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El procesismo opera para cerrar la brecha entre la calle y Palau

El procesismo retoma la iniciativa. La Asamblea de Cargos Electos trata de recuperar la unidad soberanista de 2017, cuestionada en las calles. ERC opera para intentar que la Acampada de plaza universidad asuma su política de presión sobre el PSOE y recuperarse del desprestigio ante la generació 14O.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Jueves 31 de octubre de 2019 | 20:41

Hace unos días escribía sobre el riesgo real de que el segundo otoño catalán terminara siendo clausurado de forma temprana. La brutal represión del Estado español y el Govern que continúa aún con detenciones en los domicilios de activistas, se combina -especialmente en los últimos días- con iniciativas políticas del “procesisme” para revertir parcialmente el cuestionamiento al que ha sido sometido desde las calles. La falta de una alternativa política que materializase una hoja de ruta diferente, hacen que el peligro de una temprana clausura esté tornándose una realidad.

En los días previos a la campaña electoral que arranca, la operación política que el Govern y sus partidos, junto a las entidades soberanistas, pusieron en marcha el sábado pasado, ha dado nuevos pasos. Dos han sido los principales hitos. Uno por arriba y otro por abajo, pero ambos con el mismo objetivo, propiciar un desvío de las energías expresadas en las dos primeras semanas de movilizaciones hacia un cauce de performance institucional y movilización procesista.

La Asamblea de Cargos Electos y los intentos de recrear una unidad procesista en crisis

Este miércoles, el Consell de la República constituido desde el exilio de Puigdemont convocó una Asamblea de Cargos Electos para acordar una respuesta común ante la sentencia del juicio del procés. Acudieron regidores, alcaldes, diputados y senadores de todos los partidos independentistas – JxCat, ERC y CUP- y otros independientes o de candidaturas municipalistas de izquierda.

Puigdemont tomó la palabra desde Bruselas para señalar que “hoy somos más fuertes” y reiterar su apelación a recuperar la unidad del bloque soberanista de 2017. Se logró aprobar una declaración “de mínimos” que rechaza la sentencia del Tribunal Supremo, exige la Amnistía y el fin de la represión, expresa un apoyo a las movilizaciones y la soberanía atacada de las instituciones catalanas y se planteó que se seguiría “trabajando” por la autodeterminación. Sobre el cómo conseguir estos objetivos, la Asamblea de Cargos Electos fue clara: la vía es la del diálogo en una mesa de negociación con el Estado, y se apeló a una mediación internacional como forma de conseguirlo. Además dejaba completamente por fuera muchos puntos de los que se han escuchado en las calles en estos días dirigidos contra el Govern o lo Mossos d’Esquadra.

Durante el debate hubo voces discordantes que denunciaron la represión llevada a delante por el Govern y los Mossos, o que se hicieron eco de demandas como la exigencia de dimisión del conseller de Interior, Buch. Fueron centralmente cargos municipales de la CUP, que llegaron a provocar un momento de incomodidad para Torra y Torrent -presentes en la primera línea- cuando el auditorio coreó ésta última consigna.

Sin embargo, la declaración de “mínimos” y de apoyo a la vía de negociación con el Estado salió adelante por unanimidad. ERC y el PDECAT consiguieron que el resto de formaciones, aceptaran esta fórmula que insiste en las ilusiones en la vía institucional y de diálogo con el Régimen del 78.

La Asamblea de Cargos Electos es un órgano que tiene su justificación en la defensa de las instituciones catalanas ante la constante intervención del Estado para vaciarlas de soberanía. Estamos en un momento en donde el Tribunal Constitucional no solo deroga leyes y mociones, sino que amenaza con inhabilitar a la Mesa del Parlament si permite debates sobre la monarquía o el derecho a decidir. Pero, igual que en el Parlament, la participación en un espacio institucional así debería hacerse con una clara política independiente que ayude a desenmascarar hasta el final tanto a ERC como al PDECAT y el mismo Puigdemont. La presión a la unidad del soberanismo -como ya pasara con la firma la semana pasada de la Declaración de la Llotja- lleva a la CUP a zigzaguear entre la crítica y separación del Govern y sus partidos, y gestos que apuntan a recrear la ilusión en un retorno de la unidad soberanista que va en contra se su propio balance crítico del 2017.

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Si se quiere poner en pie una hoja de ruta alternativa desde la juventud, la clase trabajadora y los sectores populares, la clave es ahondar y profundizar la brecha abierta entre la calle y Palau. El unitarismo soberanista contribuye más bien a todo lo contrario ¿No hubiera sido mucho más fructífero para este fin que los electos de la CUP, además de intervenir contra la represión del Govern, hubieran presentado una contrapropuesta de resolución no de “mínimos”? ¿Una resolución que incluyera todas las demandas que han sido un clamor en las manifestaciones y también la propuesta política de “bloquear el régimen” de la CUP para el 10N, que correctamente plantea que el camino de la negociación con el Estado es una vía muerta?

Una resolución que denunciara explícitamente la represión del Estado y del Govern, que planteara la disolución de la BRIMO, la dimisión de Buch, la libertad de los presos y presas políticas diciendo que son 40 y no 9 como plantea el procesisme... y que apostara por desarrollar la autoorganización como la vía de imponer un proceso constituyente donde poder ejercer el derecho de autodeterminación y decidirlo todo.

