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Estados Unidos: por qué los socialistas no apoyamos a Bernie Sanders

La revista Jacobin y los miembros de los Democratic Socialists of America agrupados en torno a The Call abogan por un respaldo a Bernie Sanders en las elecciones de 2020. Por qué los socialistas llamamos a no apoyarlo.

Martes 5 de marzo

La siguiente nota se publicó originalmente en inglés en el sitio Left Voice, parte de la red internacional La Izquierda Diario, con el título A Socialist Case Against Bernie 2020. También forma parte del último número de la revista impresa Beyond Resistance: a Left that Fights to Win

La revista Jacobin y los miembros de los Democratic Socialists of America (DSA, por sus siglas en inglés NdT) agrupados en torno a The Call abogan por un respaldo temprano a Bernie Sanders para presidente en las elecciones de 2020. También quieren que la DSA de prioridad a esta campaña electoral sobre todas las demás actividades.

En los últimos meses, Jacobin ha incrementado sus esfuerzos para elevar y promover al senador de Vermont en su eventual candidatura a la Oficina Oval. "Escucha a tu corazón. ... Bernie Sanders debe postularse para presidente", dice un artículo titulado "Run, Bernie, Run" (Run, correr en español, también se utiliza para postulaciones a cargos electivos, NdT), publicado el 12 de diciembre en la revista de centro izquierda.

La mayoría de los partidarios de Sanders son votantes demócratas de orientación progresista que no ven la necesidad de acabar con el capitalismo, pero que reconocen las desigualdades y otras consecuencias del neoliberalismo como un problema urgente. Para estos sectores, que pueden estar totalmente de acuerdo con la plataforma socialdemócrata de Sanders, poner a Bernie en la Casa Blanca podría ser su único objetivo. Este artículo se enfoca en debatir con los socialistas que, reconociendo las deficiencias de la plataforma progresista de Sanders, están a favor de respaldarlo como un candidato demócrata para presidente.

En el entorno socialista, los defensores de "Bernie 2020" presentaron dos argumentos principales: primero, que la campaña de Sanders es el "mejor medio disponible para elevar la conciencia de clase de los trabajadores", y segundo, que hay una batalla dentro del Partido Demócrata entre un ala progresista y una corporativa, y que los socialistas necesitamos participar en esa lucha.

Discutamos el primer argumento. ¿Es la campaña electoral de Sanders la mejor manera de "elevar la conciencia de la clase trabajadora"? ¿Es su potencial candidatura presidencial dentro del Partido Demócrata un medio para desarrollar la "conciencia de los trabajadores de su propio poder"?

Para elevar la conciencia de la clase trabajadora, los trabajadores deben entender que todos pertenecen a la misma clase y que comparten un interés común. Esta conciencia también implica el reconocimiento de los trabajadores de su propio poder y la comprensión de que aquellos que nos explotan también están unidos por un interés común de clase. Solo se necesita un paso más para reconocer que esta clase tiene las riendas de las instituciones estatales, el sistema de leyes y el gobierno.

Por lo tanto, es curioso afirmar que la campaña de Sanders es el "mejor medio disponible" para desarrollar la conciencia de los trabajadores. Como muchos han señalado, un programa electoral de la clase obrera que refleje las demandas de los más oprimidos puede ser relativamente efectivo para criticar despiadadamente las instituciones de una sociedad capitalista: la Corte Suprema ridículamente antidemocrática que decide los destinos de millones, el carácter intrínsecamente racista de la Policía, el sesgo ultraconservador del Senado, la "puerta giratoria" (expresión que alude al pase de altos cargos del sector público al sector privado y viceversa, NdT) en el Congreso y así sucesivamente. Pero para que este programa impulse aún más la conciencia de los trabajadores, tiene que ser anticapitalista, audaz e inflexible. Y seamos claros: en el caso de respaldar a Sanders para 2020, la DSA proporcionará la fuerza militante para su campaña con poca o ninguna influencia sobre su contenido.

Por otro lado, es un error considerar las elecciones como la única forma de mejorar la conciencia de los trabajadores. La lucha de clases (en sus diversas formas) puede desempeñar un papel destacado en este proceso: los trabajadores son más conscientes de su fuerza y ​​reconocen más claramente a sus enemigos a través de la lucha contra el patrón, la experiencia de una huelga o mediante diversas campañas como organizarse contra la brutalidad policial o contra la crisis habitacional. Los socialistas y revolucionarios involucrados en estas experiencias pueden desempeñar un papel vital de catalizador, extrayendo lecciones de las batallas contra patrones y funcionarios estatales.

