SUPLEMENTO

Drunk History: ¿pedagogía del siglo XXI?

Óscar Fernández

Foto: Comedy Central

Drunk History: ¿pedagogía del siglo XXI?

Óscar Fernández

En un siglo hiperconectado como el nuestro, formas más didácticas de transmitir el conocimiento han surgido a partir de las plataformas virtuales. Algunas han tenido éxito al enfocarse en analizar aspectos específicos del pasado, pero otros le han imprimido un perfil más afín a la comedia.

En la plataforma comédica “Funny or Die”, Derek Waters ideó “Drunk History”, una manera cómica de contar la historia teniendo a un invitado en estado de ebriedad hablando sobre un tema en específico. La idea pronto se volvió un éxito y el canal Comedy Central la convirtió en una serie que ya lleva seis temporadas; una búsqueda rápida de uno solo de sus episodios tiene miles de likes en cuestión de horas.

Y como no puede ser de otra manera, dicha idea se “tropicalizó” en México, donde llegó en la forma de “Drunk History: el lado borroso de la historia”, presentado por el comediante Eugenio Derbez; en Brasil, como “Drunk History Brasil: o Lado Embriagado da História”, y en Argentina como “Pasado de Copas: Drunk History” con Marcos Mundstock de Les Luthiers como presentador.

El balance entre la verdad y la comedia

La historia como disciplina es un campo delicado: uno no puede dejar de lado los detalles que componen a un acontecimiento, pero tampoco puede mostrarse ajeno a esas realidades. Los eventos del pasado no son simples hechos registrados, sino que fueron vividos y realizados por personas de carne y hueso, muchas cuyas voces suelen ser olvidadas en favor de los grandes mitos y personalidades que irrumpieron en el escenario. No es sólo que la historia la escriban los vencedores, sino que muchas veces también cuenta con el sesgo de las clases dominantes, esas que, como afirmara Marx en el Manifiesto, han luchado “durante toda la historia de la humanidad hasta nuestros días”.

Debido a esto, muchas personas han señalado que transmitir el conocimiento histórico no es algo que pueda hacerse con facilidad. Con el advenimiento de las redes sociales, ciertamente ha resultado más sencillo encontrar canales especializados en análisis histórico de determinados temas.

Por ejemplo, está el caso de History Buffs, cuyo presentador es el escritor Nick Hodges y que se especializa en hacer reseñas de series y películas históricas para contrastar qué tan fidedigna es su adaptación. Está el caso de la serie The Great War, presentada por el historiador Indiana “Indy” Neidell a propósito del centenario de la Primera Guerra Mundial, donde hizo un trabajo extenuante en relatar semanalmente cómo avanzaba el frente de batalla, dar a conocer lo que hicieron personajes históricos en la época —como Hitler o Mussolini—, cómo ésta afectó países como México —al que le dedica un episodio especial—, e incluso hacer episodios sobre las armas y sus impresiones del retrato de la guerra en otros medios —como el juego Battlefield 1.

Otro género similar es el de Simple History, el cual, en el estilo de una infografía animada, explica de manera sintética un evento en particular. Le acompaña el canal OverSimplified, el cual le añade un toque de humor con imágenes elaboradas en Paint y Photoshop.

Drunk History caería en un lugar entre ambas posiciones, ya que, si bien explica con humor (o al menos eso intenta) un evento o la vida de una persona, también lo hace recreando las escenas mezclándolas con el diálogo que el invitado, en estado de ebriedad, intenta decir de manera coherente. Los invitados de Derek Waters suelen ser gente conocida dentro del medio del entretenimiento, llegando a tener frente a las cámaras al actor Don Cheadle o a la cantante Zoey Deschanel; pero en la adaptación a México, los espectadores han tenido que ver la historia nacional contada por personajes como Chumel Torres (quien políticamente es de derecha), es decir, gente con presencia mayoritariamente fuerte en redes sociales y no dentro de los medios de entretenimiento convencionales —el cine y la televisión.

