Cultura

ENTREVISTA A MARÍA CASTEJÓN

“En los últimos tiempos la censura también viene de cierto sector del feminismo que quiere prohibir conciertos o canciones”

Conversamos con María Castejón Leorza, profesora, historiadora, programadora, crítica de cine y autora del ensayo “Rebeldes y peligrosas en el cine”.

Eduardo Nabal

Burgos | @eduardonabal

Jueves 14 de enero | 08:19

“Rebeldes y peligrosas en el cine” nos muestra de entrada, dos cosas, tu cinefilia nata y tu compromiso militante con el feminismo. ¿Crees que el placer y el peligro han ido de la mano de lo que se siguen considerando grandes clásicos del séptimo arte? O dicho de otra manera ¿Buscas resquicios a los que agarrarte o hay algo en el cine comercial que crees supeditado, desde tiempo muy lejano, a una ideología heteropatriarcal?

Personajes que podemos definir como rebeldes y peligrosas han existido siempre en el cine. Como crítica y espectadora consumo lo que podemos definir grandes clásicos del cine y el cine más comercial o mainstream. Como espectadora me gusta consumir tanto películas más canónicas como películas muy comerciales. Como crítica y programadora creo que tengo la obligación de ver casi todo. Hay mucha subversión y mucho patriarcado en ambas vertientes. Clásicos como Un hombre tranquilo, El padrino o Casino que ocupan un lugar destacadísimo en la Historia del Cine son machistas y profundamente patriarcales y violentas hacia las mujeres, y películas populares como Miss Agente Especial son muy rompedoras desde el punto de vista de género.

Empiezas mostrando el rostro y la irrupción de las pioneras en géneros considerados “masculinísimos” como el western, el cine de acción, la ciencia-ficción, el cine policiaco… ¿El tiempo ha puesto las cosas en su sitio o siempre ha habido voces insumisas dentro de estas corrientes aparentemente tan varoniles?

Voces insumisas, afortunadamente han existido siempre. En parte creo que existe cierto prejuicio por parte de la crítica fílmica feminista a analizar géneros populares como los que mencionas. Como si solo películas militantes o que ponen a sus personajes femeninos en encrucijadas que tienen que ver con el hecho de que sean mujeres o que sufran algún tipo de violencia fueran los referentes en los que hay que fijarse, los más válidos.

Voces insumisas, afortunadamente han existido siempre. En parte creo que existe cierto prejuicio por parte de la crítica fílmica feminista a analizar géneros populares.

Antes de iniciar la investigación que ha supuesto el libro apenas conocía el western. He alucinado mucho al descubrir esos personajes tan potentes en un género tan masculino. Personajes como el de Annie Oakley, la famosa pistolera que existió en realidad, son muy sorprendentes. Películas sobre su vida rodadas en los años 30 del siglo pasado, si bien están cargadas de ideología del amor romántico -en la vida real fue el marido de Oakley el que se mantuvo siempre en un segundo plano- son muy inspiradoras y reivindicativas. No podemos realizar lecturas rígidas o intransigentes de las películas porque si no nos perderíamos las subversiones.

En el cine de acción, las adaptaciones cinematográficas de Los Ángeles de Charlie que son bastante malas a nivel cinematográfico suponen un paso adelante porque vemos a mujeres en roles de acción. Mujeres en roles de acción y no a mujeres haciendo cosas de tíos, que es muy diferente. Además, las películas son muy absurdas, muy kitsch, divertidas e incluso paródicas.

Ver a mujeres protagonistas en roles de acción que históricamente han asumido los hombres es muy significativo. Significa que hemos tocado una tecla delicada.

Creo que del cine de acción vienen grandes transformaciones. No hay más que acordarse de las furibundas reacciones a adaptaciones muy testosterónicas como “Mad Max” o “Los Cazafantasmas”. Ver a mujeres protagonistas en roles de acción que históricamente han asumido los hombres es muy significativo. Significa que hemos tocado una tecla delicada. Que nos estamos comiendo nuestra parte del pastel. Ya no nos quedamos solo como espectadoras en nuestros grupúsculos viendo películas románticas o de mujeres en crisis o mujeres que deben empoderarse. Y eso es muy importante.

