Cultura

LOS CINCO PRIMEROS AÑOS DE LA INTERNACIONAL COMUNISTA

Espartaco en Berlín (II)

La segunda parte del artículo sobre la revolución alemana de 1918-19. Sus dirigentes, Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, y los orígenes de la III Internacional.

Guillermo Iturbide

Ediciones IPS-CEIP

Miércoles 8 de junio de 2016

En la parte I de este artículo terminábamos hablando del debate sobre la Asamblea Nacional Constituyente y la oposición de los espartaquistas a ésta.

La inmadurez y las ilusiones de la mayoría de la clase obrera en una revolución recién comenzada, así como la conciencia aún más atrasada de los campesinos y sectores medios que se expresaban en los consejos de soldados, fomentada con toda perfidia mediante engaños por los dirigentes reformistas, llevaban a que los trabajadores y sus consejos se negaran a asumir su propio gobierno y siguieran sosteniendo al gobierno burgués republicano. Un fenómeno muy similar a la primera etapa de la Revolución Rusa de 1917, cuando los soviets, también entonces dirigidos por reformistas, sostenían al gobierno provisional surgido de la Revolución de Febrero.(1)

Al mismo tiempo, importantes sectores de los obreros de Berlín, venían haciendo una experiencia acelerada con el gobierno socialdemócrata. En diciembre se dan manifestaciones impresionantes, donde los espartaquistas y los Delegados Revolucionarios movilizan cientos de miles, casi en paridad numérica con las fuerzas movilizadas por el SPD. Los soldados influidos por los revolucionarios se enfrentan con las fuerzas pro-gobierno durante la llamada “Crisis de Navidad”, ocasionándoles muchas bajas. El gobierno gira hacia la derecha, y a raíz de esta crisis, en los días siguientes el USPD tiene que renunciar a sus ministerios y abandonarlo.

Cambio de rumbo

En este contexto, en la segunda quincena de diciembre de 1918, la mayoría de los dirigentes de la Liga Espartaco consideran que hay que dar un cambio radical de orientación en dos puntos fundamentales. En primer lugar, ya no tiene sentido seguir llamando a boicotear la Asamblea Nacional (por el riesgo de que la vanguardia obrera que ya hizo su experiencia con el gobierno se siga aislando cada vez más de los trabajadores del resto del país que vienen más atrás), sino que se debe participar en las elecciones a ella con una postura revolucionaria. Y el segundo punto, que la Liga Espartaco debe dejar de ser una fracción del USPD y debe fundar un nuevo partido, independiente. De lo contrario, a medida que se siga aplazando ésta última tarea en medio de la revolución, más difícil será organizar los sectores de los trabajadores que vayan haciendo su experiencia con los reformistas y los centristas.

Es así que durante los últimos días de 1918 y los primeros de 1919 se funda el Partido Comunista alemán (KPD), el primer aliado internacional de los bolcheviques rusos. No obstante, el KPD es un partido heterogéneo ideológicamente. Surge de la fusión de la Liga Espartaco con otra importante corriente (IKD) también proveniente de la socialdemocracia, que tenía una fuerte impronta anarco-sindicalista, con posiciones sectarias y que levantaba como principios el abstencionismo electoral y la fundación de sindicatos puramente comunistas. El peso de esta última corriente y su influencia en sectores juveniles de la propia Liga Espartaco se hacen sentir en el congreso fundacional del KPD, que vota mayoritariamente, a pesar de los esfuerzos de Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht, seguir llamando a boicotear las elecciones a la Asamblea Nacional.

El enfrentamiento decisivo

Los tiempos de maduración de la conciencia y la experiencia de las distintas capas de la clase obrera, así como de sus posibles aliados, como los campesinos, son desiguales y muchas veces tienden a no coincidir. La función de un partido obrero revolucionario, en la medida en que está bien implantado y tiene influencia de masas, es justamente resolver este problema, esta discordancia, buscando unir a la vanguardia obrera (que ha hecho su experiencia con el reformismo y se acerca al comunismo) con sectores más amplios de las masas de trabajadores, y a su vez tratar de ubicar a la clase trabajadora en su conjunto como la cabeza de una alianza con los campesinos y las clases medias bajas, que no pueden jugar un papel revolucionario en forma independiente. Dando cuenta de este problema, el programa espartaquista, redactado por Rosa Luxemburg, plantea claramente:

