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Estudiantes contra los Borbones, una historia de lucha e inconformismo

La protesta estudiantil ha tenido un papel protagonista en buena parte de la historia española, especialmente en los momentos de agitación revolucionaria, cuestionando y enfrentándose a la Corona. Hoy, las iniciativas en las universidades para llevar adelante un referéndum sobre la monarquía atestiguan, precisamente, ese papel protagonista.

Miércoles 14 de noviembre | 12:32

Son ya al menos once, porque se están sumando nuevas constantemente, las universidades del Estado español que están impulsando referéndums sobre la monarquía. Desde la Autónoma de Madrid, la Universidad de Zaragoza, las de Barcelona y la Pompeu Fabra, la Carlos III, la Complutense y la Politécnica de Madrid, también la UNIAS de Asturias, la UVigo en Galicia, la Universidad de La Laguna en Tenerife y la Universidad de León. Iniciativas que desde luego están empalmando con un sentimiento presente en una juventud que está cansada de la precariedad laboral, de los recortes en la educación y servicios sociales, del sistema judicial, de la corrupción o de los ataques a las libertades políticas y de expresión.

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La Monarquía es una de las instituciones centrales de este Régimen. Vinculada con la corrupción, con negocios sucios, con la represión a las libertades democráticas y, sobre todo, con el franquismo, del que es heredera. En un marco en el que la juventud percibe que la sociedad no le ofrece ningún futuro más que sobrevivir con trabajos precarios y vivir peor que sus padres, la casa real, con sus sueldos millonarios, sus galas y “besamanos”, es vista cada vez más como una institución antidemocrática, reaccionaria y anacrónica que está en la cima de quienes quieren perpetuar este estado de cosas. Es por ello que el movimiento antimonárquico entre las y los estudiantes universitarios se extiende como reguero de pólvora y va camino de convertirse en un movimiento estatal junto al resto de las consultas en barrios y municipios.

Esto está ocurriendo ahora, pero no es un fenómeno nuevo. El movimiento estudiantil se ha caracterizado por este cuestionamiento y enfrentamiento a los Borbones desde sus orígenes hasta épocas posteriores.

Si nos retrotraemos al siglo XIX –cuando la universidad era muy diferente a la actual y un privilegio casi absoluto de las elites–, ya observamos hechos históricos como la “Noche de San Daniel” del 10 de abril de 1865. El origen de esta protesta estudiantil estuvo en la prohibición ministerial de expresar ideas contrarias a la monarquía y al Concordato firmado con la Iglesia católica en 1851 y, tras tres días de alborotos, dos mil manifestantes se enfrentaron a la Guardia Civil Veterana en la Puerta del Sol de Madrid, con un saldo de 14 muertos, 74 heridos y 114. Este suceso juvenil sería el anticipo de movilizaciones revolucionarias más serias, como la rebelión del Cuartel de San Gil, el 22 de junio de 1866, contra la reina borbónica Isabel II, apoyada por el partido progresista y el democrático con la intención de echar abajo la monarquía. Durante estos sucesos grupos de estudiantes apoyaron a los militares rebeldes saliendo a la calle y formando barricadas.

Pero si nos vamos al siglo XX, también podemos encontrar distintos momentos históricos fundamentales. En los años 20, el movimiento estudiantil se enfrentó a la dictadura de Primo de Rivera y fue convergiendo con corrientes radical-democráticas, republicanas y socialistas, llevando a cabo una lucha que haría entrar en crisis a este régimen y a la propia Monarquía, que lo había apoyado, desembocando en el inicio de la revolución y el advenimiento de la Segunda República.

Del mismo modo, en los años sesenta y setenta, el movimiento estudiantil estuvo a la cabeza, junto al movimiento obrero, en el enfrentamiento a la dictadura franquista y contra el rey borbónico elegido por el propio Franco, Juan Carlos I, padre del actual monarca y todavía rey emérito. Una juventud de estudiantes, obreras y obreros, que tomaban las facultades y universidades, las fábricas y las calles, jugándose su propia vida, llevando en el corazón la esperanza y la convicción de que un mundo distinto era posible.

Hoy, en 2018, cuarenta años después de la Constitución de 1978, el sentimiento antimonárquico vuelve a florecer entre las y los estudiantes. Aún se encuentra lejos de aquellas grandes gestas revolucionarias que mencionamos. Pero se enmarca en la tradición y experiencia histórica de una juventud y un movimiento estudiantil combativo, rebelde, contestatario y revolucionario.

Las y los estudiantes que hoy impulsan referéndums sobre la monarquía en todo el Estado reivindican su derecho a cuestionar y decidirlo todo, a abolir la monarquía y abrir procesos constituyentes en todo el Estado. Un órdago brutalmente inconformista, que se corresponde con la propia naturaleza de la juventud, por más que los agoreros de siempre digan que las y los jóvenes son unos “pasotas” a los que no interesa nada más que irse de fiesta.

No, la juventud ya no se conforma, quiere dar batalla por su futuro y los referéndums en las universidades son una muestra de esto. Un primer paso que, de desarrollarse, puede abrir el camino al surgimiento de un nuevo movimiento estudiantil. Una juventud combativa que, si busca unirse a las trabajadoras y trabajadores, al movimiento de mujeres, a la lucha de los pensionistas y el resto de los sectores populares, puede hacer, una vez más, que la tortilla se vuelva.

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