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FRANCIA REFUGIADOS

Hollande quiere desalojar a los niños y refugiados de la “jungla” de Calais

Está pendiente la resolución de un juez sobre el desalojo de parte del campo de refugiados de Calais, en la frontera norte de Francia, donde miles de personas aguardan para intentar pasar al Reino Unido. Más de 300 niños podrían quedar desamparados.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Jueves 25 de febrero de 2016

Foto: Fotomovimiento en Calais

El gobierno de Hollande busca trasladar a los refugiados a una zona de barracones donde instaló conteiner con camas. Pero las organizaciones no gubernamentales que trabajan en la “jungla” denunciaron que no había capacidad para todos los refugiados. Entre ellos están unos 300 niños refugiados no acompañados que habitan hace meses en Calais. Las ONG interpusieron una denuncia ante el Tribunal Administrativo de Lille (norte de Francia) cuya titular visitó el campamento este martes y retrasó temporalmente el desalojo.

El gobierno contabilizaba a unos 1000 refugiados en la zona del desalojo, pero las ONGs aseguran que son más de 3500 los refugiados que se verían afectados. Todos viven en condiciones muy precarias en la “jungla” donde han construido una escuela, lugares para comer, para rezar, un centro juvenil y un puesto de asistencia médica. La mayoría no quiere abandonar ese lugar porque no saben qué es lo que se van a encontrar después. La propuesta del gobierno es desarmar el campo y repartirlos en varios centros de refugiados, pero eso los aleja aún más de su sueño de llegar a Reino Unido.

"Yo solo me muevo de aquí para ir al Reino Unido", aseguraba Aso a un periodista de Efe. Aso es un iraní que vive en Calais y tiene a sus hermanos del otro lado del Canal de la mancha, en Reino Unido.

En Calais los refugiados viven “sin registro”, clandestinos. Si los trasladan a los nuevos barracones o centros de refugiados, Francia va a registrar sus huellas dactilares. Y eso significa que ya no podrán pedir asilo en Reino Unido. "Eso ya te cierra las puertas del Reino Unido", afirma a EFE Gabremikel, un eritreo de Calais.

Como respuesta al anuncio galo de desmantelar el campo de Calais, las autoridades belgas han reforzado la presencia policial en la frontera, para evitar una entrada masiva de refugiados expulsados de Francia.

Los niños de Calais

Según el censo realizado por la organización Calais Solidarity (Solidaridad con Calais), en la zona que quieren desalojar hay actualmente 3455 residentes, de los cuales 2808 son hombres, 183 mujeres y 440 niños. Eso incluye a 13 ancianos, 293 niños no acompañados y 90 niños con sus familias en Reino Unido.

La cantidad de menores no acompañados en Calais es un fenómeno creciente. Muchos viajan sin ningún familiar a través de Europa, ya sea porque están huérfanos, porque van en búsqueda de familiares a otro país o porque los han tenido que dejar en Siria, Irak o Afganistán.

El domingo pasado, unos 150 artistas británicos entre los que se encontraba el actor Jude Law visitaron el campo de Calais para solidarizarse con los refugiados. El actor leyó una carta abierta al primer ministro de Reino unido, David Cameron, exigiendo que se brinde asilo inmediato a los niños refugiados que tienen familiares en ese país y se busquen soluciones para los que siguen en Francia.

La dibujante británica Kate Evans ha visitado varias veces el campo de Calais como parte de un movimiento solidario con los refugiados, junto a muchos otros activistas de Reino Unido. En su última visita a Calais Evans se dedicó a dibujar a los niños y refugiados, contando sus historias a través del lápiz y el papel. Como la de un niño de 12 años que recorre con su bicicleta el campo de Calais y espera poder llegar a Reino Unido para juntarse con sus tíos. O el caso de otro menor al que sus familiares han ido a buscar para llevarlo a Reino Unido, pero al que no le permiten salir de Calais por marañas burocráticas con sus papeles.

Organizaciones de derechos humanos y de protección de la infancia han denunciado que miles de menores refugiados no acompañados han desaparecido después de ingresar a Europa. Muchos de ellos pueden haber caído en manos de redes de trata o utilizados por redes de delincuencia organizada. El destino trágico de los niños refugiados es la cara más oscura del capitalismo europeo.






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