Cultura

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA

El Cielo por Asalto. La Revolución Rusa (1905-1917), último libro del historiador Antonio Liz

En ocasión del año del centenario de la Revolución de Octubre, compartimos en exclusiva para todas nuestras lectoras y lectores la presentación del último libro del historiador Antonio Liz: El Cielo por Asalto. La Revolución Rusa (1905-1917).

Jueves 20 de abril | 19:04

Presentación

Para situarse adecuadamente antes de comenzar la lectura de este libro hay que entender que un proceso revolucionario no es el producto de una receta de un líder genial sino de las imperiosas necesidades materiales y políticas de millones de personas. Lo que sí hace el líder verdaderamente genial es, precisamente, recalcar este hecho, que “en la vida de los pueblos los cambios no se producen porque algún partido los aconseje; decenas de millones de personas no marchan a la revolución por consejo de un partido (…). Repito que decenas de millones de personas no van a la revolución por encargo: van a ella cuando la necesidad, no dejándoles otra salida, los fuerza a hacerlo, cuando el pueblo se ve reducido a una situación insoportable, cuando la ola arrolladora general, el ímpetu decidido de decenas de millones de hombres rompe todos los viejos diques y está verdaderamente en condiciones de crear una vida nueva” (Lenin).

Esto no quiere decir que los auténticos líderes revolucionarios, los auténticos programas revolucionarios y los auténticos partidos revolucionarios no hacen falta. Al revés, no sólo no hacen falta sino que son imprescindibles para llevar a buen puerto los anhelos de la masa revolucionada por las necesidades materiales y políticas. Ahora bien, si la revolución social estalla de forma natural por las contradicciones que ha acumulado la propia sociedad a los revolucionarios no les es suficiente con acompañar de manera empírica al proceso revolucionario sino que se tienen que formar y organizar mucho antes de que estalle la propia revolución para así poderla acompañar adecuadamente.

El autor es consciente que ningún historiador puede ser imparcial en un mundo dividido en clases sociales como también es consciente que un libro que se aproxime a los hechos es una herramienta política transformadora porque, como le enseñaron sus maestros –Marx, Engels, Lenin, Trotski y Rosa Luxemburgo-, no hay nada más revolucionario que la verdad. Por lo tanto, es obsesión metodológica del autor aproximarse lo más posible a la esencia de lo sucedido en el proceso histórico porque entonces el libro será un valor de uso.

Que se cumplan 100 años de la Revolución rusa no es un tema nada baladí ya que su existencia produjo una inflexión en el proceso histórico. Producto de esa inflexión hay quienes la califican de tragedia y hay quienes la calificamos de epopeya. Y ambas partes tenemos razón. Fue una tragedia para la clase dominante y fue una epopeya del pueblo trabajador. Los que ayer vocearon que había llegado el Fin de la Historia y los que hoy vocean que cambiar el mundo de base es un imposible comparten los escaños de la tragedia. Los que afirmamos que ninguna sociedad es eterna porque la ley suprema de la Naturaleza y de la Historia es el movimiento contradictorio permanente ocupamos la bancada de la epopeya.

La Revolución rusa ocurrió en 1917 pero los ríos de tinta de los intelectuales de clases antagónicas dan fe que no está en el museo de antigüedades sino en la dinámica social y política del tiempo presente porque la lucha entre los opresores y los oprimidos no ha concluido.

Antonio Liz

Madrid, 6, abril, 2017






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