Juventud

PRIVATIZACIÓN DE LA EDUCACIÓN

El drama de devolver una beca

En los últimos años, las becas del MEC, así como la de otros organismos públicos se han visto reducidas en número y en cuantía además de un aumento de las exigencias académicas para no tener que devolverlas.

Jacobo A. García

@Jacobscarface

Miércoles 22 de febrero de 2017 | 19:22

Foto: Agrupación Revolucionaria No Pasarán

El Ministerio de Educación y Ciencia ofrece varios tipos de becas, por un lado las cuantías fijas para los solicitantes que reúnan los requisitos, y por otro lado las cuantías variables, cuyo importe también está asociado a la nota media del expediente. En el primer caso, se puede recibir una beca simplemente con el importe de la matrícula, una beca asociada a la residencia del estudiante durante el curso escolar, o una beca asociada a la renta del estudiante. Estas dos últimas con un importe de 1.500 euros.

Entre los requisitos académicos para recibir beca de este tipo, está el haber obtenido un 5,5 en la selectividad para la beca del pago de la matrícula, y un 6,5 para el resto de becas con cuantía fija. Así como aprobar al menos del 85 % al 100 % de los créditos el año anterior, dependiendo de la rama del conocimiento, siendo la de ciencias la más estricta. O haber superado del 65 % al 85 % con una nota media de 6. Los requisitos económicos fijan un umbral de 3, el máximo para obtener la mínima beca, con el importe de la matrícula en 32.000 euros para familias de 3 miembros. Para que nos hagamos una idea, 10.000 euros anuales por persona.

Los estudiantes deberán devolver las becas cuando no se hayan superado el 50% de los créditos matriculados, en convocatoria ordinaria ni extraordinaria, o el 40 % para los alumnos de enseñanzas técnicas. Algo que en muchas ocasiones se puede entender, ya que muchos estudiantes tienen que trabajar numerosas horas en trabajos precarios para poder pagarse los mismos estudios, incluso en ocasiones ayudando económicamente a sus familias.

Perder ese tiempo, junto con los elevados costes y tiempos que supone también el transporte, y el cansancio constante, hacen que estudiar sea más difícil para este sector. Es por ello que este sistema de becas es injusto de raíz, y clasista, porque dificulta la formación cualificada de la juventud trabajadora .

Por otra parte, cada vez tienen más peso los préstamos privados, llamados de forma eufemística becas-préstamo. En esta modalidad, los bancos que están presentes en la Universidad, como el Santander, ofrecen las cantidades necesarias para poder costear la matrícula. Sí, esos mismos bancos que fueron rescatados con más de 50.000 millones de dinero público.

Aunque las condiciones las publicitan como “mejores” que otros préstamos, estos hipotecan las vidas de quien los pide, al tener que abonarlos con intereses en el primer sueldo. Se pretende copiar el modelo anglosajón, donde estudiantes permanecen endeudados durante muchos años después de estudiar. Una situación que motivó en su momento el movimiento Occupy Wall Street.

En este marco de progresiva privatización y precarización d ella enseñanza universitaria, el gobierno pretendió implantar el 3+2, que aumentaría al doble el precio de los estudios. La mayor parte de los rectores del Estado español rechazaron aplicarlo hasta 2017, y aún no se ha puesto en marcha.

Sin embargo, la cúpula universitaria no rechazó el decreto por principios si no que lo aplazó por motivos técnicos. El horizonte está puesto en lo que se ha hecho llamar Estrategia 2020, que bajo el paraguas de la excelencia y la innovación, pretende realizar el mayor ataque a al Universidad pública en décadas.

Nuestra generación es la del 50 % de paro juvenil, la del trabajo precario y la de la emigración masiva. Lo que se ha hecho llamar la década perdida, consecuencia de más de 8 años de crisis capitalista, algo que los ricos y poderosos han usado para robarnos de variadas formas. Mediante los recortes, la corrupción, la explotación laboral, la deuda...

Contra esta lógica que destruye nuestro futuro exigimos la gratuidad de los estudios universitarios, así como del resto de estudios públicos. También exigimos prácticas de empresa remuneradas en la Universidad y en los ciclos de FP. Gratuidad del transporte, así como de las fotocopias propias de las materias y de 1 cnt para el resto de copias. La creación de un sistema de becas de transporte ampliado para aquellos estudiantes que estudien fuera de su lugar de origen, también es necesaria. Y por supuesto, exigimos la derogación del 3+2, la LOMCE y todas las reformas neoliberales.

Para conseguir nuestras reivindicaciones debemos luchar en las calles, estudiantes y trabajadores juntos. Nuestras herramientas; la huelga, los encierros, las manifestaciones y concentraciones y cualquier otra forma de lucha social. Nuestra forma de organizarnos, mediante asambleas soberanas por centro y facultad, donde todos los individuos y organizaciones puedan intervenir.

La huelga del 9 de Marzo, convocada para toda la comunidad educativa, es una buena oportunidad para defender nuestros derechos. Pero no nos dejamos engañar por las cúpulas de los sindicatos mayoritarios. Exigimos que convoquen huelgas de mayor intensidad y duración, y su compromiso de lucha constante.

Asimismo, el estudiantado tiene una cita pendiente el 8 de Marzo, día de la mujer trabajadora, para apoyar las movilizaciones feministas. A nivel mundial se está impulsando la iniciativa de una huelga internacional de mujeres, por lo que exigimos también a todos los sindicatos que convoquen en solidaridad contra la opresión patriarcal y la explotación laboral que sufren muchas mujeres, por el hecho de serlo, en especial las mujeres jóvenes. Más aún cuando una nueva oleada de movilizaciones se vienen sucediendo con la llegada de Trump al poder en los Estados Unidos, la lucha por el derecho al aborto en Polonia, la igualdad salarial en Islandia, o contra las violaciones en Latinoamérica o en la India.

En definitiva, la juventud trabajadora y estudiantil está obligada a cambiar este sistema injusto, luchando por su futuro, o a sufrirlo en sus carnes. No es tarea fácil, pero con la fuerza de todos nosotros, en alianza con el resto de sectores oprimidos podremos tumbar los ataques del gobierno y el capital, y alcanzar las expectativas sociales con las que nuestra generación sueña.






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