La Liga Espartaco solo tomará el poder gubernamental por medio de la clara voluntad inequívoca de la gran mayoría de las masas proletarias en Alemania, solo en virtud de su aceptación consciente de los puntos de vista, objetivos y métodos de lucha de la Liga Espartaco.(2)

En los primeros días de enero de 1919, el KPD y los sectores obreros de Berlín sobre los que influía, tenían una gran capacidad de movilización. Pero el gobierno contaba con clara ventaja en el resto del país y en sectores de la base de las fuerzas armadas, más atrasados. Por este motivo, el SPD cree que es el momento adecuado para ir a un enfrentamiento decisivo con la vanguardia revolucionaria y así lograr derrotarla. Así, la provoca constantemente y trata de empujarla al combate en condiciones desfavorables para ella. Ya durante la Revolución Rusa de 1917, en el episodio conocido como las “Jornadas de Julio”, se dio una situación que ahora se estaba repitiendo en Alemania y que con el tiempo se transformaría en casi una “ley” de las revoluciones obreras.

La provocación del SPD comienza con la destitución de su cargo del jefe de la policía de Berlín, Emil Eichhorn, un militante de la izquierda del USPD muy popular en el movimiento obrero. Con la dirección de Eichhorn se habían dado grandes pasos en desmantelar el viejo aparato represivo de la capital. Durante varios días se realizan asambleas, movilizaciones y enfrentamientos protagonizados por la vanguardia obrera junto al KPD, los Delegados Revolucionarios y el USPD, éste último ahora fuera del gobierno, exigiendo la restitución de Eichhorn a su puesto. Militantes de estas fuerzas, además, ocupan anárquicamente las redacciones y las imprentas de los diarios burgueses, y particularmente del Vorwärts, el vocero del gobernante SPD.

En medio de incesantes movilizaciones y escaramuzas, logran que Eichhorn permanezca en su puesto, Pero la vanguardia obrera, impaciente, quiere ir más allá. El KPD, además, es un partido joven, donde se conoce poco la experiencia de la Revolución Rusa, y donde es popular la visión de que la estrategia revolucionaria consiste, esencialmente, en avanzar en forma ininterrumpida.

Entusiasmados por la victoria parcial, y con varios edificios públicos tomados por manifestantes, un grupo de dirigentes de las tres organizaciones discuten pasar a la ofensiva, derrocar inmediatamente al gobierno y tomar el poder. Surge entonces un “Comité Revolucionario” para coordinar la acción conjunta del KPD, el USPD y los Delegados Revolucionarios. Aquí entra en juego una vorágine que es propia de las revoluciones y que en los siguientes años va a ser estudiada y discutida en forma muy caliente por los congresos de la Internacional Comunista: los principales dirigentes espartaquistas con grandes responsabilidades, particularmente Liebknecht, tendieron a “autonomizarse” junto con la propia vanguardia, separándose del movimiento general de la clase obrera. En medio del caos de esos días, el contacto con el conjunto de la dirección del KPD, particularmente con Rosa Luxemburg, se interrumpe…

Las “jornadas de Espartaco”

Entre el 4 y el 6 de enero, llamadas por el Comité Revolucionario, se dan manifestaciones de obreros, muchos de ellos armados, un día tras otro, que llegan a ser… ¡medio millón en las calles de Berlín! Sin embargo, estas acciones no tienen un fin concreto, ni hay instrucciones de ningún tipo, ni un plan de operaciones para hacer una insurrección e ir a tomar los centros del poder gubernamental. Esto se debe a que, en medio de los acontecimientos, el USPD, partido centrista y vacilante, y los Delegados Revolucionarios por él influidos, vuelven sobre sus pasos y terminan dejando solo al KPD. Esto desmoraliza a la vanguardia obrera, que pierde la iniciativa.

En los días siguientes, el gobierno del SPD aplicará la ley marcial. Logran terminar con las ocupaciones de edificios públicos y las redacciones de los periódicos. Persiguen y fusilan a los principales dirigentes.

El 14 de enero, Rosa y Karl vuelven a encontrarse, ya clandestinamente, y dan cuenta de la derrota.