Una vez más sobre el Partido Demócrata

El mayor problema con “Bernie 2020” es que se postulará dentro el Partido Demócrata. (Si alguien todavía cree que Sanders es independiente, su declaración [1] sobre las reformas que necesita el Partido Demócrata, demuestra que no lo es). Entonces, ¿de qué manera aumentará la conciencia de clase con esta campaña electoral? En lugar de alentar a los trabajadores a organizarse y confiar en su propio poder, si las organizaciones socialistas como la DSA apoyan la candidatura demócrata de Sanders, enviaran el mensaje de que el vehículo para lograr nuestros objetivos es, de hecho, el Partido Demócrata. El propio Sanders lo dice muy claro. En su entrevista con Daniel Denvir en el podcast de Jacobin, enfatizó: "Puede haber algunas excepciones a la regla en esta o aquella comunidad en todo el país, pero la acción tiene que estar dentro del Partido Demócrata".

Hay acuerdo entre la izquierda en que el Partido Demócrata ha sido históricamente un actor político encargado de socavar los proyectos socialistas y desmantelar los movimientos sociales, asegurar la ganancia de la clase capitalista y defender las políticas exteriores imperialistas. Ha cooptado con éxito fuerzas sociales disruptivas, desde el movimiento por los derechos civiles en la década de 1960 hasta el movimiento de derechos de los inmigrantes a principios de la década de 2000. Por el contrario, fue en un momento de profunda crisis y desilusión en el Partido Demócrata, cuando se demostró que era incapaz de impedir el ascenso al poder de Donald Trump, que el DSA y otras organizaciones de izquierda crecieron de manera más significativa.

La crisis en el Partido Demócrata es la consecuencia inevitable de un largo proceso. Asumiendo como propias las políticas del neoliberalismo, los demócratas se han movido más y más a la derecha en las últimas tres décadas.

Aunque Carter inició el giro a la derecha, fue Clinton quien abrazó con entusiasmo el neoliberalismo en los años noventa. El carácter extremadamente antidemocrático del sistema electoral de EE. UU. Permitió que ambos partidos del capital se alternaran en el poder sin oposición. Demócratas y Republicanos, confiando en una participación de votantes cada vez más baja y en distritos donde se elige un solo cargo y no hay representación de las minorías, siguieron girando a la derecha. Pero el suelo sobre el que pisaban comenzó a resquebrajarse. En 2016, el Partido Demócrata había perdido la conexión con una gran parte de su base tradicional, que generalmente es más urbana y de clase trabajadora que la de los republicanos.

El Partido Demócrata todavía está en serios problemas, pero está dando pasos concretos hacia una renovación de su imagen. La nueva generación de "demócratas insurgentes", liderados por grupos progresistas como Indivisible, Justice Demócratas y Brand New Congress son una pieza central en este proceso. Las nuevas figuras están dando nueva vida al partido, al igual que Sanders lo hizo en 2016 y eventualmente lo hará en 2019-2020, mientras que viejos dirigentes como la diputada Nancy Pelosi y el senador Chuck Schumer sostienen las riendas del partido, liman las aristas más de izquierda de políticas sobre inmigración o atención de la salud y mantienen la política directamente en el centro del espectro.

Entonces, cuando escucho que hacer campaña por un demócrata progresista es el mejor medio para avanzar en la política de la clase trabajadora, no puedo evitar pensar que la imaginación de los socialistas estadounidenses es muy limitada. ¿No hay una serie de temas candentes de la clase trabajadora que los socialistas puedan asumir como su lucha principal en los próximos dos años? Incluso en el ámbito de la política electoral, ¿no hay un número suficiente de socialistas que puedan competir con credibilidad por cargos en las legislaturas locales, o en el congreso, incluso si la victoria es menos probable?

