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INFORME ESPECIAL

Explotación y precariedad: así viven los refugiados sirios en Turquía

Turquía alberga 2.7 millones de refugiados sirios. Campos de refugiados con fuertes controles, explotación laboral y mendicidad: la vida que les espera a los refugiados expulsados de Europa.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Sábado 26 de marzo de 2016

Foto: Refugiados siguen llegando a Grecia aunque serán deportados a Turquía. Stratis Balaskas, EFE

Del total de refugiados sirios residiendo actualmente en Turquía, solo el 10% vive en campamentos de refugiados, mientras el resto sobrevive en centros urbanos, sin conocer el idioma, trabajando de forma ilegal y sin estudios. Según un estudio de la universidad de Hacettepe de Ankara, en noviembre de 2014 el 53% de los sirios en Turquía eran menores de 18 años y el 75% eran mujeres y niños. El acuerdo entre la UE y Turquía aumentará la cifra de refugiados sirios en Turquía. ¿Cómo será la vida en Turquía para los refugiados expulsados de Europa? ¿Por qué huyen de Turquía los que intentan llegar a Europa arriesgando su vida?

La vida en los campos de refugiados, un lugar sin esperanzas

En los 22 campos de refugiados que hay actualmente en Turquía, las personas registradas deben pedir permiso para salir durante el día y regresar antes de la noche. Los campos están vigilados con fuertes controles policiales, como si fueran cárceles con un régimen de libertad condicional por algunas horas.

Las condiciones varían en los diferentes campos: en algunos, hay comedores donde los refugiados reciben raciones diarias de comida, en otros se reparten ayudas de dinero y las familias compran y cocinan sus propios alimentos.

Pero, aunque el gobierno turco presenta estos campos como “ejemplares”, la realidad es que la mayoría de los refugiados siros en Turquía no quiere vivir allí. Rechazan los controles, la imposibilidad de tener un trabajo y estar como parias aislados del resto del mundo.

En esos campos la vida de decenas de miles de personas se reduce a una larga sucesión de días sin ocupación. Algo que, si bien muchos refugiados deben aceptar durante un corto tiempo, no se resignan que se transforme en su vida. El número de personas que después de ser admitidas en un campo lo abandonan rápidamente es muy alto, según el estudio de la universidad de Ankara.

Trabajo ilegal y explotación de menores

A mediados de enero de 2016 Turquía modificó su legislación y aprobó el otorgamiento de permisos de trabajo a los refugiados sirios, que hasta ahora solo podían trabajar de forma ilegal. La ONG Business & Human Rights Resource Centre (BHRRC) estima que entre 250.000 y 400.000 refugiados sirios trabajaban ilegalmente en Turquía a fines del 2015.

Con la nueva legislación las empresas podrán contratar legalmente a refugiados sirios, pero solo hasta el 10% de la plantilla, una restricción que habilita la existencia de contratación ilegal de refugiados de forma masiva.

Turquía es uno de los mayores exportadores textiles del mundo, y la mayoría de sus productos van dirigidos a la UE. Marcas como Burberry, HUGO BOSS, Marks & Spencer, Super dry, GAP, Espirit y muchas otras trabajan con proveedores de talleres textiles en ese país.

La ONG BHRRC preguntó a las principales marcas europeas que trabajan en Turquía si habían investigado la existencia de trabajo ilegal de menores sirios en sus talleres. La mayoría de las marcas se negaron a contestar el cuestionario. Solo en dos casos contestaron afirmativamente.

“Tuve que dejar la escuela y buscar un trabajo”

Adil es un refugiado sirio de 16 años, que trabaja en la economía informal en Turquía. La familia de Adil llegó en 2012 a Turquía escapando de las bombas en Alepo.

Según Humans Right Watch, 400.000 niños sirios no tienen acceso a la educación en Turquía y muchos de ellos terminan trabajando en el mercado informal.

“Cuando comencé la escuela, esperábamos que mi padre consiguiera un trabajo [en la economía informal] pero no pudo encontrar nada” comentaba Adil en un reportaje de Al Jazeera.

“Mis hermanas son todavía muy jóvenes y la menor era todavía una niñita cuando llegamos a Turquía por lo que mi madre tampoco no podía trabajar. Tuve que dejar la escuela y buscar un trabajo.” Adil trabaja como asistente en un comercio desde hace 3 años, cobrando menos de la mitad del salario mínimo turco que promedia los 344 euros.

Los niños sirios refugiados son “más fácil de manipular, tienen menos demandas y definitivamente más baratos que cualquier otro trabajador. Los niños aprender el lenguaje más fácilmente y adquieren las habilidades que requieren los trabajos básicos de forma más veloz”, aseguraba el director del Centro en Políticas Migratorias de la Universidad de Hacettepe a Al Jazeera.

Salarios más bajos y precariedad

El trabajo de refugiados sirios es una norma en sectores como agricultura, textil y construcción, sectores con un alto grado de precariedad.Turquía tiene un 10% de desocupación y el trabajo ilegal de los refugiados sirios presiona a la baja los salarios de los trabajadores nativos, que en algunos sectores como la metalurgia vienen llevando adelante nuevos fenómenos de lucha y organización.

Un 56% de los nativos turcos entrevistados en el mismo estudio de la universidad contestaron afirmativamente a la siguiente proposición: “Los sirios se quedan con nuestros trabajos”. El mercado de trabajo informal y el trabajo ilegal de los refugiados sirios ha llevado a un aumento de la xenofobia y la discriminación hacia los refugiados sirios en Turquía, algo que es utilizado por las propias patronales y el gobierno para dividir a los trabajadores y debilitarlos.

El pacto de la UE con Turquía cierra las puertas de Europa a los refugiados sirios que huyen de la guerra y condena a millones de personas a una vida de precariedad, trabajo ilegal, explotación de menores y discriminación social. Esto ocurre en un país donde el gobierno ha aumentado sus políticas represivas hacia la oposición, censurando a la prensa y masacrando al pueblo kurdo. Así vivirán los refugiados que la Unión Europea expulsa a Turquía.






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