Política Estado Español

BRUTAL REPRESIÓN AL REFÉRENDUM

El Régimen del ‘78 cava su tumba en Catalunya

El Gobierno español ha puesto en marcha este domingo un brutal operativo de represión policial contra cientos de miles de personas en Catalunya que querían votar. Mariano Rajoy dudosamente podría ganar la batalla, pero más probable que perderá la guerra.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Domingo 1ro de octubre | 17:00

Las escenas de la brutal represión de la Policía Nacional y la Guardia Civil contra ciudadanos indefensos, ancianos, mujeres y niños, han recorrido las portadas de los diarios y las redes sociales de todo el mundo. En otros países no se entiende qué es lo que está pasando en Cataluña. ¿Los reprimen porque quieren votar?, nos preguntan anonadados desde varios rincones del planeta amigos o familiares a quienes vivimos en el Estado español. Y sí. Los reprimen porque quieren votar, nada más y nada menos.

Hasta las 20 horas, horario programado para el cierre de los locales de votación, se contabilizaban más de 700 heridos y varios detenidos. En la localidad de Aiguaviva la policía utilizaba gases lacrimógenos para dispersar a manifestantes. El saldo final del referéndum no se conocerá hasta más tarde. Muchos locales fueron cerrados por la policía, pero en muchos otros si se pudo votar durante horas, con largas aglomeraciones de gente de forma constante para proteger las urnas.

Por la tarde se realizaron manifestaciones de solidaridad en varias ciudades españolas, la más importante en Puerta del Sol, con varios miles de personas gritando su apoyo a Cataluña.

La noticia más importante por la noche, ha sido la convocatoria de la plataforma Taula per la Democràcia, que incluye a UGT, CC.OO y Unió de Pagesos, además de asociaciones empresariales Pimec y Cecot, para sumarse a la convocatoria de huelga general el 3 de octubre. La convocatoria había sido largada antes por organizaciones de la izquierda sindical.

A las 20:15 comenzó la comparecencia de Mariano Rajoy desde la Moncloa ante los medios de comunicación. "Hoy no ha habido un referéndum de autodeterminación en Cataluña", dijo. "Nuestro Estado de derecho actúa con eficacia y serenidad", agregaba, en un discurso rebosante de cinismo después de los hechos sucedidos durante toda la jornada. Acusó a los independentistas de vulnerar "los derechos democráticos" de la oposición y volvió con la cantinela de que se ha visto "adoctrinamiento de niños, acoso a jueces y acoso a periodistas". Finalmente agradeció a la policía nacional y a la Guardia civil por su actuación durante la jornada. Prometió convocar a los partidos políticos con representación parlamentaria para "dialogar" y concurrir a una comparecencia en el Congreso. Un discurso vacío y cargado de hipocresía.

Poco después hablaba a los medios Pedro Sánchez, líder del PSOE, quien se limitó a reiterar su apoyo a la "legalidad" de la constitución, contra el referéndum, y llamar a un abstracto "diálogo" sin contenido.

Desde la madrugada se ha vivido en Catalunya un clima de tensión contenida en los cientos de colegios ocupados desde la noche del viernes. La orden judicial del TSJC era que a las 6 de la mañana los Mossos d’Esquadra dejaran los colegios desalojados, para evitar que se pudieran poner las urnas y comenzar las votaciones. Sin embargo, los Mossos (la policía de la Generalitat catalana) se han acercado a las escuelas, han levantado actas, identificado a los responsables, pero sus responsables aseguraron que “no podían” desalojar las escuelas sin arriesgar la seguridad de mucha gente que se encontraba presente en las ocupaciones. Fue la forma que encontró esta fuerza de seguridad que responde al gobierno catalán de evitarse “la foto” de la represión, cargando contra vecinos, ancianos y niños (algo que, valga la aclaración, ya ha hecho muchas veces en el pasado reciente). Y, como estaba establecido, asumían el papel represivo a los miles de Guardias civiles y policías nacionales enviados por el gobierno de Rajoy desde todo el Estado. Y entonces si llegaron las fotos, muchas fotos, videos y cientos de imágenes de la represión, que recorrieron el mundo.

El movimiento de resistencia desatado en la jornada de hoy en Catalunya contra la represión estatal y por el derecho a decidir ha sido amplísimo. Cientos de escuelas se estaban organizando desde antes, junto a los recientemente formados Comités de defensa del referéndum, agrupando vecinos, organizaciones sociales y políticas, asociaciones de madres y padres, estudiantes, etc. Una expresión de resistencia popular y ciudadana masiva, con muchos elementos de autoorganización, con centro en los colegios y los barrios. La dirección del procés, ANC y Omniun y las formaciones políticas PdeCat, ERC y la CUP, habían llamado a rodear las escuelas de forma pacífica y ejercer una “resistencia pasiva”, con instrucciones de agarrarse de las manos, sentarse en el suelo y no abandonar los centros de votación. Pero la población hizo mucho más que esto. No sólo resistió pacíficamente una represión feroz, sino que en muchos casos también logró hacer retroceder a la policía.