Escribiendo en The Call, Robbie Nelson afirma que, al respaldar a Bernie 2020, "podemos hacer llegar el mensaje a millones de partidarios de Sanders de que la mejor manera de llevar adelante una revolución política es participar activamente en las organizaciones socialistas, sindicatos y organizaciones de base". "Movimientos sociales dirigidos". [2] ¿Es así? Poner a cientos o incluso a miles de personas a trabajar en recaudar donaciones o registrar electores para el Partido Demócrata no es una actividad que les ayude a avanzar hacia la ruptura con el callejón sin salida de la política burguesa o a crear un espacio para el creciente movimiento socialista en los Estados Unidos. Solo llevará a estos jóvenes socialistas a las garras del Partido Demócrata.

Ya a mediados de 2018, The Call encabezó una iniciativa para ir detrás de Bernie 2020 y hacer de la campaña una prioridad para el próximo período, ¡incluso antes de que el propio Sanders anunciara su candidatura a la presidencia! Al discutir la lucha en curso entre un ala corporativa y otra progresista del Partido Demócrata, Neal Meyer y Ben Becket señalan de manera aguda que "participar en disputas internas del partido no es un uso estratégico del tiempo de los activistas. En la medida en que de algún resultado, crea (falsas) ilusiones sobre el potencial progresivo de los demócratas ”. [3] No podría estar más de acuerdo. Pero continúan argumentando que "los socialistas deben entrar en la batalla y luchar para torcer el proceso en una dirección favorable a la clase trabajadora".

La contradicción en su declaración es evidente. La verdad es que los miembros de DSA agrupados en torno a The Call están de acuerdo con Sanders en que la lucha principal para los socialistas de hoy tiene lugar dentro del Partido Demócrata. Creo que no es asunto de los socialistas intervenir en las luchas de poder internas de un partido burgués. En todo caso, debemos ayudar a su desaparición. Como mínimo, el DSA, con sus más de 50.000 miembros, podría tener una mejor orientación para los próximos dos años que ir detrás de un proyecto electoral del Partido Demócrata.

En 2018, una ola de huelgas de maestros sacudió el país y encendió las esperanzas de un aumento de la lucha de clases. Hay otras señales convincentes de que estamos en presencia de una nueva ola de conflictividad laboral: la victoria de los trabajadores de hoteles en Chicago y Boston, la huelga de maestros de UTLA y una serie de luchas y victorias más pequeñas que apuntan a una revitalización del movimiento obrero. El papel de los socialistas en estas luchas es primordial.

El movimiento de los “chalecos amarillos” en Francia muestra que la respuesta a décadas de neoliberalismo, austeridad y reducción de programas sociales no tiene por qué ser un nacionalismo conservador. A pesar de sus limitaciones como respuesta heterogénea y policlasista, las movilizaciones masivas asestaron un duro golpe a Emmanuel Macron, que lo obligó a retirar el aumento del impuesto a los combustibles, y destacaron el potencial de la acción directa a gran escala. Aunque Francia tiene una tradición más fuerte de levantamientos sociales, la historia de los Estados Unidos está plagada de explosiones de ira y movimientos de masas. No hay ninguna razón por la que no debamos esperar y prepararnos para intervenir en coyunturas similares en los Estados Unidos.

Bernie Sanders y la división de clase

En un artículo publicado en Jacobin, Ben Becket sostiene que "ningún otro candidato tiene el deseo o la capacidad de polarizar al país en términos de clase". [4] Es cierto que la plataforma de Sanders incluye demandas muy sentidas por la clase trabajadora. Por ejemplo, el impulso a la atención médica universal es un problema que pone a los capitalistas y trabajadores en campos totalmente opuestos. Sin embargo, una ley como la de Medicare for All no va a universalizar el acceso a la salud en el país, aún habría que atender la cuestión de los hospitales privados, las grandes compañías farmacéuticas, etc, pero pondría a los trabajadores en una posición mucho más favorable para luchas por sus demandas.

En pocas palabras, tener acceso a la atención médica independientemente de su estado laboral les permitirá a los trabajadores organizarse en sus lugares de trabajo y enfrentar a sus patrones mediante una acción colectiva sin el temor de perder la cobertura de salud para ellos y sus familias. Pero debemos ser claros: dados los enormes intereses económicos en juego, la atención universal de salud solo se logrará mediante la movilización masiva y la amenaza de huelgas. Esto significa que la lucha por Medicare for All se librará más fuera del Congreso que dentro de él. El DSA tiene la oportunidad y la capacidad de movilizar a sus miles de miembros para que se organicen en sus sindicatos, escuelas y lugares de trabajo y se conviertan en la principal fuerza motriz de una campaña nacional por estas demandas. Priorizar la campaña electoral de Sanders es ir en contra de dicha orientación.

