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ANDALUCÍA

El PP y Cs pactan en Andalucía con el apoyo de VOX

El acuerdo contempla que el PP presida la Junta de Andalucía mientras que Ciudadanos lo hará en el Parlamento. Vox tendrá sitio con voz y voto en la mesa del Parlamento e intentan sumar a Adelante Andalucía en términos similares.

Ivan Vela

Barcelona | @Ivan_Borvba

Federico Grom

Barcelona | @fedegrom

Miércoles 26 de diciembre de 2018 | 18:19

Foto: EFE

Después de que ayer se reunieran los equipos negociadores de ambas formaciones, Juan Manuel Moreno, líder del PP andaluz, declaró en el parlamento andaluz que “este acuerdo, despeja los obstáculos que había a la presidencia de la junta de andalucia….es más que previsible que yo sea el próximo presidente”.

Las declaraciones del líder regional de Ciudadanos, Juan Marín, confirmaban que “la presidencia de la junta no será un obstáculo para el cambio de Gobierno”.

A la espera de que se termine de negociar la composición de la mesa del Parlamento y del ejecutivo que parecen que están avanzadas, habrá por primera vez un gobierno de derechas en Andalucía desde la transición en adelante, apoyado por una formación de extrema derecha como Vox. Un partido xenófobo, misógino y reaccionario.

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El PP, como parte del acuerdo, ha garantizado un sitio con voz y voto para la formación de extrema derecha liderada por Santiago Abascal en la cámara, cediéndole un sitio en una secretaría.

Ciudadanos busca separarse del apoyo de Vox para formar gobierno, en especial en lo que respecta a los puestos de control de la cámara de la que ostentará la presidencia, por lo que intenta sumar al acuerdo a Adelante Andalucía. Desde Cs ya se había solicitado la abstención de los socialistas para poder prescindir de los votos de Vox, algo que no parece estar en el horizonte.

El nombre que suena fuerte para la presidencia de la cámara dentro de la formación naranja es el de Marta Bosquet, actual diputada por Almería. Aunque oficialmente, Cs esperará a conocer antes si Adelante Andalucía se suma al acuerdo y, como propone Ciudadanos, acepta ser parte de la composición de la mesa de la Cámara junto al PP y el PSOE en las tres vicepresidencias.

De esta manera, el acuerdo incluiría a todos los partidos para la formación del nuevo gobierno y el parlamento.

Marín y su secretario general, José Manuel Villegas, encabezaron una delegación de los naranjas andaluces que se reunieron el pasado miércoles con el dirigente de Adelante Andalucía, Antonio Maíllo, para negociar su apoyo.

Podemos aún no ha decidido se aceptar la oferta de la formación naranja y formar parte así del puzzle conformado por la derecha para gobernar Andalucía. Buscando alejarse de esta opción, la formación de Teresa Rodríguez, podría también optar por alcanzar una de las vicepresidencias votándose a sí misma. Los próximos días darán la respuesta al movimiento decidido por Adelante Andalucía.

Según los planes de Moreno, el debate de investidura tendrá lugar el 16 de enero, fecha para la que todas las piezas del puzzle andaluz deberán estar decididas y colocadas.

Lo que quedar claro es que el dibujo de ese puzzle nada va a tener que aportar a la mayoría de los sectores populares y la clase trabajadora. Pensar que 40 años de corrupción y política clientelar del PSOE andaluz van a acabar teniendo en el gobierno al partido más corrupto de Europa es una ceguera absoluta.

Populares y Ciudadanos han cerrado un pacto de gobierno que se queda mudo frente a las demandas más importantes para el pueblo andaluz. El caciquismo en la tierras por parte de las grandes familias y el empobrecimiento de los jornaleros, la transformación de la gran industria, como los astilleros, al servicio de las necesidades de la población o el peso de la Iglesia en la educación a través de la red de escuelas concertadas, entre muchos otros.

Nada de eso, por lo pronto lo que dejan claro estas semanas de negociación es que cada una de las formaciones votadas en las pasadas elecciones se han preocupado de coger su silla y su buen sueldo, que por cierto, no se descarta que se aumente como parte del pacto PP – Ciudadanos.

Y mientras tanto el PSOE más preocupado de ver qué cargo coger que de su propia debacle. Ese mismo PSOE que Adelante Andalucía y Podemos señalan como cabeza de cartel de una hipotética unidad de los demócratas con la extrema derecha de Vox. Pues ni unidad ni resistencia.

Andalucía está demostrando, en este proceso de conformación de gobierno, como apostar por la vía institucional y de pactos con el PSOE o con cualquier otra fuerza de este Régimen para acabar con el auge de la extrema derecha, es pura quimera.

Precisamente fueron las casi cuatro décadas de gobierno socialista en Andalucía definidos por la corrupción y el clientelismo, los que abrieron la puerta a la formación de Abascal.

Vox es hijo de este Régimen corrupto, del Régimen del “a por ellos”, de las vallas en Melilla y la fabricación de las fragatas para el genocidio saudí en Yemen, donde PP, Ciudadanos y por supuesto el PSOE, han vivido y viven alegremente. Vox no molesta, y ningún agente del Régimen lo ve ajeno y enemigo, excepto claro, en momentos electorales.

Son la clase trabajadora y los jornaleros empobrecidos los enemigos de Vox, lo son las mujeres, los jóvenes precarios, los inmigrantes y el colectivo LGTBI. Es la organización y la coordinación de estos sectores en las calles lo que realmente plantará cara al auge de la extrema derecha de Vox.

Aquellas y aquellos que luchamos por el fin de la precariedad y la explotación, por que dejen de matar a las mujeres y que sean libres e iguales ante la ley y ante la vida, por el derecho del pueblo catalán a decidir su futuro, los que pedimos que se marche Felipe VI, somos los que sufriremos el avance la extrema derecha.

Podemos sigue levantando el discurso del “mal menor”, y ese mal es el PSOE, padre de este Régimen. Frente a esto los sectores atacados por este Estado y por el auge de la extrema derecha debemos organizarnos en los barrios, en las universidades y en los centros de trabajo para plantar cara a la derecha en las calles.

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Es la única vía que no hace elegir entre un verdugo más enfadado y otro aparentemente más amable, sino que plantea una perspectiva independiente para la clase trabajadora y los sectores populares que borre la amenaza de la extrema derecha.






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