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DOSSIER A 50 AÑOS DE SU ASESINATO

El Che Guevara contra los furgones de cola del imperialismo

La figura de Ernesto Che Guevara simboliza la idea de la rebeldía contra la injusticia y de la revolución contra el orden establecido. En cualquier lugar del mundo, su imagen estampada en remeras, posters o banderas, acompaña las movilizaciones sociales como un estandarte.

Domingo 8 de octubre | 14:35

El Che Guevara ha sobrepasado las fronteras de la muerte para transformarse en un mito. Y como todo mito que despierta esperanzas en los explotados, su figura es utilizada por movimientos políticos hostiles a lo que el Che sostenía en vida. Por ejemplo, los partidos comunistas que en vida del Che fueron enemigos declarados del cuestionamiento por izquierda que representaba el guevarismo. El chavismo, que representó una reedición del nacionalismo burgués, lo incorporó como parte de la herencia del autoproclamado "socialismo del siglo XXI". El kirchnerismo en la Argentina, por su parte, colocó la figura del Che en la Galería de los Patriotas, mientras mantenía fuerzas de ocupación en Haití al servicio de la política imperialista. Hoy podemos ver como Unidad Ciudadana, utiliza la imagen del Che para llamar a votar contra Mauricio Macri Blanco Villegas.

La razón para este intento de apropiarse de la figura del Che, hay que buscarla en la necesidad de los reformismos y los políticos burgueses "nacional-populares" o "progresistas" de hacer suyo el símbolo de las luchas revolucionarias y antiimperialistas para cubrir desde el discurso sus capitulaciones frente al imperialismo y la prédica de la armonía entre el capital y el trabajo. Pero en América Latina, la Revolución Cubana demostró ya hace tiempo que sólo el poder de obreros y campesinos puede derrotar al imperialismo, que no cabe colaboración alguna con las burguesías nacionales.

La derrota ideológica del reformismo

Uno de los significados profundos de la Revolución Cubana fue que expresó una derrota ideológica contundente para el dogma stalinista de la “revolución por etapas” y la conciliación de clases con la burguesía en América Latina. Puso en claro la imposibilidad, como sostiene la teoría de la revolución permanente, que la burguesía nacional pudiera cumplir las tareas de la liberación nacional del imperialismo y de la transformación revolucionaria de la propiedad de la tierra.

Hasta la Revolución Cubana, era hegemónica en la izquierda la idea stalinista que pregonaban los Partidos Comunistas, que planteaba que la revolución social en América Latina no era posible y militaban contra ella. Los PC’s sostenían que en nuestros países estaba planteada una revolución antifeudal y antiimperialista que necesariamente debía ser encabezada por la burguesía nacional. La clase obrera y los campesinos tenían que subordinar sus intereses al de la causa común con la burguesía y debían reducir sus objetivos, conquistando cierta democracia formal y alguna reforma social. La izquierda tenía para tal fin que aliarse políticamente a los partidos burgueses democráticos y -en el mejor de los casos- nacionalistas. Como consecuencia la violencia revolucionaria, la insurrección, la independencia de clase y la revolución socialista estaban borradas del horizonte militante de esa izquierda.

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La experiencia cubana fue un revulsivo golpe contra este tipo de concepción. En Cuba, la política original de alianza con la burguesía del Movimiento 26 de Julio había volado por los aires y la revolución expropiaba el latifundio y las fábricas de manos de los capitalistas.

A su vez, la Declaración de La Habana que sostenía que “el deber de todo revolucionario, es hacer la revolución” era un golpe contra la política de conciliación con la burguesía de los partidos comunistas, contra la coexistencia pacífica predicada por Moscú y contra la subordinación de las masas al nacionalismo burgués.