Otros elementos en la plataforma de Sanders son, de manera similar, favorables para las y los trabajadores, como el aumento del salario mínimo federal y la propuesta de universidad pública gratuita. Sin embargo, Sanders no propone estas demandas de una manera que "polarice al país en términos de clase". Los presenta en clave liberal, apelando al sentido común y al sentimiento de justicia social, no como parte de un alegato contra el sistema capitalista. Una y otra vez, Sanders habla sobre la "clase multimillonaria", sobre la concentración inmoral de la riqueza en pocas manos y sobre la injusticia de trabajar largas horas por salarios de pobreza. Todo esto está bien, y la mayoría de la clase trabajadora estaría de acuerdo con eso, pero la retórica y el programa de Sanders apuntan no al socialismo sino a una versión del capitalismo ligeramente más tolerable. Puede que parezca pedirle demasiado a un candidato presidencial con chances para 2020. Pero, ¿alguien de la izquierda revolucionaria cree realmente que nuestro camino hacia el poder será a través de las elecciones? La decisión de a quién respaldar no debe depender de sus posibilidades de ser nominado o incluso de ganar las elecciones generales.

La política de Sanders ha sido descripta como "populismo de izquierda" y con buena razón. Sus políticas socialdemócratas se combinan con la retórica nacionalista acerca de los "Valores Estadounidenses" y "mantener buenos empleos". Peter Frase, señala en el diario on line In These Times que centrarse solo en la popularidad de Sanders puede "desviar nuestra atención de la necesidad de basar nuestras luchas en la organización de masas" y nos lleva a incorporar su "liberalismo New Deal" en lugar de debatir lo que realmente significa "el socialismo". [5] Además, el hecho de que se presente como precandidato del Partido Demócrata no se puede separar del contenido político de su campaña: es una declaración que brinda estabilidad y continuidad al establishment político.

Sin duda, sería diferente si Sanders se presentara como independiente (por fuera del Partído Demócrata, NdT), seguramente tiene los recursos para hacerlo. Este sería un paso importante en la construcción de una alternativa política independiente para los principales partidos del capital. Pero hay dos razones por las que aún no apoyaría su candidatura:

Primero, su historial en política exterior no muestra ni una sombra de la política antiimperialista que necesitamos para el movimiento socialista estadounidense. No solo que votó a favor del bombardeo de Kosovo y de mantener las tropas en Irak y Afganistán, entre otras cosas, sino que ahora sus declaraciones sobre Venezuela son verdaderamente repudiables. En un momento en el que la administración Trump, con la burda excusa de proveer “ayuda humanitaria”, está en realidad orquestando un golpe en Venezuela, financiando a Juan Guaidó y agitando la amenaza de una intervención militar, Bernie Sanders escribe en Twitter que Maduro debería “priorizar el bienestar del pueblo venezolano, aceptar la ayuda humanitaria y no reprimir la protesta.” Evidentemente, lejos de denunciar la avanzada imperialista sobre América Latina, Sanders está reproduciendo el discurso que más le conviene al bloque de halcones que va desde el gabinete de Trump (con Bolton y Abrams a la cabeza), pasando por el reaccionario Marco Rubio, hasta el establishment del partido demócrata.

Segundo, no solo necesitamos un tercer partido como opción al actual bipartidismo. Desde Marx a Kautsky, desde Debs a Trotsky, los socialistas siempre han tenido claro que es la clase obrera la que tiene el poder de transformar radicalmente la sociedad, y por lo tanto, han abogado por una organización política independiente de la clase obrera. El populismo de Sanders, aunque promueve algunas demandas de la clase trabajadora, no busca organizar y movilizar a los trabajadores estadounidenses como clase. Si el DSA es serio acerca de su objetivo de transformar su composición social predominantemente de clase media a una organización de trabajadores, defender el principio de independencia de clase y aplicarlo para decidir a quién apoyar en las elecciones, sería un buen lugar para comenzar.