Es muy posible que ésta no hubiera salido adelante. Ayer eran 2000 cargos electos, y la CUP reunió a 300 en su asamblea de las cocheras de Sants. Pero presentar una resolución propia con este contenido hubiera servido para empezar a poner en pie un polo de independencia política frente a los partidos de la burguesía y pequeñaburguesía catalanistas.

ERC se esfuerza en reconducir la energía de la generación 14O hacia una vía no disruptiva

El mismo día que por arriba se operaba con la Asamblea de Cargos Electos, por abajo también se fueron cocinando otras operaciones para cerrar la brecha entre la calle y Palau. En concreto una dirigida al sector que más alejado se encuentra del viejo procesismo: la llamada generación 14O. La juventud, en gran medida estudiantil de secundaria y universidad, que ha sido el sector social a la cabeza de las movilizaciones y la resistencia a la violencia policial.

El cuestionamiento al procesismo por su rol en 2017, su retorno al autonomismo en estos dos años y su papel en la represión desde el 14O, ha tenido su mayor expresión en este fenómeno. Una generación que tiene puntos en común con la juventud chilena o ecuatoriana. Su motor es la lucha contra la represión pero también la frustración con las perspectivas de precariedad absoluta a las que les han condenado los distintos gobiernos, también los de Mas, Puigdemont y Torra.

Hasta el momento, esta explosión juvenil no ha logrado reactivar lo suficiente al movimiento estudiantil, en el sentido de convertir las facultades e institutos en un hervidero de asambleas y debates permanentes. Las organizaciones estudiantiles no convocaron ninguna asamblea en la semana más álgida y las realizadas después no han logrado reunir más allá de algunas decenas de activistas. Los métodos de convocatorias venidas desde arriba o asambleas con orden del día prefijado, no ayudaban a incorporar a parte de los miles que habían estado en las calles, para organizarse colectivamente y profundizar las reflexiones políticas al calor de los acontecimientos.

Esta debilidad se ha combinado y reforzado con una política que hasta ahora ha separado cada vez más al activismo y la juventud más movilizada, del grueso de los estudiantes. Organizaciones como el SEPC han lanzado convocatorias por arriba -como la huelga indefinida- sin preparar las condiciones para poder mantenerlas con un movimiento realmente masivo. Se ha sustituido esto por métodos duros sostenidos por muy pocos -como los bloqueos de puertas- que han terminado en enfrentamientos con estudiantes, algo que la derecha ha aprovechado para lanzar una campaña reaccionaria. A la vez, se levantaba una política de presión a las autoridades académicas para que suspendieran clases o actividades evaluables. Es decir, para que hicieran el trabajo -como si se tratara de una “aturada de país” y no una huelga- de lo que correspondería a un movimiento estudiantil masivo y desde las bases.

La última iniciativa ha sido la de impulsar una acampada permanente en la plaza universidad. Una acción que hay que ver si es tomada por un sector amplio de esta generación 14O y se convierte la plaza en un centro de reorganización de la vanguardia juvenil. Pero aquí es donde operan las corrientes políticas, no solo la izquierda independentista, sino también sectores del procesisme, concretamente ERC, que ha volcado a Jovent Republicà -sus juventudes- para intentar cerrar la brecha de la que estamos hablando.

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El SEPC abandona así por el momento su política de huelgas sostenidas por piquetes de unos pocos, que ha sido cuestionada por otras organizaciones juveniles. Para conseguir que la acampada pueda servir para llegar a esos miles de estudiantes que aún no son parte del activismo, sería necesario que no convirtieran la acampada en un fín en sí mismo, sino que desde allí se organizara como llegar a las facultades e institutos. Para ahondar la brecha entre Palau y la generación 14O, es fundamental cerrar primero la que hay entre los miles que se movilizan y las decenas que toman parte de estas acciones. Solo así tendremos la posibilidad de que se genere un movimiento estudiantil masivo que estructure la rabia e indignación esta juventud.

El programa de la acampada es donde la operación del procesismo ha entrado de lleno. Como la Asamblea de Cargos Electos, el manifiesto plantea abiertamente el objetivo de lograr que Pedro Sánchez condene la violencia policial y se siente a negociar. Es, casi sin disimulo, el programa de una ERC que lleva semanas espantada de lo que está haciendo la juventud en las calles.

Que ayer mismo el silbado y abucheado Gabriel Rufián, saludase entusiasmado la Acampada no es más que la corroboración de que en esta acción, que puede ser tomada con entusiasmo por algunos jóvenes, ERC se juega a tratar de imponer una política que le ayude “reconciliarse” con la juventud y mantenerla pacíficamente de camping durante la campaña electoral.

El SEPC debería criticar y separarse de esta política de presión sobre el PSOE para negociar y volcar sus esfuerzos en la dirección opuesta. Que el movimiento estudiantil esté a la cabeza no solo en la acción, sino en levantar un programa claramente independiente del Govern y sus partidos ¿No es el momento de iniciar un trabajo paciente en las facultades e institutos promoviendo asambleas contra la represión en las clases, elección de delgados y conformación de coordinadoras por facultad, campus y universidad? Que toda la juventud pueda empezar a discutir democráticamente cuales son los pasos siguientes a dar y porqué programa hay que pelear. Que la generación 14O pueda dotarse de los elementos de autoorganización básicos para que nadie les pueda utilizar como base de maniobra del procesismo senil que representan los Rufián, Puigdemont o Torra.






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