Guevara y la lucha contra la burguesía nacional

El Che Guevara es opuesto al etapismo y por consiguiente un férreo opositor a depositar cualquier confianza en la burguesía nacional. Había pasado por la experiencia guatemalteca del nacionalista Jacobo Árbenz, quien fuera derrocado por el Coronel Carlos Castillo Armas, apoyado por EE.UU., en junio de 1954. En carne propia el Che asistió a la capitulación de un gobierno progresista que se negó a resistir a la reacción armando al pueblo obrero y campesino; Perón hizo lo mismo frente al golpe gorila de 1955 y el precio de esa capitulación deshonrosa fue pagado por la clase trabajadora y el pueblo pobre.

Durante la Revolución Cubana, el M26 buscó gobernar junto a la burguesía opositora a Fulgencio Batista con quien había firmado el Pacto de Caracas. El Che se oponía desde el vamos a dicho pacto. Pero fue el desarrollo de la revolución el que alineó a la burguesía y los terratenientes junto al imperialismo, antes que permitir una revolución que mejorara a sus expensas las condiciones de vida del pueblo.

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La conclusión del Che fue que “En las actuales condiciones históricas de América Latina, la burguesía nacional no puede encabezar la lucha antifeudal y antiimperialista. La experiencia demuestra que en nuestras naciones esa clase, aun cuando sus intereses son contradictorios con los del imperialismo yanqui, ha sido incapaz de enfrentarse a éste, paralizada por el miedo a la revolución social y asustada por el clamor de las masas explotadas” (E. Guevara. Guerra de guerrillas: un método).

Revolución agraria y liberación nacional

Para el Che, la revolución latinoamericana enfrentaba a la burguesía nacional en sus motores fundamentales: la lucha contra el imperialismo y por la tierra.

Explicando la revolución agraria en Cuba, sostenía que “En la Reforma Agraria están planteados los términos de la lucha por la liberación del país y también se plantean los grandes dilemas que esta Revolución ha puesto sobre el tapete”. ¿Cuáles eran estos dilemas? “Nuestra Revolución va contra el antiguo derecho de propiedad; lo va a romper y lo va a aniquilar, porque nuestra Revolución es por sobre todas las cosas antifeudal y antilatifundista, y debe romper primero estas relaciones sociales...Ahora al hacer esta Reforma Agraria (...) tuvimos el primero y muy serio de los choques contra los capitales extranjeros que se habían adueñado del territorio nacional...”. (Discurso en el Banco Nacional. 29/1/1960). Como se puede ver, el Che comprendió bien que la revolución agraria enfrenta no sólo al latifundista sino al derecho de propiedad y al propio imperialismo, personificado en el capital extranjero. Pero además, comprendió que la burguesía nacional no podía constituir un freno a la dominación imperialista y llamaba a oponer la revolución socialista al liderazgo de la burguesía nacional: “las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución” (Mensaje a los pueblos a través de la Tricontinental).

Furgones de cola

El chavismo, el kirchnerismo, los progresismos latinoamericanos, partidarios todos de la conciliación de clase; son agentes políticos de una pretendida burguesía nacional y, como tales, furgones de cola del imperialismo. El kirchnerismo que hoy se presenta como oposición a la ofensiva reaccionaria del gobierno macrista, supo ser un buen agente del imperialismo. En vida de Néstor Kirchner, fue responsable de presentar el pago de la deuda externa al capital financiero como acto soberano. Fueron impulsores de la colaboración directa con la política exterior norteamericana, como en Haití o elevando como política de Estado las acusaciones del fallecido Alberto Nisman en contra del Estado iraní. El gobierno de CFK llevó adelante la entrega de los recursos mineros y petroleros a los pulpos imperialistas, así como apoyó a rajatabla a las patronales extranjeras de Lear y Gestamp contra obreros que luchaban por sus derechos, como una muestra de sumisión. Para cerrar el círculo, Axel Kicilof militaba la idea típica del gorilismo cipayo argentino de que el salario es ganancia.

La tarea de la liberación nacional y social sigue pendiente, y sólo podrá ser conquistada por una clase obrera que rompa políticamente con los representantes de la burguesía nacional y lleve a cabo una revolución que construya el poder de obreros y campesinos.






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