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CRISIS EN ESTADOS UNIDOS

Con el Capitolio militarizado, empezó el debate de impeachment contra Trump ¿Qué esperar?

La bancada demócrata de la Cámara de Representantes había presentado el lunes la acusación para iniciar un impeachment. Lo hicieron luego de que los republicanos bloquearan un pedido al vicepresidente Mike Pence para que lo destituya por incapacidad.

Juan Andrés Gallardo

@juanagallardo1

Miércoles 13 de enero | 15:10

La Cámara de Representantes de Estados Unidos inició este miércoles una sesión en la que prevé votar un nuevo juicio político contra el presidente Donald Trump tras el asalto al Capitolio de la semana pasada. De aprobarse el inicio del proceso, de después deberá pasar por el Senado, Trump se convertirá en el primer presidente en la historia al que se le inician dos juicios políticos durante su mandato.

Los demócratas, con mayoría en la Cámara Baja, buscarán acusar a Trump del cargo de "incitación a la insurrección".

El voto se prevé que salga adelante con el respaldo de la bancada demócrata, y al menos cuatro legisladores republicanos han anunciado que se sumarán a la iniciativa: Adam Kizinger, congresista de Illinois; Liz Cheney, congresista de Wyoming; John Katko, de Nueva York; y Fred Upton, por Michigan.

El proceso que se inicia hoy deberá continuar en el Senado pero ya una vez que el presidente electo, el demócrata Joe Biden, esté en el poder, y que por tanto no tendrá como principal objetivo la destitución del mandatario sino su posible inhabilitación para ejercer futuros cargos políticos.

Tras el asalto al Capitolio de la semana pasada, Washington y los edificios oficiales se encuentran militarizados, con imágenes de miembros de la Guardia Nacional durmiendo en los pasillos del Congreso. En la capital se anunció un enorme despliegue policial, con más de 10.000 efectivos, y levantando vallas en torno al Capitolio, en cuyas escalinatas se llevará a cabo la ceremonia de investidura de Biden el 20 de enero.

La bancada demócrata de la Cámara de Representantes había presentado este lunes una acusación de "incitación a la insurrección" contra el presidente saliente Donald Trump para que el Senado le inicie juicio político por el asalto de sus partidarios al Capitolio.
La presentación de esa acusación llegó minutos después de que la oposición republicana bloqueara una resolución que pedía que el vicepresidente Mike Pence destituyera a Trump invocando la 25 enmienda de la Constitución.

El hecho de iniciar un impeachment a tan solo una semana de que Trump deje sus funciones expresa la necesidad de enviar un mensaje eminentemente político, antes que de utilidad práctica.

Aislado en la Casa Blanca, abandonado por varios de sus ministros y distanciado de Pence, Trump no dio, sin embargo, ninguna señal de estar pensando en renunciar antes de dejar el mando.

Los tiempos ya no permiten que el juicio político termine en destitución ya que el trámite parlamentario se extenderá más allá de la asunción de Biden, y aún así los demócratas deberían obtener apoyos de los republicanos en el Senado para avanzar.

Así como era poco probable que los demócratas obtuvieran una mayoría de dos tercios de las 100 bancas del Senado para sacar a Trump de la Casa Blanca antes de que dejara el cargo, existe la preocupación por parte de la administración demócrata de que el proceso se extienda más de lo necesario empañando lo que debería ser el período de luna de miel de Biden y las medidas clave que tome en sus primeros 100 días en el Gobierno.

La toma del Capitolio del miércoles pasado, tras la arenga inflamada de Trump, terminó por marginar al presidente, alejando incluso a su vicepresidente, Mike Pence, y a varios de los republicanos en el parlamento que estaban dispuestos, hasta ese momento, a impugnar los votos del Colegio Electoral a favor de Biden, y finalmente terminaron votando a favor del demócrata.

Las imágenes que consternaron a Estados Unidos, pero también dañaron en extremo la imagen maltrecha de la hegemonía estadounidense hacia el mundo, obligaron a cerrar filas entre el establishment político, económico y mediático, en favor del bipartidismo imperialista, y sus instituciones, cuestionadas por derecha e izquierda. Ante ese escenario, republicanos, periodistas y empresarios rechazaron inmediatamente a Trump y coronaron sin fisuras a Biden como el próximo presidente. Por su parte Biden emitió un mensaje en el que agradecía a los republicanos por el respaldo y pedía trabajar para que haya un partido republicano fuerte, que pueda ser una oposición responsable. También adelantó que el eje de su mensaje de asunción será la "unidad y la sanación del país", es decir un abrazo del oso a un partido republicano golpeado, y el intento, imposible, de cerrar una grieta política y social que sigue abierta, a pesar de que la acción en el Capitolio excedió la relación de fuerzas a lo que la base trumpista en pleno, estaba dispuesta a llegar. No así su amplio núcleo duro, que llegó para quedarse.

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Esta unidad inmediata del establishment tras Biden, no implica un proyecto burgués común a largo plazo, sino la el espanto ante las imágenes dantescas proporcionadas por Trump.

En este escenario, la arremetida demócrata de forzar a Pence a destituir a Trump, que fracasó a pocas horas de ser propuesta, como el intento de avanzar en un juicio político exprés a 9 días de su salida, puede romper momentáneamente esa unidad si no logra recoger una mayoría en el Senado.

Todo lo que por estas horas se busca resolver de manera superestructural, con negociaciones de palacio, es expresión de la crisis más profunda de polarización social y política, de hegemonía imperialista hacia el resto del mundo y del bipartidismo estadounidense, que Trump solo vino a dejar al desnudo.

Biden asumirá en una semana, y aunque la unidad por arriba le dará el espaldarazo inicial, que no tuvo Trump cuatro años atrás, desde el primer día deberá lidiar con las consecuencias de la pandemia, una profunda crisis económica y una dañada imagen hacia el resto del mundo. La polarización será el telón de fondo, comenzando por el 73% de los 74 millones de votantes de Trump que creen que hubo fraude y el 45% que cree que estuvo bien la toma del Capitolio. Por su parte, la propia base electoral demócrata espera que tome medidas enérgicas para resolver la profunda crisis que atraviesa el país. Esas expectativas de los trabajadores, los jóvenes, los movimientos antiracistas, entre otros, serán el otro elemento con el que deberá lidiar Biden más temprano que tarde, aún durante lo que dure su luna de miel.

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