A esto se añade un tema que en México siempre es motivo de polémica, y es el de la llamada “historia oficial”, la cual ha impregnado la enseñanza de esta disciplina debido a los planes de estudio del gobierno, siempre dando una versión favorable de los hechos de acuerdo a la administración que esté vigente. Contemplado esto, ¿cómo hacer que la idea de Drunk History pueda despegar sin cargar ese estigma?

De adaptaciones y simplificaciones

Lo que originalmente podría describirse como una idea hecha para un canal de sketches cómicos ha derivado en una serie que ha generado ganancias para la productora y cimentado el nombre de Derek Waters en el medio del entretenimiento. Después de todo, pocos son los programas que abordan el tema de la historia, ni qué decir los que lo mezclan exitosamente con humor.

Pero adaptar esa idea a un medio y un contexto como el latinoamericano no está excento de problemas. Más allá del ya mencionado uso de personalidades de redes sociales, las adaptaciones del estilo del Drunk History original se ven demasiado mecánicas para el público objetivo; no es un humor completamente compatible con el de los mexicanos —dejando de lado las expresiones altisonantes—, sino que se nota bastante artificial.

Con esta combinación, salta entonces la interrogante de qué tanto conocimiento realmente se está transmitiendo en el medio, qué tantos estereotipos y “mitos” se siguen perpetuando, cuáles verdaderamente se están desmintiendo y cuánto se está dejando de lado. Como dijimos, la historia no es algo fácil de explicar ni resumir si tomamos en cuenta que ésta la hacen miles de personas nombradas y anónimas que tienen su propia versión de los hechos; ¿cuántos factores objetivos y subjetivos no se estarán ignorando con el afán de mantener el humor y el estilo del show?

Y es que la ventaja —o desventaja, como se quiera ver— del programa yace en que no se tiene que basar en demasiado para dar a conocer “su” punto de vista. Si History Buffs puede recurrir a fuentes y datos es porque pretende contrastarlos con la forma en que éstos se plasman en el medio, si The Great War puede reseñar el avance de la guerra es porque se apega a las noticias de la guerra y las explica para un público del siglo XXI —es decir, un público que puede leer más allá del discurso patriotero de la prensa de la época y ver lo que Clausewitz decía que era “la continuación de la política por otros medios [los medios violentos]”. Pero Drunk History puede darse el “lujo” de mantenerse en el eje central, el relato del invitado, sin que esto perjudique la dosis de risa que se pretende imprimir.

¿Qué futuro nos depara?

El siglo XXI ha traído una interconexión que generaciones pasadas jamás pudieron imaginar, pero también ha generado paparruchas (denominadas fake news en el argot actual) que se vuelven virales y se toman por verdaderas —ese molesto fenómeno llamado “posverdad”, donde parece que provenir de medios no convencionales dota a la fuente de una autoridad que no podría tener por sí misma. No podemos decir con certeza que Drunk History no será inmune a este fenómeno, pero sí podemos señalar que, efectivamente, hoy la información está más accesible que nunca.

En cierto sentido, Drunk History puede darse el mérito de que, de una u otra forma, ha acercado a un público que quizá no era tan susceptible de consumir contenido de esa índole, una manera de aprender historia. Pero es menester señalar que esto sólo sería un primer paso para adentrarse en un medio que, si bien es complejo, también tiene una riqueza de información que merece rescatarse.

La historia, como el lector se podrá haber dado cuenta, no muerde ni aturde, sino que puede decirnos muchas cosas que hasta resultan intrigantes y despiertan nuestra curiosidad. Coadyuvar a que podamos, como lo decía el historiador Pierre Broué, “trabajar por acercarse lo mejor posible a la verdad histórica, lo que podríamos llamar, no un combate por una historia revolucionaria, sino un combate revolucionario por la historia”.

Hacia allá nos pueden llevar los medios de comunicación masiva: a buscar e investigar por nuestra propia cuenta, pensar críticamente, obtener toda la información posible y un criterio propio. Hoy el conocimiento de la humanidad está al alcance de nuestras manos; no desaprovechemos las oportunidades.

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Óscar Fernández

@OscarFdz94
Politólogo - Universidad Iberoamericana
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