En tu trayecto citas gran cantidad de filmes, pero te detienes en algunos que apuntalan tus tesis sobre la ideología, el género y la gran pantalla. ¿Todo ha surgido sobre la marcha o sabías cuales eran esos filmes decisivos para el avance de la imagen de las mujeres?

El libro es la continuación de un comisariado que realicé en el año 2017 para en Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Todo el trabajo que hice para el ciclo, el trabajo que he realizado en Pikara Magazine y el trabajo como programadora en mis ciclos de Heroínas de Cine me hacen ver mucho cine. Así que es un proceso en el que a partir de ejes principales que me pongo voy encajando películas.

En este caso ha sido un proceso muy natural. He escrito muy cómoda porque es de las primeras veces que no me he visto condicionada por el registro académico. No he sentido esa presión y creo que se nota. Lo que sí que te digo también, es que se han quedado temas fuera como el de un análisis profundo de las prostitutas en el cine, de las locas, de las pandilleras, de lesbianas, del cine de adolescentes. Hay bastantes más rebeldes y peligrosas.

Te atreves sin temor con una década para mi sembrada de incorrección política y despropósitos machistas como son los años 80 del siglo XX, sembrados de “family values” ¿Crees que el clima sociopolítico del momento influye en la representación del género y la diferencia sexual en la pantalla?

Los 80 fueron años bastante terroríficos, sí. Atracción fatal, que tiene un gran peso en el libro es una reacción patriarcal brutal a la emancipación femenina de la Segunda Ola del movimiento feminista. Las películas, las series, no son un reflejo de la sociedad porque son una interpretación personal de quien se pone detrás de una cámara o de quien escribe una historia. Pero es innegable que estos relatos se nutren de la realidad. Creo que todas las décadas son muy machistas en general. Los 80 también nos dejaron la gran joya que es “Dirty Dancing”. La autora Hadley Freeman tiene un ensayo maravilloso que se titula precisamente The time of my life en la que afirma que los 80 la enseñaron a ser feminista.

Uno de los capítulos más evocadores y documentados está dedicado a esa vamp, a la vez mítica y olvidada, que fue Mae West. ¿Qué papel ha jugado la censura en este trayecto hacia la libertad sexual?

Mae West le dio un vuelco muy grande a cómo leía el cine. Lo mismo me ocurrió como historiadora cuando me leí el libro Mujeres raza y clase de Ángela Davis. Vi cómo es posible que un personaje femenino construya su sexualidad desde el poder. Mae West fue muy consciente del poder que le daban sus curvas. Se comía el deseo de los hombres, lo masticaba y se lo escupía en su cara. Ese poder sexual no lo había conocido en el cine. Creo que Sharon Stone en Instinto Básico es de las pocas que lo recupera.

Los 80 fueron años bastante terroríficos, sí. Atracción fatal, que tiene un gran peso en el libro es una reacción patriarcal brutal a la emancipación femenina de la Segunda Ola del movimiento feminista.

Además, las películas de West son muy locas y divertidas y tienen una reivindicación de clase social muy potente, Y es muy interesante cómo se relaciona con las mujeres porque lo hace desde unos pactos muy reivindicables. Más allá de sus películas Mae West fue una persona muy influyente y poderosa. Escribía sus propias historias, controlaba sus películas, salvó a la Paramount de la bancarrota y fue capaz de llegar al dinero. Y esto pocas mujeres lo han conseguido. Su descaro fue tal que tuvo que lidiar con la censura. Ella le dio la vuelta y se benefició. Pero sí que es verdad que en sus últimas películas se ve que la censura influyó.

La censura funciona en dos direcciones. Prohíbe, pero al mismo tiempo crea interés. Lo prohibido siempre nos atrae, siempre nos llama. Censurar actitudes sexuales de mujeres conscientes de su sexualidad es muy sintomático de una sociedad judeocristiana que define la sexualidad femenina como peligrosa. Y es verdad. Porque pocas cosas hay tan poderosas como una mujer libre y consciente de su sexualidad.

