Política Estado Español

ANÁLISIS POLÍTICO

El falso Máster de Cifuentes y la decadencia de la “casta política” burguesa

El falso Máster de Cristina Cifuentes y la sucesión de mentiras y falsificaciones que siguieron muestran la decadencia todo un régimen basado en el fraude y la corrupción.

Josefina L. Martínez

Historiadora | Madrid

Diego Lotito

Madrid | diegolotito

Martes 10 de abril | 19:00

La defensa que hizo Cifuentes ante la Asamblea de Madrid, enarbolando como bandera un papel con firmas falsificadas para probar lo que nunca ocurrió, es expresión de la podredumbre de las instituciones de esta democracia para ricos. Las firmas eran falsas, el Máster era regalado y el rey está desnudo. La trama de favores y privilegios penetra en la universidad pública, desnudando lo que muchos ya denunciábamos: que se ha transformado en una universidad-empresa gobernada por otra casta -la académica-, encumbrada gracias a un sistema completamente antidemocrático y ligada por miles de vasos comunicantes con el poder político y empresarial.

Con precios de máster que oscilan desde los 3000 a los 6000 euros, y con carreras de grado que se han degradado al punto de que sin máster ya ningún título tiene valor, el fraude de la señora Cifuentes es una bofetada en la cara a miles de estudiantes, hijos de familias trabajadoras, que han tenido que abandonar la universidad por el aumento de las tasas, o que hacen un enorme esfuerzo para terminar un máster, aunque después no puedan encontrar trabajo o tengan que aceptar uno precario.

A esta altura no podemos perder de vista que el máster de Cifuentes es un caso simbólico, que cobró el tenor de escándalo por la sucesión de torpezas cometidas por la presidenta de la Comunidad de Madrid (seguramente alimentadas por la soberbia de quien se considera intocable). El máster falso es una gota más en medio de una trama de corruptelas mil millonarias que involucran a toda la casta política. Esta misma semana están llamados a declarar Manuel Chaves y José Antonio Griñán en el juicio por los ERE en Andalucía, caso que tiene como protagonistas a dos ex presidentes de la Comunidad por el PSOE en su plaza más fuerte.

El crepúsculo del PP y el neoliberalismo senil de Ciudadanos

El pasado jueves, mientras Mariano Rajoy jugaba a hacer demagogia recibiendo al colectivo Las Kellys en la Moncloa -cómo si alguien pudiera creer que le importa en lo más mínimo la salud o las condiciones laborales de las limpiadoras de hoteles-, se seguía cociendo el caldo del caso Cifuentes hasta el punto de explotar. Ese mismo día, desde Alemania llegaba la noticia de que Puigdemont no iba a ser extraditado por el cargo de “rebelión”, como pretendía el juez Llarena y el ejecutivo español. Las malas noticias para el gobierno se van sumando.

Dicen que en el PP se hablaba de Ciudadanos como el partido “Starbucks”: moderno y muy cool, pero solo para consumo de unos pocos. Los del PP sentían la seguridad de ser uno de los pilares del régimen político con raíces en todos los puntos de la “España profunda”. Sin embargo, esa visión omnipotente se está derrumbando. La crisis de los partidos tradicionales está golpeando fuerte al PP. La derecha cool puede desplazar a los de Génova, salpicados por demasiadas tramas de corrupción y desgastados después de más de 6 años de gestionar la crisis a favor del establishment y los bancos.

El fenómeno no es extraordinario. Se corresponde con un período en el que la crisis capitalista que estalló en 2008 generó tendencias al desarrollo de “crisis orgánicas” en los regímenes políticos de varios países del mundo. Estas tendencias, siguiendo la categoría del comunista italiano Antonio Gramsci, han tenido una profunda expresión política en la crisis de los partidos burgueses tradicionales que son vistos por amplios sectores de las masas como lo que verdaderamente son, agentes de los ajustes y ataques neoliberales. Al calor de esta crisis de los partidos del “extremo centro”, surgieron nuevos fenómenos “populistas”, tanto por derecha como por izquierda.

El caso español, en ese marco, es paradigmático. La crisis del régimen de partidos heredero del franquismo dio lugar al surgimiento de Podemos como un fenómeno político neorreformista. Aunque a poco de andar Podemos mostró sus límites estratégicos, no por ello la burguesía ha cejado en sus intentos de superar por derecha la crisis orgánica del Régimen del 78. La emergencia de Ciudadanos, una derecha neoliberal con pretensiones renovadoras es ejemplo de ello, como lo es también el gobierno del derechista Macron en Francia.

La última encuesta del CIS indica que 1,4 millones de votantes del PP en las elecciones del 2016, se pasarían hoy al partido naranja, un trasvase de votos monumental que Ciudadanos se juega a conservar a costa de sus “amigos-enemigos” de la derecha. La estrategia de Ciudadanos se basa en confrontar con el PP, pero “en positivo”, sin estridencias ni insultos, para fidelizar a esos votantes del PP que ahora lo eligen. Esto también explica que ahora le dan un “ultimátum” al PP para la dimisión de Cifuentes, pero con plazo de un mes para que renuncie y el propio PP designe a su sucesor.

