Política Estado Español

EDITORIAL ELECCIONES 20D

El giro conservador que se avecina y las tareas de los anticapitalistas

Las encuestas del 20D dibujan un giro conservador. Desvío de la lucha de clases, gatopardismo del Régimen y ajustes consensuados serán los tres ejes de la “regeneración” del nuevo cuatripartidismo. ¿Cómo nos preparamos la izquierda anticapitalista y los trabajadores?

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Viernes 6 de noviembre de 2015

Foto: EFE

Las últimas encuestas de cara al 20D señalan que entre el PP, PSOE y Cs se llevarán en torno a 7 de cada 10 votos. Más allá de la guerra demoscópica todo apunta a que el nuevo cuatripartidismo -que incluye a Podemos en cuarta posición- encarará una nueva legislatura en la que distintos proyectos de restauración del régimen político se pondrán sobre la mesa. Los proyectos de los cuatro principales partidos no son iguales. Pero sí tienen bastantes elementos en común. Repasemos los tres principales.

La vía de restauración por la que apuestan todos ellos es la de abrir algún tipo de reforma constitucional desde arriba. Una “forma” que condicionará profundamente el “contenido” del cambio.

El PSOE viene hace tiempo prometiendo una reforma constitucional de bajo alcance y Cs y su “regeneración democrática” van en la misma dirección. Podemos ha pasado de hablar de impulsar un “proceso constituyente” a proponer cinco grandes reformas de la Carta Magna para “perfeccionar” y relegitimar el sistema de representación y encontrar un nuevo encaje institucional para Catalunya. Incluso el PP, como aseguró esta semana el Ministro de Exteriores, viene estudiando una propuesta de reforma constitucional que descansa en algún cajón de Génova.

Como en 1977, los principales actores políticos no tienen en mente el mismo tipo de reforma. Pero hoy como ayer hay “voluntad de consenso” para re-editar una Transición 2.0 que cierre, aunque con muchas más debilidades, la crisis de representación que abrió el “no nos representan” y establezca una nueva legitimidad capaz de hacer pasar lo que queda de ajuste.

Otro punto de confluencia es la cuestión nacional. PP, PSOE y Cs conforman ya un gran frente españolista. Podemos se resiste a integrarlo y mantiene una formal defensa del derecho a decidir. Sin embargo ha dejado claro que para su consecución sólo apoyará la vía legal y constitucional. Una vía muerta o, más bien, un señuelo que ofrecer para la apertura de la negociación anhelada por Mas y negada por Rajoy desde 2012.

El otro terreno en común es el respeto a los intereses y dictados de los grandes capitalistas. Que esto es así en el caso del PP, PSOE y Cs está fuera de toda discusión. Basta con repasar su “hoja de servicios” o sus programas electorales. En el caso de Podemos, en su corta existencia ha ido descafeinando progresivamente su programa social hasta desembarcar en la arena de las reformas neokeynesianas. Pero aun así, es dudoso que se atrevería a pelear por ellas. El nuevo reformismo ya está mostrando sus profundos límites en su gestión municipal de las grandes capitales. Remunicipalización, deuda pública o desahucios son los tres grandes ejes de la incipiente “decepción” por izquierda de los “gobiernos del cambio”.

A una escala mucho mayor, la capitulación de Tsipras en Grecia -apoyada por Iglesias-, es todo un aviso a “navegantes” de como el nuevo reformismo se suma al “no hay alternativa” que se viene agitando desde 2010 con los planes de ajuste. Pero las consecuencias de la capitulación histórica de Syriza para la izquierda española y europea recién están comenzando a mostrar su flanco más grotesco. Las recientes declaraciones de Podemos afirmando que defenderá “hasta la última coma” los acuerdos del Estado español con la OTAN, para inmediatamente después fichar al ex Jefe del Estado Mayor de Defensa en sus listas de diputados , dan cuenta de la acelerada cristalización de la formación morada como una variante regeneracionista burguesa del régimen y el Estado imperialista español.

En el caso de Catalunya, el proyecto de restauración se encuentra en un estadio más atrás. La principal “patata caliente” del Régimen del ‘78 es hoy por hoy el proceso catalán. La gran maniobra de desvío a la que viene apostando Artur Mas desde 2012 espera como “agua de mayo” un nuevo gobierno en Moncloa que abra la puerta a un proceso de negociación, que es la vía que recoge incluso la polémica resolución de JxSí y la CUP.

A los distintos proyectos de cierre reaccionario de la crisis del régimen político hay que sumar los ajustes y “reformas estructurales” que demandan la patronal y la Troika para los próximos años. Aunque se prevé un relativo crecimiento, el capitalismo español sigue en estado crítico y va a necesitar seguir descargando su ajuste sobre los trabajadores y el pueblo. Un elemento y otro no van separados. Para una tarea tan “ingrata” se necesita un régimen político con una legitimidad restaurada.

Por último, no podemos dejar de hablar de Izquierda Unida, que ha decidido presentarse bajo la “marca blanca” de Ahora en Común - Unidad Popular. La dirección de IU viene inmersa en un proceso de “renovación” en el que quieren presentarse como la “izquierda” que va a pelear por los trabajadores, defender demandas como la república o el rechazo a la OTAN. ¿Qué hay de verdad en este giro discursivo?

