Cultura

A 100 AÑOS DE LA REVOLUCION RUSA

El impacto de la Revolución rusa en el movimiento obrero español

Los primeros pasos de la revolución rusa y la caída de los zares, así como la toma del poder por los trabajadores tuvieron su eco en la agitación que sacudió al Estado en los años precedentes.

Federico Grom

Barcelona

Miércoles 15 de marzo | Edición del día

FOTO: Huelga general indefinida en 1917

"Ayer, a las cuatro de la tarde, a poco de ver pasar las patrullas de cadetes y las piezas de artillería hacia el Palacio de Invierno -centro del radio gubernamental-, me acerqué al vecino puente Litieyne a mirar las naves recién ancladas en el Neva [...]. La excitación en ese punto de la ciudad era extrema; afluía de los populosos suburbios la muchedumbre proletaria que desde la mañana esperaba órdenes de sus caudillos, y asomaban bajo las chaquetas de los hombres las armas que se les repartiera la noche antes".

Quien esto escribe es Sofía Casanova, escritora y periodista coruñesa y corresponsal permanente del diario ABC, que asistía en San Petersburgo a las vísperas de la toma del palacio de invierno y de la Revolución de octubre de 1917 de la cual se cumple su centenario este año. Sus crónicas llegaban a España con semanas de retraso. Su condición de única corresponsal de un diario, la llevó a entrevistar a León Trotsky, uno de los líderes de la revolución y creador del Ejército Rojo.

Los acontecimientos en Rusia obsesionaban al rey Alfonso XIII quien, quince días después de la caída de los zares, suspendió las garantías constitucionales, atemorizado por la creciente actividad y el descontento del movimiento obrero.

El trienio bolchevique

Esta es la denominación que se da al periodo entre 1917 y 1920, en el que se dio un aumento de las luchas entre los jornaleros andaluces así como emblemáticas huelgas con epicentro en las grandes urbes. Las esperanzas suscitadas por las noticias que llegaban de la revolución rusa en las masas pobres de la ciudad y el campo se expresaron en duras luchas y huelgas que marcaron un antes y un después. El reparto de la tierra llevado a cabo por los bolcheviques inspira a los jornaleros del sur que a partir del 18 cobran fuerza.

Sin embargo los hitos más importantes se dieron en las grandes ciudades, como la huelga general del 17, que es la entrada en escena de la clase obrera en la crisis de la restauración y huelgas como La Canadiense de 1919 que harán a la clase obrera irrumpir con fuerza.

Este periodo constituye un ensayo general revolucionario de lo que será posteriormente la revolución española y la guerra civil.

A pesar de que España se mantuvo neutral en la primera guerra mundial, no escapó a algunos de sus efectos, en especial para las clases trabajadoras. Los jornaleros sin tierras y los proletarios industriales sufrían la inflación, que reducía el poder de compra real de los salarios, que junto al desabastecimiento y el desempleo fueron factores que despertaron las protestas de este periodo convulso.

Estas constituían la contracara de los desorbitados negocios de capitalistas y oligarcas que aprovechaban la situación.

También la Guerra del Rif en Marruecos, de carácter imperialista, que castigaba con el reclutamiento a los trabajadores mientras las clases pudientes lo eludían -abonando una cantidad de dinero- fue uno de los elementos que crispo el periodo.

Incluso las tensiones dentro del ejército por la política de asensos, así como lo que se consideraba la falta de mano dura con los levantamientos obreros, dio a luz ya en 1917 a las “juntas de defensa”, organizaciones corporativas de oficiales que eran expresión de la división en sus filas y de las tensiones con el gobierno.

El impacto de la revolución rusa de 1917 fue trascendental para el periodo. La revolución bolchevique gozó inicialmente de la simpatía de ambas tendencias políticas del movimiento obrero, socialistas y anarquistas, que enviaron observadores. No fue hasta varios años después que se clarificó el alineamiento de cada organización y no sin rupturas.