El partido naranja se prepara para ser la nueva esperanza blanca de la derecha españolista, aunque sólo cambiando sus “formas” (la famosa y vacua “regeneración institucional”), porque de contenido su programa se resume en nuevos y mayores ataques capitalistas a la clase trabajadora y el pueblo. Pero a no llamarse a engaño. Ciudadanos es, como otros fenómenos similares, la expresión de un neoliberalismo senil, no hegemónico, que de avanzar sólo tenderá a profundizar la polarización social y política, generando inevitablemente nuevas resistencias en el terreno de la lucha de clases. Sino veamos cómo le está yendo a Macron al otro lado de los pirineos.

Moción de censura: la estrategia del PSOE y Podemos

El PSOE de Gabilondo ya ha presentado la moción de censura que cuenta con el apoyo de Podemos. Ciudadanos amenaza al PP: si Cifuentes no dimite dará sus votos y Gabilondo se convertirá en nuevo presidente de la Comunidad de Madrid, algo que el PP no puede permitir. Es probable por eso que la moción de censura no pase de ser una medida de presión sin perspectivas de salir adelante. Pero ¿y si saliera? Pensar que una alternancia entre el PP y el PSOE (los dos pilares del viejo bipartidismo) podría beneficiar a los trabajadores y el pueblo de Madrid es un absurdo que solo puede creer Podemos. ¿Hace falta recordar que el PSOE es actualmente clave para que el gobierno de PP con el apoyo de Cs se sostenga? ¿Qué han sido claves en apoyar el 155 contra el pueblo catalán y avalan la existencia de decenas de presos políticos en Cataluña? ¿Qué es un partido tan podrido por la corrupción como el PP? ¿O hace falta recordar que el PSOE sigue siendo el partido que promovió las reformas laborales, privatizaciones, recortes generalizados y hasta los GAL contra la juventud y el movimiento obrero vasco?

El Régimen del 78 se apoyó durante más de 30 años en el bipartidismo del PP-PSOE, que junto a los partidos nacionalistas formaron una casta de políticos profesionales al servicio de los grandes empresarios. A la luz del escándalo del máster de Cifuentes, conviene recordar que la corrupción generalizada no es fruto de algunas “manzanas podridas”, sino el ADN de un sistema donde los políticos, que reciben nóminas millonarias, son los representantes directos de las grandes empresas, sancionando leyes a su favor, brindando concesiones de obras públicas a cambio de mordidas y obscenas tramas de corrupción, rescatando al sector financiero en momentos de crisis y garantizando el pago de la deuda a costa de los presupuestos de sanidad, educación y mediante el saqueo del fondo de pensiones.

La estrategia de Podemos es apostar por la moción de censura y un gobierno del PSOE, lo que sería un punto de apoyo para retomar su estrategia de un gobierno del cambio PSOE-Podemos, como ya funciona en Castilla La Mancha. Además, han definido adelantar las internas para encumbrar a Errejón como candidato hacia el 2019. Todo apunta a estrategias electorales y negociaciones con el PSOE, nada de apelar a la movilización obrera y del pueblo, nada de lucha en las calles: Podemos actúa como “bombero” del régimen en momentos críticos. En vez de desarrollar la movilización extraparlamentaria se queda encerrado en maniobras de Palacio que solo favorecen al PSOE. Muy distinto sería impulsar la movilización, especialmente en las universidades, para que confluya con el resto de los sectores sociales, como las mujeres, los pensionistas, los migrantes o los trabajadores que enfrentan las políticas de este gobierno y su régimen.

El aliento de la calle y la lucha por procesos constituyentes

En los últimos meses se han sentido vientos de un cambio favorable en la situación política, con el desarrollo de jornadas de lucha masivas en todo el Estado, desde la huelga de mujeres y las manifestaciones del 8M, pasando por la lucha de los pensionistas, importantes huelgas como la de Amazon o la primavera catalana que intentan desplegar los CDRs. Pero, al mismo tiempo, se ha incrementado la represión con el encarcelamiento de los dirigentes independentistas y los integrantes de los CDRs, la criminalización de raperos, tuiteros y periodistas.

La sobrevida de este régimen decadente solo trae más represión, precariedad y corrupción: por eso es necesario oponerle la lucha en las calles y por asambleas constituyentes libres y soberanas que permitan al pueblo decidirlo todo. Que un verdadero proceso constituyente sea posible, sin embargo, no puede depender de nuevos “pactos” o acuerdos de “reformas constitucionales” dentro del régimen, como han propuesto intermitentemente el PSOE, Podemos o las formaciones independentistas. Un proceso así solo podrá ser el subproducto de una gran lucha de la clase trabajadora y el pueblo por terminar con este régimen y esta democracia para ricos.






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