Internacional

EUROPA EN CRISIS

Europa. Entre la reacción y el neorreformismo

La crisis capitalista internacional que estalló en 2007-2008 ha demostrado no ser una crisis cíclica más como sostenían los apologistas del capital, sepultando el triunfalismo burgués que acompañó la ofensiva neoliberal de la década de los ‘90.

Santiago Lupe

@SantiagoLupeBCN

Sábado 20 de febrero de 2016

Publicamos para todos nuestros lectores este artículo, aparecido originalmente en la revista Estrategia Internacional Nº 29. Debido a su extensión, publicamos aquí su Introducción y el artículo completo adjunto para descargar en PDF.

INTRODUCCIÓN

La crisis capitalista internacional que estalló en 2007-2008 ha demostrado no ser una crisis cíclica más como sostenían los apologistas del capital, sepultando el triunfalismo burgués que acompañó la ofensiva neoliberal de la década de los ‘90.

La crisis capitalista actual ya está entrando en su octavo año. Si el epicentro inicial de lo que se ha denominado la “Gran Recesión” estuvo situado en los países avanzados (Estados Unidos y la Unión Europea), ya es un hecho que la misma ha entrado en una nueva fase, trasladándose a las llamadas “economías emergentes”, con la desaceleración del crecimiento de países como Brasil, Turquía y especialmente China [1].

Esta crisis no solo ha tenido expresión en el terreno económico, sino que adquirió rápidamente contornos políticos. Una dinámica que dio lugar a nuevas tensiones geopolíticas, procesos de polarización y crisis política en los regímenes de los países centrales –dando lugar a nuevos fenómenos políticos por izquierda y por derecha–, así como la emergencia de una serie heterogénea de fenómenos de la lucha de clases.

Esta combinación de múltiples crisis se expresa agudamente en Europa. La crisis económica y la crisis social que afecta especialmente a los países del sur, persisten junto a crisis de desigual intensidad en los gobiernos y regímenes políticos de varios países, en un contexto de renovadas tensiones geopolíticas. Un complejo escenario al que se ha sumado desde mediados del año 2015 la “crisis migratoria” más importante en décadas, con casi un millón de refugiados ingresando por las rutas de los Balcanes y el Mediterráneo hacia el centro de Europa.

En términos globales, estamos asistiendo a diferentes manifestaciones de la crisis del proyecto mismo de la Unión Europea (UE), un proceso que se presenta profundamente cambiante e inestable, modificándose permanentemente las principales tendencias políticas que le imprimen su dinámica.

En el momento más álgido de la crisis griega, las “amenazas” sobre el futuro de la UE se manifestaron desde la izquierda, aunque de forma muy moderada debido a la estrategia conciliadora de Syriza y el resto de los reformismos europeos. Tras la capitulación sin lucha de Syriza ante la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional), sin embargo, se impuso una relativa tendencia a la estabilización relativa de los regímenes y de los partidos del “extremo centro” –como los definió Tariq Ali– en los principales países de Europa.

Pero estas tendencias se han visto nuevamente trastocadas de manera brusca con la situación abierta tras los atentados del 13N en París. Sobre la base del crecimiento en varios países de tendencias euroescépticas de derecha y extrema-derecha en los últimos años, es desde este flanco que los embates hacia muchos de los gobiernos y regímenes europeos golpean ahora de forma más abierta y pronunciada.

Los brutales atentados de París han actuado así como un acelerador de las tendencias más profundas de la crisis en el seno de la Unión Europea, alimentando un giro hacia regímenes con rasgos más bonapartistas e impulsando a los partidos del “centro” a tomar el discurso y parte de la política de la extrema derecha para responder a la nueva situación. El giro guerrerista y neoconservador del gobierno de Hollande, la prolongación del “estado de excepción” en Francia –resuelta en la Asamblea Nacional con la escandalosa votación del Front de Gauche– y el ascenso electoral del Frente Nacional de Marine Le Pen en las recientes elecciones regionales, son una expresión rotunda de este cambio.

El giro reaccionario que se extiende en Europa, no obstante, se da en el contexto de profundas contradicciones y tensiones sociales que atraviesan al proyecto imperialista europeo, que dificultan su asentamiento y dan lugar a tendencias desiguales e incluso opuestas.

Los recientes resultados de las elecciones generales en el Estado español, donde la formación liderada por Pablo Iglesias, Podemos, ha quedado a pocos votos de superar al histórico PSOE –lográndolo en Cataluña, País Vasco y la capital, entre otros importantes territorios– irrumpen como expresión de una izquierdización canalizada por un proyecto reformista. Un escenario que suma complejidad a las diferentes salidas burguesas a la crisis del Régimen del ‘78 y reabre el debate sobre un “gobierno de izquierda”, aunque de darse este caso sería aún más a la derecha que el proyecto original de Syriza, pues solo sería posible junto a los social-liberales españoles.

En este marco, las tendencias a la polarización continuarán desarrollándose, desde el avance de nuevos gobiernos y formaciones de derecha y extrema derecha, hasta la continuidad de nuevas formaciones de la izquierda reformista como Podemos –o también el efecto Corbyn en Reino Unido y el Bloco de Esquerda en Portugal–, hasta la posibilidad de que frente a la ofensiva guerrerista europea se desarrolle un amplio movimiento contra la guerra imperialista, la xenofobia y en defensa de las libertades democráticas. Estas dinámicas están inscriptas en el próximo período y, de desarrollarse, plantearán nuevos desafíos y oportunidades a los revolucionarios internacionalistas.

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Notas a la Introduccion

* El presente artículo es una versión modificada y actualizada del Documento Político elaborado colectivamente y discutido en la II Conferencia de la FT Europea que tuvo lugar en París los días 5 y 6 de diciembre, organizada por la Corriente Comunista Revolucionaria (CCR) del NPA de Francia, el grupo Clase contra Clase (CcC) del Estado español y la Organización Revolucionaria Internacionalista (RIO) de Alemania.

[1] Ver Chingo, J., “A ocho años del comienzo de la crisis mundial”, en este número de Estrategia Internacional.






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