Censurar actitudes sexuales de mujeres conscientes de su sexualidad es muy sintomático de una sociedad judeocristiana que define la sexualidad femenina como peligrosa.

Es curioso, porque en estos últimos tiempos la censura también viene de cierto sector del feminismo que quiere prohibir conciertos o canciones. Me acuerdo que cuando estrenaron 50 sombras de Grey un grupo de feministas llamó al boicot. Francamente me parece tan ridículo como peligroso este tipo de acciones que animan a la censura. En este país tenemos una historia demasiado larga con el tema.

Hay filmes a los que dedicas capítulos enteros como es el caso de “Carmina”, dirigida por su hijo Paco León ¿puedes explicarnos algo de la evolución de la figura del “ama de casa” en el cine español?

Para mí el personaje de Carmina es una diosa. Tiene la capacidad de hablarnos directamente desde su cocina, desde ese espacio doméstico al que han estado condenadas muchísimas mujeres españolas durante décadas para contarnos su verdad. Carmina es un personaje muy excepcional porque es muy brutal en sí misma. Las estrategias que desarrolla para afrontar la vida y la precariedad no las puede desarrollar cualquiera.

La ama de casa española no le ha interesado demasiado ni al cine ni al feminismo. El modelo mayoritario ha sido el de madre complaciente y sumisa sin especial relevancia en las tramas. O la madre terrorífica de Furtivos. Hay una gran revolución en la representación de las mujeres españolas con las cineastas de la Transición, Cecilia Bartolomé, Josefina Molina y Pilar Miró, y sus películas Vámonos Bárbara, Función de noche y Gary Cooper que estás en los cielos. En las tres películas se analizan de forma muy radical y profunda qué significa intentar salirse del modelo de ama de casa española. Creo que es un proceso muy interesante.

Por último, algún apunte sobre el papel jugado por los críticos de cine en todo esto.

La crítica de cine, como otros muchos ámbitos culturales ha sido un mundo muy patriarcal y masculino. Además, no podemos olvidar que el cine en general tiene un punto de vista muy androcéntrico.

Hay mucho rechazo por gran parte de esta crítica tradicional de asumir la perspectiva de género en sus lecturas. Es muy curioso como lo pueden ver como una amenaza. Hace pocos días emitieron El hombre tranquilo de John Ford y vi en redes como un crítico ridiculizaba una crítica que apuntaba al machismo de la película. A mí el hombre tranquilo me parece una obra de arte. Pero si la veo no puedo obviar que John Wayne arrastra a Maureen O’Hara por la campiña irlandesa casi de los pelos durante más de dos minutos. Ese hecho no la invalida como obra de arte, pero sí que hay que visibilizarlo.

Se suele decir que El hombre tranquilo es un reflejo de la sociedad en la que se rodó en el año 1952 y que verlo de otra manera es ser casi una histéricas. Será reflejo de cierta sociedad, porque solo tres años antes Simone de Beauvoir había escrito El segundo sexo y estaba comenzando la Segunda Ola de los feminismos.

A mí El hombre tranquilo me parece una obra de arte. Pero si la veo no puedo obviar que John Wayne arrastra a Maureen O’Hara por la campiña irlandesa casi de los pelos durante más de dos minutos. Ese hecho no la invalida como obra de arte, pero sí que hay que visibilizarlo.

La perspectiva de género hay que asumirla en todas las lecturas culturales y unirla al resto de elementos de análisis. Creo que enriquece cuando lo hacemos desde las ciencias sociales. En su día escribí sobre el tema a propósito de El último tango en París

No somos unas caprichosas y unas taradas a las que ahora se les ocurre prohibir películas como Lo que el viento se llevó o Blancanieves. Queremos lecturas críticas y enriquecedoras. De todas maneras, es un tema que me produce cada vez más pereza. Tanto la resistencia y los supuestos dignos cabreos de la crítica canónica porque nos ven como una amenaza y nos infravaloran como las personas que piensan que Cruela de Vil fomenta el maltrato animal. A mí lo que realmente me gusta es seguir viendo películas y seguir buscando rebeldes y peligrosas.






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