Juventud

REPÚBLICA CATALANA

Juventud, movimiento estudiantil y “procés”, un balance necesario

Jornadas de lucha, ocupación en el Rectorado de la UB, manifestaciones multitudinarias y jornadas de huelgas. La juventud en la cabecera de la lucha por el derecho a decidir ¿Qué límites impuso el “procesismo” al resurgimiento del movimiento estudiantil en Catalunya?

Marta Clar

Barcelona | @MartaClar1

Miércoles 29 de noviembre | 18:52

Edició català

La juventud estudiantil como pieza clave del movimiento democrático

Desde el primer momento, la juventud catalana fue uno de los sectores que se puso a la cabeza de las movilizaciones por el derecho a decidir. Diferentes acciones son una muestra de esto, desde la ocupación del rectorado, las manifestaciones multitudinarias o las diferentes jornadas de huelga, hasta la participación de miles de jóvenes en la ocupación de colegios electorales o en las diferentes acciones que se desarrollaron en las huelgas generales del 3 de Octubre y el 8 de Noviembre. Sin embargo, ¿cuáles fueron los límites de este resurgir del movimiento estudiantil?.

El “procès” llegó a las facultades después de cinco años sin apenas movilizaciones estudiantiles. Las jornadas de lucha contra la imposición del modelo neoliberal en la Universidad pública catalana – Plan Bolonia, “el tasazo”- , como parte de una estrategia que se implentaba paralelamente en el conjunto del Estado español, no eran más que un recuerdo lejano para la mayoría de estudiantes.

Los jóvenes catalanes llegaron al 20 de Septiembre, momento en que detienen a los 14 altos cargos del Govern, con un movimiento asambleario débil y escasos organismos de coordinación entre facultades, eso es cierto. Pero también lo es, que este hecho no les impidió ponerse a la cabeza de la defensa del derecho a decidir y en contra de la represión del Gobierno central.

Desde ese momento, el movimiento estudiantil catalán tenía dos importantes retos: por una parte poner en pie un movimiento estudiantil radicalmente democrático, horizontal y de base. Es decir, multiplicar las asambleas de facultad con la participación de la mayoría de los y las estudiantes.

Por otra, convertir estas asambleas en verdaderos espacios de deliberación, en puntos de encuentro en los que la juventud discutiera abiertamente por qué luchar y cómo hacerlo.

Universitats per la República y su pelea por separar la lucha por la república de las demandas de la juventud

Pero esto no ocurrió, aunque no faltaron algunos intentos. Desde el primer momento la dirección soberanista trató de bloquear y limitar el desarrollo del movimiento estudiantil. Desde Universitats per la República, plataforma conformada por las juventudes de los partidos del frente soberanista –PDeCat, ERC y el SEPC- se impuso una lógica de movilizaciones parciales, que siguieran la hoja de ruta de Puigdemont y Junqueras. Actos multitudinarios, pero que evitaran la posibilidad de que se desarrollase un movimiento estudiantil autoorganizado.

Tanto el PDeCat como ERC estaban más temerosos de que la clase trabajadora, las mujeres y la juventud se pusieran en pie con sus propios métodos, que de la represión del Gobierno central. Esto explica que desde el 22 de Septiembre – cuando empieza la ocupación del Rectorado- hasta el 8 de Noviembre, se impusiera en la movilización estudiantil la consigna de “separar lo nacional de lo social”, es decir que cualquier reivindicación estudiantil -como por ejemplo la lucha contra el “tasazo” y por la gratuidad- quedara al márgen.

¿Pero a qué intereses respondía esto? La voluntad mayoritaria del pueblo catalán que se expresó el el 1-O solo era y es posible hacerla efectiva poniendo en marcha una gran movilización social de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Y al mismo tiempo, para desarrollar una movilización así era necesario que las demandas de estos sectores volviesen al centro, ligando la demandas democráticas con las demandas sociales.

Pero que la juventud catalana se movilizase por la república catalana levantando sus reivindicaciones históricas, era justo lo trataba de evitar la dirección soberanista. Por una parte, porque un movimiento estudiantil de estas características habría entrado en confrontación directa con los intereses de los partidos a la cabeza del “procès”.

La república de Puigdemont y Junqueras, no era ni podrá ser una república que resuelva los principales problemas de la juventud: un modelo universitario cada vez más elitista, con tasas que hacen imposible el acceso a los miles de jóvenes de clase trabajadora, el desempleo o la precariedad laboral.

