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OPINIÓN

“Es un deber que la clase trabajadora luche por las demandas democráticas y contra la represión”

Hace justo 34 años, en abril de 1984, estuve preso en la cárcel Modelo de Barcelona por luchar como obrero de Panrico. Hoy es un deber para mi, haber estado en esta misma prisión por la libertad de expresión y contra la represión al pueblo catalán.

Joe Molina

Trabajador despedido de Panrico, Barcelona | @joemolina57

Miércoles 18 de abril | 17:15

El pasado domingo 15 de abril estuve presente frente a la prisión Modelo de Barcelona, donde han tenido lugar diversos actos reivindicativos por la libertad de expresión y que han culminado con una concentración masiva alrededor de sus instalaciones.

Una primera marea humana se hizo presente después de la multitudinaria manifestación en las calles de Barcelona por la liberación de los presos políticos. Hasta que otra marea juvenil llegaba para escuchar los conciertos de raperos y raperas rebeldes que gritaban por la libertad de expresión y la represión cada vez más intensa a cualquiera que se anime a criticar a la monarquía, jueces, fiscales, gobierno y cualquier miembro o institución del Régimen.

Por eso estuve presente el domingo en la antigua prisión Modelo, en la que estuve detenido justo en abril de 1984. Porque me resulta totalmente inadmisible que la rancia casta política de este país, que se autodenomina “democrática”, a pesar de que los tres últimos jefes de Estado no hayan sido elegidos por nadie, esté plagada de casos de corrupción, malversación, tráfico de influencias y toda una larga lista de delitos y aún así saquen pecho y se rían de todos nosotros, mientras enjuician y piden cárcel para aquellos que a través de su música denuncian lo que sucede.

Estuve detenido como trabajador en lucha, como obrero de Panrico-Donuts, junto a un colectivo de repartidores autónomos, que nos unimos y nos organizamos para llevar a cabo una huelga indefinida que duró tres semanas, en demanda de mejoras laborales. La empresa intentó acabar con la huelga denunciando al comité de repartidores del que yo formaba parte, y que había sido elegido democráticamente por el coléctivo de repartidores autónomos mediante elecciones abiertas.

Acusándonos de coacción y daños contra los esquiroles consiguió que cinco de nosotros fuéramos arrestados y encarcelados durante tres días en esta prisión ante la que nos encontramos el domingo, reclamando libertad de expresión y libertad para los presos políticos.

Pero esta estrategia se le volvió en contra. A partir de ese momento hasta los más escépticos en la lucha cambiaron de opinión y se volcaron consiguiendo una unidad que hasta entonces resultaba difícil. Eso obligó a que hasta algún político de la época y el Sindic de Greugues (defensor del pueblo, en Catalunya) nos apoyara. Hasta que la empresa se vio forzada a recapitular y sentarse a negociar. Como resultado de esa negociación se perfiló un convenio paralelo al de los trabajadores fijos revisable cada año y culminó con la integración de todos los autónomos que así lo quisieron en plantilla. Algo impensable en aquellos momentos en que la tendencia empresarial comenzaba a ser todo lo contrario.

Este edificio que ya cerró sus puertas, no solo ha sido el lugar de reclusión de pobres, -nunca de los ricos que realmente nos roban al pueblo y a la clase trabajadora-, sino también lo ha sido de trabajadores y trabajadoras que en su día lucharon por unas condiciones laborales dignas, enfrentándose tanto al patrón como a las direcciones sindicales mayoritarias que desde hace ya unas décadas se convirtieron en la mano derecha del capital, actuando como cortafuegos en cualquier intento de lucha de la clase trabajadora.

Es por esto que la clase trabajadora no puede permanecer impasible ante este retroceso en las libertades. Si hoy un músico, un actor, un periodista, cualquier persona en el ejercicio de su profesión, puede acabar preso por denunciar y exponer sus ideas contrarias al sistema opresor, mañana, si ya no pasa hoy, cualquier reivindicación laboral, social o política puede ser tachada de insurgencia o rebelión.

Por ello, hoy lo que toca es una huelga general. Los trabajadores y trabajadoras hemos de ser conscientes de nuestro gran potencial como motor de la sociedad, poniéndonos al frente de cualquier reivindicación que se atreva a desafiar al sistema, rompiendo el corporativismo y división que impuso la burocracia sindical, que hoy mira impasible cómo atacan al pueblo catalán. Que el enemigo sea plenamente consciente que si tocan a uno, nos tocan a todos y que cada acción tendrá su respuesta.

No es casualidad que este acto juvenil, bañado de rabia y pasión artística, se haya realizado en Catalunya, donde la represión es cotidiana desde que el pueblo catalán se manifestó el 1-O y los palos, cárcel y represión son el pan de cada día.

La cárcel modelo se convirtió la semana pasada, en un símbolo de la represión que se vive en todo el Estado. El objetivo de Rajoy y el PP, la corona y todo el Régimen es liquidar al movimiento democrático catalán para continuar su avanzada represiva en todo el Estado. Por eso no puede haber ni un rapero, ni periodista ni tuitero crítico, ¡a ver si la juventud junto a la clase trabajadora sale a las calles para tumbar este sistema opresivo!






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