Lo cierto es que IU ha estado buscando la “confluencia” con Podemos hasta el último momento sin expresar el más mínimo desacuerdo programático. Su apuesta por un proceso constituyente es como la original de Iglesias, es decir una re-edición de las Cortes del ‘77-‘78. Sus medidas de “regeneración democrática” son parejas a las de Podemos, el PSOE o Cs, mientras que su programa económico repite las recetas neokeynesianas del partido morado y tienen la idéntica posición sobre Catalunya que Iglesias y Errejón.

Pero además a IU también se le puede medir por su “hoja de servicios”. Tiene en su haber numerosas experiencias de co-gobierno con el PSOE en ciudades y comunidades, la última de ellas Andalucía aplicando la versión “amable” de los planes de ajuste, mientras ahora comparte responsabilidad con Podemos en los ayuntamientos del “cambio”. Todo esto sin olvidar sus lazos orgánicos con la burocracia sindical de CCOO, que junto a la de UGT, son los grandes responsables de que el movimiento obrero no haya podido enfrentar a la altura de las necesidades los ataques vividos desde 2008 en adelante.

Es innegable que dentro de las filas de IU y en sus listas para el 20D hay valiosos luchadores y luchadoras, así como militantes que defienden sinceramente un programa anticapitalista y de clase. También parte de la recuperación del voto perdido se explica por el retorno de muchos que han hecho una rápida experiencia con Podemos y han quedado espantados de su giro al centro y conversión en parte de los proyectos de regeneración. Pero lamentablemente, desde la dirección de la Federación, como ya sucedió tantas veces en el pasado, se están preparando nuevas frustraciones.

Este difícil panorama no ha caído del cielo. El trasfondo lo encontramos en el retroceso de la movilización social del último año. El punto más álgido lo vivimos en 2012, cuando la juventud indignada confluía con el malestar obrero en las jornadas de huelga general o la solidaridad con grandes conflictos como el de los mineros. Sin embargo, las burocracias sindicales operaron rápido para desactivar esta “bomba de relojería”. Conteniendo o aislando las luchas obreras se fue poco a poco llevando al desgaste y la pasivización a la “calle”. Sobre ese retroceso emergió la nueva izquierda reformista que encarnó Podemos. Las ilusiones en lo electoral no han hecho más que reforzar la pasivización en lo social, a la vez que las tendencias a una radicalización de las demandas que se veía incipientemente en la calle se cortaron de lleno en nombre del pragmatismo electoral.

Este es el precedente directo, junto a la claudicación de Syriza, del giro conservador que anuncian las encuestas del 20D y que se intentará imponer en la siguiente legislatura.

Hasta ahora la mayor parte de la izquierda que se reclama anticapitalista ha ido en gran parte a la zaga de estos fenómenos políticos. El caso más extremo es el de Anticapitalistas, que estuvo en la génesis del proyecto Podemos, pero se negó a pelear los giros a la derecha de la dirección de Podemos, para después disolverse como partido y pactar con Pablo Iglesias en regiones como Andalucía para repartirse los cargos. Otros grupos también han mantenido una crítica muy tibia al proyecto de Iglesias, otros están hoy siendo parte de los intentos de “renovación” de IU y los hay que lo son de la política de “mano extendida” a la burguesía catalana de las CUP.

Esta política consideramos que ha sido y es un error. Tanto por lo que representan en sí mismo estos proyectos políticos, como porque está debilitando la posibilidad de que surja una alternativa anti-capitalista y de clase que se prepare para la siguiente etapa. Desvíos y frenos a la lucha de clases, salidas gatopardistas y ajustes, esos son los tres elementos que pretenden definir los siguientes meses y años. Y para combatirlos es para lo que debemos prepararnos quienes nos reivindicamos parte de una izquierda anticapitalista y de clase. Los desacuerdos políticos y programáticos, han sido y son muchos, pero hay una urgencia que amerita buscar en qué puntos podemos confluir.

Uno sin duda es la necesidad de conformar un polo que revierta la pasivización social impuesta por la combinación del rol de la burocracia sindical y las ilusiones electorales – o institucionales si hablamos del movimiento catalán-. Desde Clase contra Clase pensamos que junto a los compañeros de grupos como Izquierda Anticapitalista Revolucionaria, Corriente Roja, En Lucha o Lucha Internacionalista, debemos empezar a explorar las vías para, junto con otros sectores de jóvenes y trabajadores, avanzar en un agrupamiento que se plantee pelear por recuperar una estrategia de lucha de clases y combate a la burocracia sindical. En necesario poder intervenir coordinadamente en el movimiento obrero, los sindicatos, el movimiento estudiantil y otros frentes sociales.

Reactivar el frente de lo social va a ser una tarea imprescindible para intentar conjurar los peligros que el 20D anuncia. Aunque en nuestra opinión no será suficiente. Sera imprescindible avanzar, al mismo tiempo, en construir un agrupamiento político basado en la independencia de clase y la defensa de un programa anticapitalista e internacionalista. Una alternativa de la izquierda y los trabajadores que se pueda oponer a los desvíos y desencantos que se preparan. Las diferencias en programa y estrategia entre los distintos grupos de la izquierda que se reclama anticapitalista hacen muy difícil que éste pueda darse de inmediato, pero sería mezquino no empezar a abrir al menos la discusión pública, junto a cientos y miles de activistas independientes o militantes de movimientos sociales, sobre qué estrategia, que programa y qué partido hace falta para el siguiente periodo.






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