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El número de personas afectadas por ERE sube en Galiza a niveles de 2014

Bosch, FerroAtlántica, Alcoa, Isowat, y muchas más. El número de EREs se dispara, en un proceso que se produce en todo el estado. Galiza es la segunda comunidad con más despidos previstos, con 1.244, después de Valencia con 1.312, con una población mucho mayor.

Jacobo A. García

Vigo | @Jacobscarface

Miércoles 8 de mayo de 2019 | 18:34

Un fuerte ataque a la clase trabajadora

En 2018, en Galicia se registró la mayor conflictividad laboral del Estado español. La gallega fue una de las comunidades con más huelgas (29) y la que más horas de trabajo perdió por este motivo, más de un millón y más de 6.000 trabajadores implicados.

La crisis del sector industrial, presente en las últimas décadas, agravada por la crisis económica mundial desde el 2008 es el motivo de esta conflictividad.
Los primeros datos del 2019 sobre los Expedientes de Regulación de Empleo presentados a comienzos de año confirman un agravamiento de la situación, siendo la realidad muy similar a la que se vivía antes de 2015, año en que la mitigó su caída.

Un total de 1.244 trabajadoras y trabajadores estuvieron afectados por EREs los dos primeros meses del año, una cifra superior a la de los cuatro años anteriores en Galiza. Además, esta cifra sólo está por detrás de la de la Comunidad Valenciana, con 1.312 trabajadores en esta situación, con casi el doble de población que la gallega. Una cifra que está por delante de Madrid, Catalunya o Andalucía, todos territorios mucho más poblados también.

Además de los problemas que se están viviendo en Bosch, Ferrolatlántica, se están abriendo nuevos Expedientes de Regulación de Empleo en empresas como DIA, Levantina, Vodafone, Navantia, Caixabank o Copagro.

Además se está negociando uno en el Banco Santander, mientras los sindicatos advierten que se puede dar la misma situación en Poligal o en Atento. Así pues, estamos ante las peores cifras desde hace 5 años.

¿Cómo luchamos para vencer?

No cabe duda de que la clase obrera gallega ha demostrado determinación y espíritu de lucha. En los últimos años tenemos infinidad de ejemplos. Desde las enormes huelgas y movilizaciones contra los recortes en Sanidad, las huelgas de los trabajadores administrativos de la Justicia, los trabajadores de la CRTVG (Radio Televisión de Galicia), el sector de los autobuses, así como otras muchas luchas parciales en multitud de empresas.

Se han conseguido victorias parciales en algunas ocasiones, como en el caso de las trabajadoras de Bershka, filial de Inditex, en la provincia de Pontevedra. Pero nunca una gran victoria que recuperase derechos para el conjunto de la clase trabajadora.

¿Cómo es posible esto? No hay unidad entre los conflictos, muchas veces ni siquiera dentro del mismo sector. La responsabilidad de esto es principalmente de las distintas burocracias sindicales dirigentes, que no están dispuestas a llevar a cabo una unificación de los conflictos, en el camino de una gran huelga general para derrotar todos los ajustes acumulados durante estos años.

Por un lado la burocracia abiertamente traidora en la dirección de CCOO y UGT, cuando no forma parte abiertamente de un sindicalismo amarillo de empresa, sólo realiza pequeñas luchas parciales sin coordinación entre ellas, para acabar vendiendo migajas, o ajustes menores como victorias.

Por otra parte, la CIG, sindicato de izquierda, pelea en más ocasiones y con más determinación, pero la lógica de su dirección sigue siendo la de realizar conflictos aislados que acaban teniendo poca fuerza.

Sus planteos a la huelga general acaban siendo mera palabrería, y la desconvocatoria de huelgas se justifica bajo la confianza en el gobierno socio-liberal del PSOE, al cual la clase trabajadora gallega y española no le debe nada.

La izquierda sindical de la CGT y CIG no pueden reproducir los vicios de las burocracias dirigentes de CCOO y UGT. Es necesario que coordinen más y mejor sus acciones, que rompan el coorporativismo sindical, y plantear ante los afiliados de los sindicatos mayoritarios el frente único, la acción común con el objetivo de acumular fuerzas y pelear así por conseguir mayores victorias.

Si queremos acabar con las reformas laborales de Zapatero y Rajoy, subir las pensiones, conquistar una Sanidad pública de calidad y una Educación gratuita al servicio del pueblo trabajador, debemos promocionar la mayor unidad entre todos los sectores oprimidos para luchar.

La gran conflictividad laboral actual en Galiza debe ser aprovechada para que desarrolle todo el potencial de la clase trabajadora galega, con la convocatoria urgente de una huelga general.

Además, la unión y apoyo de otros movimientos, como el estudiantil, el movimiento de mujeres o el reciente movimiento ecologista entre los jóvenes, puede generar una masa crítica, necesaria para arrancar a la clase capitalista todos los derechos que nos han quitado durante todos estos años.

Sin embargo, mientras no se levante una alternativa política anticapitalista y de clase, que no guarde esperanza en un gobierno del PSOE con el beneplácito de Unidas Podemos (veremos qué se define en las negociaciones entre ambos).

Y a su vez las direcciones de las centrales sindicales mayoritarias, de una forma u otra, contengan la lucha social a la espera de las promesas de un gobierno de centro-izquierda, no podemos esperar una mejora de nuestras condiciones de vida.
Y menos en un escenario en el que los vientos de recesión económica vuelven a soplar en el mundo. Sólo la lucha de clases puede hacernos vencer.






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