La huelga general de 1917

Esta época estuvo marcada por un notable incremento de la afiliación sindical. Por otro lado, el acercamiento entre la CNT -mayoritaria en Catalunya y Andalucía- y la UGT- con más peso en Madrid y el País Vasco- ya había dado como resultado la convocatoria a la huelga general de veinticuatro horas para el 18 de diciembre de 1916. Tras el éxito de la convocatoria y la falta de respuestas, las dos organizaciones obreras acordaron promover la huelga indefinida.

La mañana del 27 de febrero, ya circulaba un manifiesto que llamaba a la huelga general indefinida, aunque aún sin fecha.

La Huelga general en España de 1917 fue acordada por la UGT y el PSOE así como por la CNT. Sin embargo los planes se vieron alterados cuando el 19 de julio de 1917, los ferroviarios de Valencia comenzaron una huelga a raíz del conflicto laboral que mantenían con la patronal de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España quien se negaba a readmitir a 36 obreros despedidos.

A pesar de precipitar su convocatoria, la huelga consiguió paralizar las actividades en casi todas las grandes zonas industriales durante casi una semana. En Barcelona, hubo varios días de lucha callejera y tiroteos. En Sabadell, para poner fin al movimiento, el ejército tuvo que reducir a escombros las sedes de los trabajadores haciendo uso de la artillería.

El 18 de agosto el gobierno pudo proclamar que había restablecido el orden en casi todo el Estado, con la excepción del último reducto de la huelga revolucionaria: las cuencas mineras asturianas que resistirían varios días más, y donde el ejército aplicó una represión despiadada. El balance oficial de la represión fueron 71 muertos -37 de ellos en Cataluña-, 200 heridos y 2000 detenidos.

La Canadiense y las 8 horas

La huelga de la empresa eléctrica Riegos y fuerzas del Ebro, más conocida como la Canadiense fue otro hito de este periodo convulso teñido de barricadas y luchas obreras. Convirtió al año 1919 en el de mayor número de conflictos sociales hasta entonces, no solo con más conflictos sino más duros y más largos.

Y así fue que la huelga de las chimeneas -con una caja de resistencia que recaudó 50.000 pesetas- contagió a otras fábricas. El 18 de febrero comenzó la huelga textil. El 21 en la Eléctrica de Catalunya de capital alemán que suministraba electricidad a Barcelona; lo que llevó junto a la Canadiense a dejar sin suministro eléctrico a casi toda la ciudad y al 70% de la industria catalana. Así como también en todas las empresas de agua, gas, transporte.

Esta lucha logra una conquista que marcó un antes y un después tanto para la clase obrera como por el golpe que fue contra la patronal: la jornada de 8 horas.

Frente a la III Internacional

El PSOE que venía de la debacle más vergonzante de su filiación internacional, la Segunda Internacional, cuando sus secciones nacionales se volcaron a apoyar los esfuerzos de sus respectivas burguesías en la guerra imperialista abierta, fue impactado por la revolución rusa.

Por su parte, el anarquismo a pesar de reconocer la necesidad de que el cambio no podía limitarse a realidades nacionales, no sostenía ningún tipo de organización internacional más orgánica.

Esto hizo que la revolución bolchevique, y el llamamiento lanzado por la Internacional Comunista, que se fundó en Moscú en marzo de 1919 tuviera gran impacto en estas dos organizaciones así como un creciente entusiasmo en el movimiento obrero.

Durante casi cuatro la cuestión de ser parte o no de la nueva Internacional resultó de máxima importancia en la dinámica interna de ambas formaciones.

A pesar de su visón positiva de la revolución de Febrero, en los primeros días del nuevo Estado obrero, Pablo Iglesias, líder histórico y fundador del Partido Socialista, en un artículo publicado en la primera página de El Socialista –órgano de este partido- deja clara la posición de un sector de la dirección socialista. “Las noticias que recibimos de Rusia nos producen amargura”. Así se expresaba con respecto a las informaciones que llegaban de la victoria bolchevique, Pablo Iglesias, aunque oficialmente neutralista, se mostró partidario de que Rusia continuara en la guerra imperialista, al igual que la derecha liberal española. Sin embargo será muy distinta a la sensibilidad de las bases socialistas en especial entre sus militantes obreros.