Rosa escribe:

Los dirigentes han fallado. Sin embargo, la dirección puede y debe ser re-creada por las masas y a partir de las masas. Las masas son lo decisivo, son la piedra sobre la que se construirá la victoria final de la revolución. Las masas estaban a la altura, y han colocado a esta “derrota” como un eslabón más de las derrotas históricas que son el orgullo y la fuerza del socialismo internacional. Y de esta “derrota” va a florecer la futura victoria. (3)

Mientras la tinta de estas palabras aún estaba fresca, ambos revolucionarios son asesinados por el gobierno socialdemócrata. Una gran barrera de sangre se cruzaba entre dos corrientes del movimiento obrero, la reformista y la revolucionaria.

Pocos meses después, Trotsky reflexiona:

El proceso histórico se dio de tal modo que, durante la guerra imperialista, la socialdemocracia alemana demostró ser –y ahora puede expresarse con completa objetividad– el factor más contrarrevolucionario en la historia mundial. Sin embargo, la socialdemocracia alemana no se originó por accidente; no cayó del cielo, fue el fruto de los esfuerzos de la clase obrera alemana durante décadas de ininterrumpida construcción y adaptación a las condiciones prevalecientes bajo el dominio del Estado capitalista-junker. La organización partidaria y los sindicatos relacionados con la misma, captaron en el ambiente proletario a los elementos más sobresalientes y enérgicos, que luego fueron moldeados psicológica y políticamente. Cuando estalló la guerra, y consecuentemente, cuando llegó el momento de la prueba histórica más grande, resultó que la organización oficial de la clase obrera actuó y reaccionó, no como la organización proletaria de combate contra el Estado burgués, sino como un órgano auxiliar del Estado burgués, destinado a controlar al proletariado. (4)

Los debates que apuntamos sobre la revolución alemana seguirán siendo fuente de las discusiones sobre táctica y estrategia desde el Primer Congreso de la Internacional Comunista, al que dedicaremos nuestro próximo artículo.

***
La bibliografía en castellano sobre el tema de este artículo es escasa. Les recomendamos a los lectores Pierre Broué. Revolución en Alemania. Tomo 1.

Asímismo, se puede consultar Paul Frölich, Rosa Luxemburg, vida y obra, Ediciones IPS-CEIP, Buenos Aires, 2013. El autor fue dirigente del KPD durante la revolución alemana.

En los próximos meses, Ediciones IPS-CEIP publicará una antología de Rosa Luxemburg que incluye sus escritos de esta época.

También recomendamos la gran película biográfica, Rosa Luxemburg, del año 1986, dirigida por Margarethe von Trotta y protagonizada por Barbara Sukova.

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Notas

1. “Y he aquí cómo nació la paradoja de la Revolución de Febrero. El poder se halla en manos de los socialdemócratas, que no se han adueñado de él por un golpe blanquista, sino por cesión franca y generosa de las masas triunfantes. Estas masas, que no sólo niegan la confianza y el apoyo a la burguesía, sino que la colocan casi en el mismo plano que a la nobleza y a la burocracia y sólo ponen sus armas a disposición de los soviets. Y la única preocupación de los socialistas, a quienes tan poco esfuerzo ha costado ponerse al frente de los soviets, está en saber si la burguesía políticamente aislada, odiada de las masas y hostil hasta la médula a la revolución, accederá a hacerse cargo del poder (…) Y al mismo tiempo que realizan esta operación, los "socialistas", como burlándose de sí mismos, siguen calificando a la burguesía de enemigo de clase. Guardando todas las formas rituales de los oficios religiosos, se comete un acto de sacrilegio provocativo. (…) ¿Acaso no es esto una paradoja? Y esta paradoja tenía por fuerza que causar asombro; aún no se había dado la revolución alemana de 1918 y el mundo no era aún testigo de una grandiosa operación del mismo tipo, pero realizada con mucho más éxito por la "nueva clase media" acaudillada por la socialdemocracia germana.” León Trotsky, Historia de la Revolución Rusa (1932), Capítulo 9
2. Rosa Luxemburg. Was will der Spartakusbund?, diciembre de 1918.
3. Rosa Luxemburg. Die Ordnung herrscht in Berlin. Die Rote Fahne.(14/01/1919).
4. León Trotsky, Una lenta revolución (23/04/1919) Los cinco primeros años de la Internacional Comunista, Ediciones IPS-CEIP, de próxima aparición.






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