La izquierda y Bernie Sanders

El DSA puede atarse a la fraseología populista de un candidato del Partido Demócrata, pero lo haría en su propio detrimento. Es cierto que después de la victoria de Alexandria Ocasio-Cortez en julio (en la interna Demócrata, NdT), el DSA creció por miles. Pero un aumento de sus miembros no puede ser el único propósito de una organización política que busca acabar con el capitalismo. Es razonable suponer que quienes se unen al DSA después de las victorias electorales como parte del Partido Demócrata están, en general, mucho más dispuestos a buscar éxitos electorales a través de alianzas tácticas. Y así se completa el círculo: una mayoría de los miembros votará a favor de respaldar a los candidatos del Partido Demócrata, y el proceso de aprobación se realiza con mayor facilidad cada vez. Los riesgos de ese camino son evidentes.

En un agudo ensayo escrito en 1911, Eugene V. Debs advierte sobre el peligro que representa el aumento de los votos para el Partido Socialista cuando se separa de una estrategia de acumulación de fuerzas en los lugares de trabajo y sin una formación política paciente de sus miembros:

”Los votos no nos servirán de nada si nuestro partido deja de ser un partido revolucionario, o solo servirán de manera incidental, mientras cedemos cada vez más a la presión para modificar los principios y el programa del partido en aras de aumentar la votación y acelerar el día de su esperado triunfo. [6]

Los mismos que sostienen que los socialistas aún no están en condiciones de postular a sus propios candidatos son los que más enérgicamente defienden su apoyo a Bernie Sanders. Entiendo la ambición y la necesidad de hablarle a cientos de miles de personas; gran parte de la izquierda en los Estados Unidos se ha regocijado demasiado tiempo en tener una posición correcta mientras se mantiene aislada y sin peso político. Pero si el DSA aún no tiene la fuerza y ​​el reconocimiento para dirigir una campaña presidencial creíble, poner todo su peso detrás de Sanders, mientras oculta las importantes diferencias entre el socialismo y el liberalismo progresista, no es su mejor opción. El DSA podría postular sus propios candidatos en cientos de distritos para cargos locales, estatales y nacionales, e incluso podría presentar un candidato presidencial propio, aunque las posibilidades de ganar son cercanas a cero. En lugar de ir detrás de una especie de celebrity progresista, lanzar candidatos con programas socialistas audaces lograría mucho más en el camino de crear una identidad para la izquierda y promover ideas socialista.

Algunos estamos convencidos de que una estrategia revolucionaria es la única forma de llegar al socialismo. En otras palabras, el capitalismo solo podrá ser derrocado a través de la participación directa de las masas, un esfuerzo concertado de millones de personas para romper los cimientos institucionales del capital y derrotar las fuerzas represivas del estado capitalista. Ver en las elecciones el principal campo de batalla, o la principal herramienta para formar a los socialistas que recién están despertando a la vida política, tiene una lógica de continuidad, en vez de ruptura, con las instituciones del capitalismo. Se basa en la ilusión de un crecimiento progresivo y una transición sin problemas al socialismo a través de los votos. Es un mito, como creer que ir regularmente al casino nos permitirá ganarle a la casa en el largo plazo. Un partido de combate [7], que se prepara desde ahora para el momento crítico de enfrentamiento con las fuerzas del capital, pondría su energía y recursos en la formación política de sus miembros, comprometiéndose en la lucha de clases, aumentando las contradicciones de un sistema que funciona solo para unos pocos y usando las elecciones para agitar ideas anticapitalistas sin edulcorar. Dado que los sindicatos son la primera línea de combate contra el capital, construir fracciones revolucionarias en ellos es primordial para cualquier estrategia socialista.

El Frente de Izquierda en Argentina ha llevado a cabo campañas abiertamente anticapitalistas desde su formación en 2011. Además de tener tres diputados en el Congreso Nacional, tiene escaños en los consejos deliberantes y legislaturas provinciales, organiza a miles de militantes en la lucha de clases, en sus sindicatos y en el movimiento estudiantil y de mujeres y proporciona una plataforma en el parlamento que amplifica las luchas que impulsa fuera de él.

El DSA podría presentar sus propios candidatos o formar una coalición con otras organizaciones de la izquierda anticapitalista, como Socialist Alternative, la ISO (International Socialist Organization) y una variedad de grupos socialistas locales. Este sería un paso pequeño pero importante hacia la construcción de una izquierda que eventualmente pueda representar una amenaza para el capitalismo.

