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Flamengo campeón de una Libertadores que a River se le escapó al final

Aunque había jugado un muy buen partido, el equipo de Gallardo perdió la ventaja en los últimos 5 minutos. El club carioca ganó 2-1 con remontada de Gabriel y suma su segunda conquista continental.

Augusto Dorado

@AugustoDorado

Sábado 23 de noviembre de 2019 | 20:30

Foto: diario El País.

“Así es el fútbol” es una aseveración que no dice absolutamente nada. Salvo que tengamos que buscarle alguna explicación racional a un partido como el disputado en esta final de la Copa Libertadores 2019 entre River y Flamengo. Como esa explicación no existe, conviene refugiarnos en esa sentencia: “así es el fútbol”.

Los adalides de las explicaciones racionales -que, créase o no, existen en el fútbol que es un juego en el que intervienen factores como el estado de ánimo, el azar, la moral para ir a buscar un resultado a priori imposible, etc- dirán que el error de la saga central Pinola-Martínez Quarta, que las distracciones de Pratto. Todo eso es cierto, pero no explican un resultado y mucho menos un campeonato. En el choque de fuerzas entre dos equipos que juegan muy bien, sin dudas los dos mejores de esta edición de la Libertadores, Gabriel Gabigol (que estuvo errático durante 85 minutos) apareció, marcó y sonrió mientras pensaba en portugués: “así es el fútbol”.

Hizo un muy buen partido el River de Gallardo, un equipo que marcó una era para el club, la más exitosa e impactante de todas en un plano muy valorado como es el internacional. Pudo controlar en poco más de 15 minutos del primer tiempo a un Flamengo dirigido por el portugués Jorge Jesús que salió con todo el entusiasmo pero que se encontró con un rival que no lo dejó jugar, haciendo uso de las herramientas más limpias: marca y presión. Una vez que le cortó el circuito de juego, River se animó a buscar y encontró rápido el camino al gol, en una jugada de manual: guapeada de Enzo Pérez (figura del equipo argentino), escalada por punta derecha de Nacho Fernández que tira centro atrás, Matías Suárez la deja pasar y conecta al gol Borré. Desde ese instante parecía que todo iba a ser rojo y blanco.

Flamengo se perdía en la impotencia, le costaba tener la pelota (su punto fuerte), los delanteros de River le ensuciaban la salida. Los iba ganando la resignación. O al menos eso parecía.

Pero Flamengo no se desesperó y aprovechó que River no logró rematarlo, sobre todo en algunas incursiones ofensivas en las que Pratto (ingresado a los 74 minutos de partido) tomó malas decisiones (pegarle al arco cuando podía abrir hacia las puntas contra una defensa en apuros). Y su figura, Gabigol, que era una sombra nada más, se sintió con la fe suficiente como para dar vuelta todo. Y como para quebrar la “maldición” de haber osado tocar la copa cuando salió a la cancha.

Faltaban 5 minutos. Primero fue una combinación entre Bruno Henrique (que perforó la defensa), Arrascaeta que mandó el centro rasante, y Gabigol que facturó. Último minuto del partido. Después -ya en tiempo adicionado- un pelotazo largo a Gabriel que encontró a la dupla central de River confundida: Pinola erró y el delantero -que lleva bien ganado el apodo de Gabigol- facturó.

Con el correr de las horas, de los días, de los años, ya nadie recordará que hubo una sensación de penal cuando River todavía estaba 1-0 (una pelota dio en el brazo de De la Cruz, no se recurrió al VAR pero no era penal) y mucho menos que en los segundos finales Exequiel Palacios cayó en la provocación de Flamengo (que quería hacer romper el cronómetro y terminarlo) y vio la tarjeta roja. Lo que quedará en el recuerdo es un gran equipo -que hizo y seguramente seguirá haciendo época- al que la Copa Libertadores se le escurrió de las manos, y a otro equipo que encontró la oportunidad al final de todo para una remontada impensada. Uno es River. El otro es Flamengo, el flamante campeón de América. Así es el fútbol.






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