Eliminar reivindicaciones como la lucha por una universidad pública gratuíta y sin precariedad de las movilizaciones del movimiento estudiantil, hacía muy difícil conseguir el apoyo de los miles de estudiantes ahogados por las tasas universitaria y que tienen que combinar trabajos precarios con el ritmo frenético de exámenes que les impone Bolonia. A todos ellos ¿Qué les iba a resolver la República catalana?.

Por otra parte, porque de haberse desarrollado un movimiento estudiantil de este tipo posiblemente habría acabado entusiasmando a amplios sectores de la clase trabajadora que verían en la voluntad del pueblo catalán de constituir una república independiente el camino para pelear por todas las reivindicaciones sociales que vienen postergadas desde hace decádas.

Es por eso que la voluntad de limitar las movilizaciones estudiantiles al seguimiento estricto de la hoja de ruta del Govern y separar “lo nacional de lo social” en las jornadas de lucha de la juventud, respondía a la necesidad de contener la emergencia de un movimiento que de haberse desencadenado, seguramente habría sido muy difícil frenar.

Esto explica que en los diferentes actos convocados por Universitats per la República desaparecieran por completo las demandas estudiantiles. No es exagerado decir que hubo bloqueo constante a los diferentes intentos de poner en pie un movimiento estudiantil independiente y de base.

Es un ejemplo lo que ocurrió el 21 de Septiembre, cuando después del acto central en la Universitat Autónoma, se trato de impedir que un grupo formado por varios centenares de estudiantes ligados a las asambleas de facultades ocuparan el Rectorado de aquella universidad “porque no era el momento”.

Tiene la misma explicación que durante la ocupación del Rectorado de la UB que duró diez días, Universitats per la República no convocase ninguna asamblea multitudinaria, y bien al contrario, se esforzaran en boicotear las diferentes asambleas estudiantiles a las que llamaban los propios estudiantes. ¡Qué distinto habría sido se hubiesen aprovechado estos espacios para tratar de desarrollar la autoorganización de la juventud!

¿Y ahora qué? La necesidad de sacar lecciones y prepararse para la etapa siguiente

En las últimas semanas se mostrado ante los ojos de muchos que la dirección del movimiento soberanista,PDeCat y ERC, es una dirección titubeante, incapaz de llevar hasta el final la voluntad democrática del pueblo catalán y enfrentar la represión. Paralelamente, el PP, el PSOE, Cs y la Monarquía, con el beneplácito de la UE, han mostrado el verdadero rostro autoritario del Régimen del 78. Con la aplicación del 155 tratan de abrir la puerta hacia una restauración reaccionaria del Régimen. A la derrota del movimiento democrático catalán, le seguirán profundos ataques contra los derechos democráticos y sociales del conjunto de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud.

Por eso en esta etapa que viene, es necesario sacar lecciones de los últimos dos meses y prepararse para el próximo periodo. No hay duda de que el 155 y las elecciones del 21 de Diciembre suponen un duro golpe para el movimiento, pero las enormes aspiraciones democraticas del pueblo catalán no ha terminado aquí. A su vez las consecuencias de la crisis siguen y seguirán pesando sobre las espaldas de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud, mientras los movimientos del represivos del Gobierno se seguirán abriendo paso.

La única posibilidad de derrotar este golpe institucional del Régimen es desatando un gran movimiento contra contra el 155, por la libertad de todos los presos políticos y la defensa del derecho a decidir en Catalunya.

Pero para hacerlo posible es necesario unificar las filas de la clase trabajadora, las mujeres, la juventud y los sectores populares. ¿Cómo podemos los jóvenes contribuir a este desafío?

La única vía es peleando porque resurja un movimiento estudiantil independiente, de base y combativo que una a la defensa de la república catalana y por acabar con la Corona y el Régimen del ’78 en común con los sectores populares y la juventud del resto del Estado, con la pelea por conquistar las demandas históricas del movimiento estudiantil en la perspectiva de abrir un verdadero proceso constituyente libre y soberano en el que lo podamos discutir realmente todo: no solo la relación territorial que tiene que tener Catalunya con el Estado español, sino también sobre qué república necesitamos para que se puedan resolver los grandes problemas sociales que hoy nos golpean y conquistar las demandas que aún están pendientes como la universidad gratuita, el fin del desempleo o terminar con la precariedad laboral.






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