Pocos meses después del llamamiento a construir la internacional los socialistas en Madrid piden un referéndum en el que los militantes socialistas pudieran pronunciarse por la integración en la Tercera Internacional. Ante esto la dirección del PSOE, encabezada por Pablo Iglesias, inició una serie de maniobras dilatorias que mantendría durante dos años. El objetivo de la dirección del PSOE era evitar una escisión del partido, entre cuyos militantes de base la corriente favorable a la Internacional Comunista era sino mayoritaria muy extendida.

La dirección socialista llego a realizar hasta tres congresos extraordinarios, en los tomaban resoluciones ambiguas que posponían la decisión a un próximo encuentro. Las Juventudes Socialistas, descontentas con esa dilación, decidieron en su propio congreso celebrado en diciembre de 1919, inmediatamente después del congreso del partido, la adhesión incondicional a la III internacional. Más tarde, en 1920, se constituirían en la base del recién fundado Partido Comunista de España.

La CNT en un congreso en Madrid celebrado el mes de diciembre de 1919 abordó la cuestión de la Internacional. El ambiente en el congreso era de exaltación revolucionaria y de admiración por el ejemplo ruso. El congreso adoptó una resolución contradictoria, donde al mismo tiempo que proclamaba la fidelidad a los principios de Bakunin acordaba la adhesión a la III Internacional.

Se designan tres delegados para acudir al II Congreso de la internacional, siendo Ángel Pestaña uno de ellos quien llegará a Rusia en 1920. Durante esta visita se entrevista con algunos dirigentes bolcheviques, entre ellos Lenin, Trotsky o Zinoviev.

En diciembre, a su regreso a España, tras pasar otra temporada en prisión, escribe un informe en desacuerdo con los bolcheviques. Este informe será clave para el distanciamiento de la CNT de la Tercera Internacional.

Otro de los delegados fue Juan Andrade -quien más tarde acabaría en el PCE, la ICE y el POUM- quien volvió a España más tarde cuando Pestaña ya había dado su “versión”.

Sin embargo, había otros sectores de la CNT que no compartirían la visión de Pestaña. Hilario Arlandis, militante de la CNT en el País Valenciano, asistió al II Congreso Confederal de la CNT celebrado en Madrid en 1919, donde defendió la adhesión a la Tercera Internacional.

Arlandis, delegado en el Pleno de la CNT en 1921, fue elegido para ser parte de la delegación que viajó a Moscú, al I Congreso de la Internacional Sindical Roja (ISR), junto a Joaquín Maurín y Andrés Nin.

En la Conferencia de Zaragoza de 1922, donde se dará el debate definitivo sobre la actitud de la CNT frente a la Tercera Internacional, este sector defendió ser parte de ésta. Sin embargo la tesis defendida por Ángel Pestaña y Salvador Seguí, contraria a la integración en organizaciones comunistas, se impuso a la que proponía mantener la afiliación a la ISR, sostenida por Arlandis. Lo que llevo a éste a abandonar la CNT para ser parte del Partido Comunista Obrero Español fundado en abril de 1921, uno de los dos partidos que dieron vida al PCE en noviembre de 1921 con su fusión.

Sin embargo hubo un sector de la CNT que se inclinó hacia posiciones comunistas: el sector sindicalista revolucionario que tenía como dirigente más conocido a Joaquín Maurín, quien romperían en 1924 con la CNT y se fusionaría con Nin y su grupo en un futuro para fundar el POUM.

El Golpe de estado del general Primo de Rivera, capitán general de Catalunya, el 13 de septiembre de 1923 pondrá fin a este convulso periodo, pero sin resolver las contradicciones que le dieron origen y que resurgirán con más fuerza en la guerra civil y la revolución española.






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