El Gobierno de Mariano Rajoy hasta ahora se venía jactando ante la Unión Europea y el mundo de aplicar una política de “proporcionalidad” en su respuesta a lo que el establishment llama despectivamente el “desafío soberanista”. Pero la respuesta represiva del Estado fue acrecentando su ofensiva a medida que se acercaba el referéndum, con amenazas judiciales, incautación de papeletas y urnas, la detención de 14 altos cargos públicos de la Generalitat responsables de la logística del referéndum y, por supuesto, el traslado de miles de efectivos policiales a Catalunya.

Hoy se terminaron de caer todos los velos y el Régimen mostró su verdadera cara, la de un Régimen opresor y represivo, que solo se puede mantener a golpe de porra, cargas policiales y secuestro de urnas. El Gobierno ha logrado en gran parte desarticular lo que se proponía ser la logística “normal” de un referéndum, cerrando escuelas y centros de informática. Sin embargo, el referéndum terminó siendo organizado “desde abajo”. Y contra ello se volcó toda la fuerza del Estado, con un ataque sin precedentes de policías encapuchados golpeando a la gente y secuestrando urnas. Una acción que no ha hecho más que acelerar el desprestigio del Gobierno de Rajoy -que se formó solo después de un año de parálisis política mediante un pacto con la derecha “cool” de Ciudadanos y el apoyo fiel del PSOE-. Pero, sobre todo, ha acelerado el descrédito del conjunto del Régimen político nacido de la Transición.

La escalada de tensión de estos días ha llevado a una mayor polarización política, que se expresa por derecha en las acciones recurrentes de grupos neonazis y franquistas que han salido a las calles de las principales ciudades españolas este sábado y domingo cantando el “cara al sol” y llamando a la “unidad de España”. Pero esas manifestaciones no expresan la realidad profunda de amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo. La represión al pueblo catalán ha despertado un amplio y profundo sentimiento democrático en el resto del Estado español. Muchos sectores que no se consideran independentistas han apoyado la realización del referéndum este 1 de octubre, porque lo que defienden es el derecho democrático a decidir, aplastado a porrazos por el Estado central.

La crisis del Régimen ha pegado un nuevo salto, qué duda cabe, y se expresa como una verdadera crisis estatal, porque lo que se ha puesto en cuestión en las calles de Catalunya es la propia autoridad del Estado capitalista español.

A diferencia de hace seis años, cuando estalló el movimiento de los indignados, el 15M, en este momento la crisis económica no es tan aguda -aunque las consecuencias de la crisis se dejan sentir en nuevas generaciones sin empleo, que vivirán peor que sus padres, en el ataque a los servicios públicos y el aumento de la precariedad laboral-. La otra gran diferencia es que la crisis de representación política, que en aquel entonces llevó a que en las plazas se gritara al PP-PSOE que “no nos representan”, dio lugar a la emergencia de nuevas formaciones políticas como Podemos o candidaturas ciudadanas cercanas a su órbita como las que hoy gobiernan ciudades como Madrid y Barcelona. Estos partidos, al calor de esta crisis han jugado el triste papel de negarse a defender el referéndum del 1-O, sembrando ilusiones en la convocatoria de un imposible “referéndum pactado” en los marcos del reaccionario Régimen del ’78. Al mismo tiempo, mientras que en 2012 el PdCat (entonces CiU) era blanco del malestar de la población catalana por los recortes y la represión de los Mossos, hoy se pone el ropaje democrático para encabezar el proceso por la independencia. Que los partidos históricos de la burguesía catalana estén a la cabeza del procés ha sido indudablemente el mayor límite de todo el proceso. Pero, aun así, la situación abierta en Catalunya ha ahondado la crisis del Régimen de conjunto.

El 3 de octubre, la izquierda sindical había convocado en Catalunya una huelga general. Ahora se han sumado a esa convocatoria los sindicatos de la Taula per la Democràcia, que incluye a UGT, CC.OO, masificando esta jornada.

La coyuntura abierta por la represión de este domingo plantea la necesidad de profundizar una perspectiva de lucha independiente, con los métodos de la clase trabajadora, para luchar por el derecho a decidir, contra la represión y el conjunto de las reivindicaciones populares pendientes. Una lucha que hoy tiene su epicentro en Catalunya, pero es necesario generalizar al conjunto del Estado, soldando por abajo la unidad obrera y popular que la burguesía divide por arriba. Para que la batalla de Catalunya se transforme en el primer episodio de un combate por terminar con el Régimen del ‘78, imponer procesos constituyentes libres y soberanos. La perspectiva de fondo es la lucha por gobiernos de trabajadores y abrir el camino a la construcción de una federación libre de repúblicas socialistas ibéricas, pero en ese camino, la lucha por las demandas democráticas, con los métodos de la lucha de clases, es la única perspectiva realista para desarrollar el movimiento y que no termine en una nueva recomposición del régimen con una negociación “por arriba” entre diferentes sectores capitalistas.






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