábamos ahí para apoyarles, venían a la consulta ya no solo para hablar de sus dolencias, sino para exponer los problemas que tenían como colectivo y a aportar soluciones. A partir de ahí se empezaron a crear órganos de participación y empezamos a hacer montones de cosas interesantes que no han parado en más de 30 años de historia del centro».

Tras indicar todo lo anterior y haber vivido una pandemia desde el corazón de la sanidad pública madrileña, apostamos claramente por derogar las leyes que permiten privatizar los centros y recursos sanitarios, por volver al modelo de Áreas de Salud por zonas básicas de salud, porque todo el personal relacionado con los servicios de salud pasen a ser personal estatutario de la sanidad madrileña y que se refuercen todas las estructuras sanitarias, especialmente las de medicina comunitaria, atendiendo cada caso particular y dotando de recursos a los centros según las necesidades concretas de cada población. No cuesta mucho imaginar, y menos aún con la crisis económica y social que tenemos encima, que las consecuencias del confinamiento no van a ser las mismas para las personas que viven en grandes casas y que tienen buenos trabajos, que para las personas que por el contrario viven en viviendas precarias o infraviviendas, o que han perdido sus trabajos, o que sufren violencia de género, o que viven de la economía informal, o que no cotizan todas las horas que trabajan, o que tienen problemas con su situación administrativa, o que simplemente no llegan a fin de mes y no pueden ni comprarse mascarillas.

Por eso en estos días de pandemia global la idea y el objetivo de hacer realidad el mensaje de una Sanidad 100% pública, de calidad y universal nos parece fundamental, porque hablar de ello significa centrar el foco en las soluciones colectivas y poner a las personas y los cuidados en el centro mismo de nuestra sociedad.

Pablo y Aitor, celadores del SERMAS



[1Página del crowdfunding para realizar un documental sobre el Centro de Salud Vicente Soldevilla: https://www.goteo.org/project/loscuidados





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