Roles históricos y perspectivas para el socialismo

Sanders llena un vacío de representación para aquellos que están desencantados con la política tradicional, enojados con el establishment político y en busca de una alternativa a la izquierda del Partido Demócrata. A pesar de todos los aspectos progresistas que él y su plataforma presentan, su papel en este escenario es conservador: en 2020, una vez más, canalizará a la clase trabajadora y los activistas de izquierda hacia un partido que desde hace mucho tiempo ha demostrado que representa a su enemigo de clase. Su candidatura presidencial dentro del Partido Demócrata solo puede servir para amortiguar la energía ingobernable de cientos de miles que están hartos del sistema y listos para participar en un proyecto político que lo trascienda.

Es común escuchar que Sanders desempeñó un papel clave para radicalizar a miles de personas y acercarlas al socialismo. Sanders comenzó su carrera política hace más de tres décadas y su mensaje apenas ha cambiado. Esto significa que, en lugar de generar por sí solo un vasto movimiento socialista, Sanders se conectó repentinamente con una nueva generación de activistas que, con razón, ven en el capitalismo la fuente de todos nuestros males sociales, y expresó ese sentimiento de una forma simple y con un carácter anti establishment. Hacer un exámen más balanceado del papel que ha jugado Sanders nos permite escapar de la idea de que no hay nada mejor que podamos hacer que seguir a Sanders hasta su tumba.

Con la política adecuada y un programa audaz, podemos convencer a millones de personas de la necesidad de una ruptura tajante con el capitalismo y de sentar las bases para una nueva sociedad basada en la solidaridad y no en la explotación. La fuerza material para encabezar tal esfuerzo, la escencia de una organización revolucionaria, no vendrá de hacer campaña en favor de un político que ha mostrado repetidamente lealtad a las estructuras de poder del capitalismo. Esta fuerza social se materializará cuando las decenas de miles de trabajadores que luchan contra las patronales y participan en acciones colectivas (como los maestros en huelga de West Virginia, Arizona, Los Ángeles y otros trabajadores combativos de todo el país) den un paso adelante y vean que en la política, al igual que en los lugares de trabajo, hay dos clases, y que debemos unirnos bajo una sola bandera para luchar contra el capital. Ahí es donde las organizaciones socialistas deben poner sus esfuerzos: en la organización contra el racismo, la brutalidad policial y por viviendas asequibles, por educación universitaria gratuita y de calidad y seguro médico para todos. Pero, más que nada, organizándose en los lugares de trabajo y en los sindicatos con nuestra política, expulsar a la burocracia sindical y ganar a nuestros compañeros para el socialismo a través de la lucha, la agitación y la propaganda. El potencial a largo plazo de tal orientación es mucho más prometedor.

Necesitamos una organización socialista revolucionaria que prepare a sus miembros y partidarios para la batalla decisiva: el derrocamiento del capitalismo a través de la acción de masas, las huelgas generales y una confrontación inevitable con las fuerzas del estado. El camino hacia la victoria no tiene atajos: implica la organización paciente, la educación política, la participación en todo tipo de tácticas, la construcción de fracciones en los sindicatos y, lo más importante, la formación de una red de cuadros revolucionarios que sean como los músculos que mueven el cuerpo gigantesco de la clase obrera, de manera coordinada y armoniosa. Una vez que la clase obrera se levante y se sacuda las cadenas, solo el cielo será el límite.



[1Bernie Sanders, “How to Fix the Democratic Party,” Politico, November 10, 2018

[2Robbie Nelson, “Bernie and Class Politics,” The Call, December 6, 2018

[3Neal Meyer and Ben B., “The Case for Bernie 2020,” The Call, August 16, 2018.

[4Ben Beckett, “Run, Bernie, Run,” Jacobin, December 12, 2018.

[5Peter Frase, “The Inside-Outside Approach to Bernie 2020,” In These Times, October 2, 2018.

[6Eugene V. Debs, “Danger Ahead,” International Socialist Review 11, no. 7 (January 1911): 413-415.

[7Juan Cruz Ferre, “The Party We Need: A Revolutionary Socialist Party,” Left Voice, May 14, 2017.





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