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Entre traspiés, la ONU anuncia un aumento de la hambruna

El día de ayer, la ONU anunció que los países con ingresos medios y bajos pasaremos de 135 millones de personas en situación de inseguridad alimentaria grave a 265 millones. Sin embargo, el año pasado en todo el mundo se reportaron 654.1 millones, ¿cómo se afectará a los restantes 519 millones?

Jueves 23 de abril

Las repercusiones del Covid-19 no cesan a nivel planetario, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU estima que en los países con ingresos medios y bajos pasaríamos de 135 a 265 millones de personas con hambre aguda para este año.

Sin embargo, la misma ONU, el año pasado, reportaba que la inseguridad alimentaria grave, eufemismo que usan para designar a las personas con hambre aguda, era de 654.1 millones de personas a nivel mundial, 53.7 millones de personas en América Latina. En México 11.5 millones de personas se encontraban en esta situación.

¿Cómo hicieron estos nuevos estimados? ¿No hay afectación para los restantes 519 millones de personas? ¿A qué países pertenecen, a los de altos ingresos?

Aunados a estos traspiés y como es usual en estos organismos proimperialistas, se elaboran distintas subcategorías para moderar los datos. Si tomamos en cuenta a las personas con inseguridad moderada o grave, las cifran aumentan considerablemente: en el mundo 1,915.1 millones de personas tiene problemas de acceso a los alimentos, tan solo en México hay 36.2 millones en esta situación, ¡una tercera parte de la población!

¿Cuál será el verdadero impacto del Covid-19? ¿Cuál será el impacto en los países con altos ingresos, siendo que la contracción económica afectará principalmente a las económicas centrales, según los cálculos que ha hecho el mismo FMI?

Un mundo de cabeza

Tan solo en Estados Unidos, el gobierno puede inyectar en unos pocos segundos 2 billones de dólares para salvar a los grandes capitales, pero para los mismos programas de la ONU, como el PMA, les será difícil conseguir 12 mil millones de dólares para financiar sus programas de ayuda.

Esta pandemia mundial desnuda que las grandes decisiones las toman los banqueros, empresarios de farmacéuticas, de industrias energéticas, etc., a su vez, pone en evidencia la concentración de las patentes de semillas, el monopolio de cadenas de comida rápida o los altos precios de la canasta básica que son fijados en un mundo financiero altamente especulativo. En otras palabras, nos enfrentamos a un problema de mayor envergadura.

El hambre es un problema con el que ya vivíamos, con ella crecemos amplias capas de la población, es parte de nuestras vidas.

Los discursos a comienzos de las campañas políticas, de paliar la hambruna, se diluyen hasta transformarse en ganancias para la minoría.

Con esta retórica, a gobernantes les es fácil pedirnos que comamos nutritivamente, que nos quedemos en casa, que mejoren nuestros hábitos higiénicos, cuando la realidad que vivimos es muy diferente, pues las patronales nos exponen al Covid-19 sin condiciones salubres, nos despiden o nos pagan con migajas.

La clase trabajadora y los pobres crecimos en crisis, hemos sabido sobrellevar que las decisiones más imprescindibles para la vida las tome el uno por ciento de la población mundial. Tenemos que hacer a un lado este “sentido común” de no poder vivir sin los patrones, cuando las mujeres, los jóvenes y los trabajadores somos quienes hacemos que el mundo se mueva. Sin nosotros, los empresarios no tendrían razón de ser. No podemos normalizar que moriremos de hambre por las consecuencias económicas que dejará el Covid-19.

Como clase trabajadora, tenemos que luchar organizadamente para tomar el timón y virar hacia un mundo sin hambre, con seguridad, empleo y educación. Si no lo hacemos, veremos pasar la historia por encima de nosotros en donde las clases dominante nos empujan a situaciones de barbarie, las cuales será cada vez más atroces.

Plantar la cara ante tan catastrófico futuro implica transformar el modo de producción y reproducción de la vida. Hablar de organización contra la patronal, en redes sociales, en centros de trabajo y estudio tiene que ser nuestra constante, a la par de exigir a los gobiernos: suministros de alimentos nutritivos en escuelas y hospitales, multiplicación de comedores populares, estabilidad en el empleo y plenos derechos laborales. Levantar redes de solidaridad en barrios y centros de estudio, arciticuladas al control obrero de las fábricas nos servirá para imponer un porgrama revolucionario contra la ofensiva capitalista, que prefiere sus ganancias a nuestra salud, a nuestras vidas.

Fuentes

ONU, La COVID-19 duplicaría el número de personas que hacen frente a crisis alimentarias si no se actúa con rapidez, disponible aquí: https://es.wfp.org/noticias/covid-19-duplicara-numero-personas-hambre-si-no-se-actua

ONU, Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe, 2019, disponible aquí: http://www.fao.org/3/ca6979es/ca6979es.pdf






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