Géneros y Sexualidades

TRIBUNA ABIERTA

El homofóbico papa Francisco se quita la careta

El colectivo LGTBQ ha tenido que armarse de paciencia ante algunas voces que saludaban al Papa Francisco casi como un revolucionario. En Argentina lo conocen bien por su colaboración con la dictadura militar de Videla y su firme oposición al matrimonio igualitario. Pero el pontífice ha sabido dar una de cal y otra de arena con frases pomposas de corte levemente “progresista” que han hecho las delicias de algunos “izquierdistas” que aún nadan en las aguas de la “moral cristina”.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Miércoles 29 de agosto de 2018 | 17:17

Escrito en colaboración con Diego Falconí.

Con su última declaración el “papa bueno” se ha quitado la careta y mostrado su alianza con las fuerzas homofóbicas más reaccionarias al aconsejar llevar a los “niños homosexuales” a los psiquiatras, como en tiempos de Franco y la derecha totalitaria. Que en las consultas de los ilustres psiquiatras siguen cociendo habas a la antigua no es ningún secreto, pero la declaración de ese papa que ha llegado a ser calificado como defensor de “pobres” y “marginados” muestra su verdadero rostro ratificando los senderos de la homofobia clerical más feroz, la pérdida de los derechos de un amplio sector de la infancia, poniendo en la mesa y aprobando la coerción y la intolerancia y aliándose con las fuerzas médicas al viejo estilo.

No es que nos hayamos creídos nunca nada de la boca de Bergoglio, con su doble moral y su trayectoria reaccionaria, pero parece que hacen falta declaraciones tan bestiales y violentas contra la libertad y los derechos humanos para que todavía algunos sectores sociales vean al lobo bajo la piel del cordero de Dios.

Una reflexión del profesor Diego Falconí Trávez

“Me parece que lo dicho por el papa Francisco es vergonzoso y nos regresa a los años 80, antes de que la homosexualidad fuese despatologizada por la OMS. Esto es terrible porque no sólo que colabora con la remedicalización de toda una generación de niños/as maricas, lesbianas o trans católicos, quienes probablemente, deberán asumir esos discursos de odio que los fieles cristianos replican.

Yo doy fe de esas consecuencias de la religión en discursos poderosos como la medicina y el derecho porque viví en un ambiente supremamente católico que logró de muchas maneras internalizar el odio contra mí mismo y que solo con años de trabajo académico y político he podido exfoliar.

En cuanto a la tibieza de sus declaraciones respecto a los actos pedófilos dentro de la iglesia debo decir que son vergonzosas y dan cuenta de cómo en esta institución no hay un afán de reparación real contra las víctimas de esos abusos.

De acuerdo a los instrumentos internacionales, los derechos de los niños y niñas no pueden supeditarse a ninguna práctica cultural. Aplicamos este fundamental criterio para frenar ablaciones genitales cometidas hacia niñas en ciertas tribus africanas o con los matrimonios entre hombres adultos y niñas en algunos territorios islámicos.

El silencio católico, de clara estirpe occidental, entra dentro de estas mismas prácticas espantosas que quieren poner prácticas culturales sobre derechos sexuales de infancia y adolescencia.

Constato, por ejemplo, el silencio en redes sociales de mis familiares y amistades católicas en este tema, contrapuesto con su ávido y activo deseo de denunciar el aborto o las clases de educación sexual. Creo que ese silencio impide reparar derechos (que implica sancionar a los culpables y las instituciones que viabilizan esa violencia).

No obstante, creo que hay que ver el lado positivo de estas declaraciones. El marketing católico ha querido dibujar a su máxima autoridad como una persona progresista y dispuesta a borrar esa profunda huella de odio heteropatriarcal que ha marcado la religión a través del pecado nefando o la impureza de la mujer (además con componente anti-colonial al haber elegido a un Papa latinoamericano).

Creo que las patéticas declaraciones del patriarca de la iglesia ayudan a entender este marketing que vende una falsa idea de cambio respecto a ciertos cuerpos no heteronormados. Te confieso (término irónico en este contexto) que con toda la indignación que he cargado en estos días con estos sucesos, he encontrado cierto alivio al constatar el atolladero conceptual y la corrupción estructural de la iglesia católica. Esa incapacidad y esa desesperación demuestran dos cosas. Uno, que en instituciones constituidas de modo tan excluyente, en fondo y en forma, no hay superhéroe que sirva para su reformulación. Y dos, que las posiciones de la Iglesia en cuanto al ejercicio digno de la sexualidad son incompatibles con la vida democrática contemporánea.”






Temas relacionados

Jorge Bergoglio   /   Papa Francisco   /   Vaticano   /   Homofobia   /   Géneros y Sexualidades

Comentarios

DEJAR COMENTARIO