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EFEMÉRIDE

“Hay que comer para vivir y no vivir para comer”

A 343 años de la muerte de Moliére, nos adentramos la vida del artista que supo enfrentarse a la moral e instituciones de su época, hacer templar de carcajadas a París y que marcó la escena teatral.

Viernes 17 de febrero | Edición del día

El actor, comediante y dramaturgo Jean-Baptiste Poquelin, conocido como Moliére, murió un 17 de febrero de 1673 a la edad de 51 años. Es considerado el padre de la Comédie-Française, el único teatro estatal de Francia que cuenta con una compañía estable de actores.

Procedente de una familia de la burguesía comerciante, se gradúa de la Facultad de Derecho de Orleans en 1642, y sustituye a su padre en el oficio de tapicero real de Luis XIII. Es allí que conoce a la familia de comediantes Béjart, con quien funda L’Illustre Théâtre, primero a cargo de la comediante Madeleine Béjart, y luego por él mismo. Sin embargo, tres años después, la joven compañía fracasa y luego de acumular deudas Moliére permanece unos días arrestado.

Luego se embarca a recorrer las regiones del sur de Francia, durante trece años, con el grupo encabezado por Dufresne, al que sustituyó como director a partir de 1650. Finalmente se instalan en París, y en 1659 tienen su primer éxito con la sátira “Las preciosas ridículas”, todo bajo los favores de Luis XIV.

Había querido desarrollarse en el género de la tragedia pero inevitablemente se destacaba por ser cómico, con voces y mímicas inigualables. Además, comienza a hacerse conocido por tratar en sus obras, que él mismo escribía y también actuaba, problemáticas sociales poco comunes para la época. Que si bien en los teatros provocaban risa, en la corte y en la Iglesia generaban grandes oposiciones a sus creaciones.

En 1662 estrena “La escuela de las mujeres” que es un éxito total, donde aborda la condición de la mujer, lo que llevó a que la Iglesia la declarara “obscena e irreligiosa”. Ante esto, Moliére responde ridiculizándolos en “La crítica de la escuela de las mujeres”.

Ese mismo año se casó con Armande Béjart, veinte años menor a él y hermana de Madeleine. Nuevamente es acusado por la Iglesia, esta vez de incesto, porque corría el rumor de que Armande era producto de la relación entre él y Madeleine. Moliére responde creando la obra “Impromptu de Versalles”.

Todos los teatros le cerraban las puertas, y de hecho le arrancaban los posters de las calles, pero bajo la corona de Luis XIV producía en el Palacio Real. En 1664 se lo nombró responsable de las diversiones de la corte y realizó “Los placeres de la isla encantada” en la que representó a la princesa de Élide.

Ese mismo año creó “Tartufo”, donde denunciaba la hipocresía religiosa, lo que llevó a que el rey la prohibiera durante cinco años. A pesar de ello, Moliére llevó a cabo algunas representaciones privadas.

Durante dos años enferma de tuberculosis, aunque continúa haciendo algunas representaciones, escribe grandes obras como “El misántropo” y “El médico a palos”. En 1668 crea las obras “Anfitrión”, “Georges Dandin” y “El avaro”.

Finalmente su obra culmine es “El enfermo imaginario”, que trata sobre un hipocondríaco. Irónicamente, durante la cuarta presentación de esta obra sintió dolores y sufrió un ataque agudo de hemoptisis, luego fue trasladado a su casa donde finalmente murió.

Es uno de los referentes de la “Comedia del Arte”, a la que además superó, combinando con texto, danza, música y máquinas complejas para ese entonces. Si bien siempre tuvo el amparo de reyes debido a su destacada literatura y actuación, además lograba hacer reír a la misma burguesía, la cual por su doble moral luego se oponía a sus presentaciones; supo mediante la comedia y la sátira criticar las concepciones morales de la época.

La corrupción, la hipocresía de la iglesia y la burguesía, el rol de la mujer, fueron sus temas, entre otros, junto con una exaltación de la juventud, a la que quiso liberar de sus restricciones.








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