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La Asamblea Constituyente de la Ciudad de México y la burla de la “democracia”

La convocatoria a la Constituyente es denunciada como antidemocrática y proscriptiva. Lo que evidencia es el verdadero carácter del régimen político existente en México.

Pablo Oprinari

Ciudad de México / @POprinari

Martes 22 de marzo de 2016

Lo que evidencia es el verdadero carácter del régimen político existente en México, bajo el que se implementaron las reformas estructurales, los fraudes electorales y las desapariciones y asesinatos de luchadores sociales y periodistas, desde los 43 normalistas de Ayotzinapa hasta Rubén Espinosa y Nadia Vera.

La “democracia”: una burla al pueblo trabajador

La llamada democracia mexicana no puede sostener los principios más elementales que dice defender.

Desde el 2000 se acrecentaron los mecanismos que impiden la participación en las elecciones de organizaciones obreras, de izquierda y democrática que quiera presentarse a elecciones por fuera de los partidos Partido Revolucionario Institucional (PRI), Partido Acción Nacional (PAN) y Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Al 1% de afiliados sobre la lista nominal requerido para registrar un partido político, se suma la exigencia de obtener el 3% de los votos válidos. Las Agrupaciones Políticas Nacionales no pueden presentarse a elecciones más que coaligadas con los partidos con registro.

Las instituciones “plurales” demuestran que la voluntad popular es burlada. El senado, electo cada 6 años, se basa en una representación calificada: cada entidad federativa, independientemente de su población, tiene 3 senadores. Se licúa el peso de entidades con alta densidad demográfica y de composición obrera. La asignación de los 3 curules son a la primera y segunda minoría. Los grandes partidos son sobrerepresentados por encima del porcentaje obtenido, el cual, además, representa sólo a una franja de la población que asiste a las urnas.

De los 500 diputados, 300 son uninominales: corresponden a cada uno de los distritos en que se divide el país. Como en el senado, el sistema uninominal garantiza la sobrerrepresentación de los grandes partidos.

La figura presidencial concentra el poder político durante 6 años y “superpoderes”, como los decretos. Esto se suma a los acuerdos con los partidos con mayor representación parlamentaria -ejemplo de ello, el Pacto por México- para pasar las leyes antiobreras a espaldas de la voluntad popular y sancionar el recorte a las libertades, la militarización y la represión contra los que luchan.

El sufragio universal, postulado como expresión de la voluntad popular cada 3, 5 o 6 años, es burlado por mecanismos como los que explicamos arriba. ¿De que “democracia” hablan? No lo es siquiera en términos formales. La misma preserva la separación de las grandes mayorías respecto a los asuntos del gobierno lo cual -como plantea esta nota- es común a otras “democracias” del mundo: “reconocimiento puramente formal de las libertades políticas, división de poderes legislativo y ejecutivo, imposibilidad de revocar mandatos, no elección del poder judicial, privilegios de los funcionarios, etc.”

La Asamblea Constituyente de la Ciudad de México es hija dilecta de este régimen. Su convocatoria le garantiza a Peña Nieto, Mancera y el Congreso casi la mitad (40) de los constituyentes. Sus atribuciones son limitadas: busca restringirse a aprobar el proyecto de constitución de Mancera. Los independientes tienen grandes obstáculos para ser candidatos, y condiciones de inequidad respecto a los partidos con registro.

Movilización para imponer una Constituyente Libre y Soberana

Si la “democracia” en nuestro país es una burla de la voluntad popular cuya representación se arroga, es también el sistema de instituciones adecuadas para garantizar la subordinación y entrega de los recursos a las trasnacionales y el imperialismo, así como la dominación política de los partidos a su servicio.

Las demandas que plantean fuerzas políticas como el Morena, como la reducción salarial de un 50% de sus funcionarios y la “austeridad republicana”, así como la revocación del mandato presidencial que proponen personalidades de centroizquierda son insuficientes ya que no atacan de raíz la separación de las grandes masas populares de los asuntos de gobierno. Su pretensión es reformar lo existente, con lo que dejan intacto lo esencial de este régimen antidemocrático y al servicio de las trasnacionales, y se genera ilusiones en que por esa vía se puede democratizar el sistema político.

Desde la plataforma de Sergio Moissen y Sulem Estrada a la Constituyente se plantean propuestas políticas que cuestionan a las instituciones al servicio de las grandes patronales.

La propuesta de que todo funcionario público y todo legislador sea revocable y gane lo mismo que una maestra ataca la existencia de esa capa de funcionarios parásitos y de políticos al servicio de los empresarios; “Basta de que los políticos, que representan a los empresarios ganen altísimos salarios mientras el pueblo trabajador tiene salarios de miseria!”.

Esta propuesta no es aislada: es parte de un programa anticapitalista y socialista que ataca el proyecto de “su” ciudad, la de los grandes partidos patronales, de los Slim y las trasnacionales. Una perspectiva que defiende los intereses de los trabajadores y el pueblo de la ciudad, sobre cuya explotación y opresión se erigen las ganancias capitalistas.

Ante esta Constituyente restringida, hija de este régimen antidemocrático de la alternancia, Moissen y Estrada proponen luchar por Constituyente Libre y Soberana, “cuyos representantes sean elegidos cada 10,000 habitantes, por voto universal a partir de los 16 años, directo y con mandato revocable. Una Asamblea convocada sin ningún tipo de condicionamiento por parte de los partidos del Congreso y en la que pueda participar cualquier organización obrera, de izquierda y democrática”.

Una Asamblea de este tipo permitiría discutir los reales problemas de los explotados y oprimidos de la ciudad: trabajo y desempleo, educación y salud, las demandas de las mujeres y la comunidad sexodiversa, los acuciantes problemas de vivienda, movilidad y acceso a servicios públicos.

De lograrse, sería una “democracia infinitamente más generosa” que la Constituyente de Peña Nieto y Mancera y que la “democracia para ricos”. Por eso sólo será impuesta por la movilización revolucionaria de los trabajadores y el pueblo. Luchar por imponerla será un paso adelante en el enfrentamiento a este régimen al servicio de las trasnacionales.

Al servicio de esta perspectiva de lucha y de movilización, y para que se oigan la voz de los trabajadores, las mujeres y la juventud, es que está la candidatura de Sergio Moissen y Sulem Estrada.






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