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TURQUÍA TRABAJADORAS

Huelga de las obreras de Rocher en Turquía: ¡la belleza está en la lucha!

En Gebza, Turquía, 124 obreras de la fábrica Flormar, perteneciente al grupo Rocher, llevan más de tres semanas en lucha contra su despido por haberse sindicalizado.

Jueves 7 de junio

Rocher, que os sonará por ser el grupo de los productos cosméticos Yves Rocher entre otros, tiene la mayor parte de las acciones de la fábrica Flormar, en Gebza, Turquía, donde las trabajadoras llevan más de veinte días en lucha por su despido en masa, como represalia por haberse sindicalizado. El conglomerado de empresas Rocher se define como “una organización familiar, ecológicamente responsable y dedicada que la belleza sea asequible y accesible para todas las mujeres; sin importar su nacionalidad, su edad ni su capacidad adquisitiva”. Por lo visto, la capacidad adquisitiva de sus trabajadoras es la única que no les importa… Y es que la hipocresía no puede ser mayor desde el momento en que despiden a trabajadoras por sindicalizarse para luchar por unas condiciones laborales menos miserables.

En una entrevista al diario francés “Révolution Permanente”, las obreras explican cómo se sucedieron los acontecimientos. Una de las despedidas, que llevaba 15 años trabajando en la fábrica y a la que no han dado una sola explicación por el despido, manifiesta que la mayoría de las trabajadoras están sujetas al salario mínimo, unas 1600 libras turcas que corresponden a unos 300 euros mensuales. La trabajadora despedida cuenta que cuando su empresa fue vendida a Yves Rocher, esta marca se desarrolló y amplió, se abrieron tiendas en muchos países, pero las trabajadoras siguieron ganando lo mismo.

Fue entonces cuando pidieron un aumento de sueldo que nunca fue aceptado. A raíz de esto decidieron sindicalizarse y la empresa respondió despidiendo a las compañeras “sospechosas” de haberse sindicado, algo totalmente ilegal teniendo en cuenta que la sindicalización es, en teoría, un derecho constitucional en Turquía. Al principio fueron 20 las expulsadas, pero cuando el resto preguntaron por qué las habían despedido y reclamaron el derecho a sindicalizarse, echaron a otras 70 trabajadoras.

Las obreras que siguen en la fábrica, explica, apoyaron su lucha desde el primer momento y aplaudieron en forma de protesta durante las pausas. Pero la dirección trató de impedir estas muestras de solidaridad, llamó a las fuerzas policiales e impidió a las trabajadoras hacer la pausa. Cuando la persona responsable del sindicato habló con los agentes de seguridad, las fuerzas policiales se retiraron, pero entonces la empresa, obligó a las trabajadoras que aplaudían a salir por la puerta una a una, para no volver.

Según los testimonios de las trabajadoras que fueron despedidas por mostrar su solidaridad, la empresa fue llevándolas una a una a la sala de reuniones cuando volvían de la pausa, donde las interrogaban sobre sus aplausos. Cuando decía que querían apoyar a sus compañeras les respondían que no querían al sindicato en la empresa y que su solidaridad o iba a servir para nada. Entonces, a algunas de ellas les pusieron delante la disyuntiva, sabiendo que trabajaban en la oficina: “o bien te vas a trabajar a la producción, o bien nos entregas tu dimisión”. Y añadían: “Si fuera tú dimitiría, porque vas a tener presión que va a venir de arriba. ¿Crees que la vas a poder soportar?”.

Pero ellas lo tienen claro, afirman alto y claro que el sindicato va a entrar: “Las mujeres somos mayoría aquí, y las mujeres somos fuertes, lo vamos a conseguir”.

Por eso, las obreras van cada día desde hace más de tres semanas a manifestarse frente a la fábrica. Lo que quieren es poder volver a trabajar y que su derecho sindical sea aceptado y no van a parar hasta conseguirlo.

En las concentraciones el ambiente de lucha y alegría es palpable, los bailes, los reclamos y las muestras de solidaridad se cruzan frente a la puerta de la fábrica. Reciben muchos apoyos in situ y apoyos internacionales, como la acción que tuvo lugar en París el pasado sábado frente a una filial de Yves Rocher, denunciando los hechos y pidiendo el boicot. En la capital francesa resonaba: ¡Solidaridad con las trabajadoras de Yves Rocher!






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