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Después de las elecciones, la vida sigue igual en Galicia

Las profundas crisis internas de PSOE, En Marea y el BNG, han beneficiado que el PP ganara nuevamente por mayoría absoluta.

Jacobo A. García

@Jacobscarface

Martes 27 de septiembre de 2016 | 21:06

Foto: EFE

A la espera del voto por correo, que fue solicitado por unas 70.000 personas, la participación fue superior a los anteriores comicios, situándose en un 64%. No obstante, estos datos dan lugar a confusión, ya que el censo electoral fue de unas 400.000 personas menos, debido al envejecimiento de la población y a la emigración. Además, muchos emigrantes tienen serias dificultades para tramitar su voto por correo, donde la abstención es mucho mayor.

Los resultados provisionales de la jornada del 25 de septiembre dieron al PP 676.676 votos, un 53 % y 41 escaños, marcando una pequeña subida en votos, de unos 16.000, explicada por el varapalo sufrido por Ciudadanos.

En Marea por su parte, recibió 271.418 votos, superando el 19% y 14 escaños, que igualan a los del PSOE. Esto supone un nuevo triunfo por parte de las nuevas formaciones políticas encabezadas por Podemos, ya que con AGE había logrado un 14% y 9 escaños en los pasados comicios autonómicos. Pero hay un descenso con respecto a las generales de varios puntos, que dejan un sabor agridulce.

El PSOE ha recibido 254.552 votos, es decir un 17,88% y 14 escaños. Son los que se han llevado la peor parte en esta elección, ya que no tuvieron unos resultados tan malos desde hace 15 años, cuando el BNG liderado por Beiras los superó. A la actual crisis interna a nivel estatal, se suma la desconfianza hacia su gestión en las instituciones y la histórica relativa debilidad en Galicia, con respecto a otras regiones.

El BNG consigue aguantar el tirón con 118.982 votos, un 8,36% y 6 escaños. Sin embargo, es la peor elección en 27 años y un síntoma más de la caída libre que ha sufrido el BNG desde la irrupción del nuevo reformismo en el arco político.
Por último, Ciudadanos obtuvo un escueto 3,38%, lo que le impide obtener representación parlamentaria.

Lejos de pensar que la clase obrera gallega podría haber dado un paso a la derecha o que la estructura económica y social es diferente en relación a la del resto del Estado como posibles factores a tener en cuenta para analizar los resultados, aportamos aquí algunas claves para ayudar a comprender más en profundidad la situación.

Históricamente Galicia ha sido una tierra de emigrantes, es más, con el surgimiento de la crisis económica, más de 300.000 jóvenes gallegos cruzaron fronteras tras el azote del paro y la precariedad laboral. Hoy, muchos de ellos tienen dificultades para realizar el voto por correo, o sienten una profunda desafección por la casta política.

Contrariamente a esto, una gran parte del electorado de derecha es población jubilada, con profundos prejuicios religiosos y conservadores, dispersada en pequeños grupos rurales o semi-rurales. Esto explica que el PP casi nunca baje del 40 % de los votos válidos.

Por otra parte, los principales centros industriales, el sector turístico y el pesquero, se concentran en la costa de Coruña y Pontevedra, donde se produce la mayor parte de la riqueza del territorio, tres cuartas partes de los dos millones de personas con derecho a voto, y donde reside el mayor núcleo de población. Sin embargo ostentan menos de las dos terceras partes en escaños. Además, la Ley de Hont también se aplica a Galicia y las formaciones con menos del 5 % de los votos no pueden acceder al parlamento. Esto explica que con un 47 % de los votos, el PP tenga 54 % de los escaños.

Las profundas crisis internas de PSOE, En Marea, y el BNG, han beneficiado que el PP ganara nuevamente por mayoría absoluta. La gestión del PSOE y el BNG en el bipartito del 2005 al 2009 les pasó factura, además el BNG lleva sufriendo fracturas desde el 2012 y se mantiene solamente gracias a su fuerte estructura burocrática dominada por la UPG, que a su vez controla la principal central sindical, la CIGA.

Por otra parte, la abstención siempre se sitúa entre el 35 y 45 % en Galicia, lo que demuestra la desafección por las instituciones y la falta de confianza en los políticos. Una parte de esta abstención puede ser explicada por izquierda, como pérdida de votos del BNG o En Marea, como explicamos aquí.

La manipulación política y mediática: es otro de los grandes factores que propician los actuales resultados. Feijóo tiene en su poder a la TVG, la televisión de Galicia, un canal dirigido casi en exclusiva a la propaganda política (para lo cual restringe la libertad de expresión de los trabajadores, que ya se han quejado en numerosas ocasiones) del partido.

En definitiva, estos resultados, más que una derechización de la población gallega, expresan un fracaso parcial de la centro-izquierda e izquierda reformista por aglutinar a la clase trabajadora y los sectores oprimidos. Un fracaso que se manifiesta en una abstención por izquierda, fruto a su vez de la falta de centralidad en el discurso político de la movilización social.

Es por ello que se hace necesario impulsar una alternativa anticapitalista y obrera, que no deje en el tintero las principales aspiraciones sociales, plantee un programa de rescate a los sectores populares, y se proponga la lucha de clases como principal herramienta de cambio.






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