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ELECCIONES

En Zaragoza las derechas podrían gobernar tras una caída del “ayuntamiento del cambio”

Estas elecciones dejan una relativa recuperación del PSOE, una derecha fragmentada pero que podría gobernar, con un importante trasvase hacia VOX y Cs y un neorreformismo en crisis, dividido y cada vez más integrado.

Lunes 27 de mayo | 18:36

Zaragoza se presenta como una ciudad donde se advierten gran parte de las tendencias en estas elecciones municipales. De los escenarios posibles que dibujaban las encuestas se impuso uno de los que las grandes empresas consideran favorable para sus negocios.

El PSOE, uno de los dos partidos del extremo centro, sigue con la recuperación iniciada en las generales y sale fortalecido y con altas probabilidades de formar gobierno gracias a 10 de los 16 escaños necesarios para formar gobierno.

En estas elecciones municipales Zaragoza en Común (ZEC), la coalición “ciudadanista” creada en 2015, se ha dispersado en Podemos-EQUO, Puyalón (dentro de Ahora Repúblicas) Demos+ y la propia ZEC, con IU dentro. Aunque venía dirigiendo el Ayuntamiento de la ciudad, estas elecciones suponen un pantallazo de la crisis de este “ayuntamiento del cambio”, pasando de 10 escaños a 3 para ZEC y 2 para Podemos-EQUO, quedando CHA sin representación.

La posibilidad de un gobierno de PP (8), Cs(6) y VOX (2) llega a la mayoría absoluta mínima, con las mismas cifras que la suma de PSOE y Cs. La candidata socialista, Pilar Alegría, podría gobernar si pactase con Ciudadanos, pero todo indica que la derecha replicará el acuerdo a tres bandas entre PP, Ciudadanos y Vox.

Sin embargo, el principal motor de esta recuperación del PSOE no ha sido la “ilusión” con el proyecto que encarnaba Pedro Sánchez, sino el voto de rechazo a lo que significaba el ascenso de VOX. Si alguien ha hecho una campaña de blanqueo de este partido del 155, el IBEX35 y la monarquía ha sido la formación que lidera Pablo Iglesias.

Al tiempo que Unidas Podemos ha hecho campaña por ocupar el puesto de ministros sin cartera de un “gobierno progresista” con el PSOE, ha sido en “ayuntamientos del cambio”, como el de Zaragoza donde las confluencias han mostrado qué significa para el reformismo “gestionar el capitalismo de otra manera”.

El desplome del neorreformismo zaragozano es generalizado. La confluencia que en 2015 cosechó el 24% de los votos -entonces con Podemos-, retrocede a tan ocho puntos (apenas una tercera parte -20.000 sufragios- de los 58.047 que recibieron cuatro años atrás.

El no pago de la deuda, el derecho a la vivienda y la lucha por la remunicipalización de los servicios públicos, entre otras demandas sociales, son las que hicieron subir al poder municipal a Santisteve. Pero las mismas han quedado en agua de borrajas y, en algunos casos, han sido rebajadas. Todo ello gracias a una política impotente basada tanto en la estrecha estrategia legalista que ofrece la gestión municipal, así como la delirante ilusión de poder resolver las reivindicaciones sociales más sentidas de la población de la mano del PSOE.

Lejos de negarse a pagar la deuda ilegítima de los gobiernos corruptos anteriores, los “ayuntamientos del cambio”, sin excepciones, se convirtieron en los campeones del pago de la deuda. En la gestión del Estado, en su nivel municipal, la movilización social no solo no entraba -aquello de “un pie en las instituciones y mil en las calles” quedó como un recuerdo de campaña- sino que hemos visto a Carmena, Colau o Santisteve enfrentando a las huelgas de trabajadores, como los del transporte urbano de Zaragoza o el metro de Barcelona, apelando muchas veces a un discurso de “trabajadores privilegiados” que en nada tenía que envidiar al de la derecha.

En el caso de Zaragoza en Común, el Ayuntamiento aplicó el Plan de Ajuste del Gobierno central 5 años antes de lo previsto. La “regla de gasto” de las llamadas “leyes Montoro”, que imponían que en el caso de que hubiera superávit se dedicara a seguir pagando la deuda pública, fue aplicada por ZEC a rajatabla, tanto que cuando Montoro flexibilizó la “regla” en 2018, el Ayuntamiento de Zaragoza siguió pagando la deuda comercial con las contratas chantajistas.

Después de tantos incumplimientos, el balance de cuatro años de gobierno municipal lo único que ha probado es que, para resolver los problemas estructurales del capitalismo, la gestión del estrecho marco de la miseria de lo posible dentro de las instituciones del Régimen, la rebaja del programa y la estrategia de la impotencia basada en confiar en los partidos de la casta, no es una alternativa y espolea el triunfo de la derecha a base de desencanto y desmovilización.






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