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La boda de Elisa y Marcela (en 1901) a la gran pantalla

La historia de la pareja que celebró la primera boda lésbica moderna conocida se estrenará en 2018 en Netflix, de la mano de la directora Isabel Coixet.

Lunes 12 de febrero | 19:52

Días después de que una gala de los premios Goya que anunciaba dar más visibilidad a la mujer en el cine recibiera críticas por lo limitado e incumplido de su propósito, la directora catalana Isabel Coixet anuncia que llevará a la gran pantalla la historia de Elisa y Marcela, quienes en el municipio gallego de Dumbría protagonizaron la primera boda entre mujeres registrada y no anulada en 1901.

Será a través de Netflix en 2018 cuando este film narre la historia real de dos mujeres que huyeron de la justicia y ocuparon las portadas de numerosos periódicos a principios de siglo XX. Esta historia es conocida hoy en día a través del trabajo de colectivos LGBTI como Milhomes, quienes lograron que se colocara una placa en memoria en A Coruña e impulsaron la celebración de los premios Elisa y Marcela, ya en su sexta edición.

Aunque esta historia ya había sido llevada a la novela por el escritor Narciso Gabriel, su investigación se dificulta debido a la naturaleza periodística de buena parte de las fuentes, ya que la prensa de la época expuso el caso con tintes sensacionalistas, poco fiables, machistas y LGBTIfóbicos hasta el punto de causar su exilio.

Marcela y Elisa se conocieron mientras estudiaban en la Escuela Normal de Maestras de A Coruña, hasta que los padres de Marcela trataron de cortar la relación de las jóvenes enviando a su hija a estudiar a Madrid. Sin embargo, tras terminar sus estudios, ambas fueron destinadas a las localidades coruñesas de Calo y Dumbría, situadas a 12 km una de la otra.

En 1901 decidieron contraer matrimonio en Dumbría inventando una identidad masculina y un pasado. Elisa sería Mario, quien llevaba traje masculino, habría pasado su infancia en Londres y no había sido bautizado, para explicar la ausencia de documentación relativa a tal persona. Así, las dos mujeres se convirtieron en la primera pareja lésbica en celebrar una boda y la única en haberlo hecho en una iglesia, único matrimonio legal en el Estado Español en la época.

A día de hoy podemos dudar si se trataba a ciencia cierta de una pareja lésbica que había urdido un plan para poder casarse legalmente o Elisa/Mario estaba creando su identidad como hombre transexual, ya que adoptaría varias identidades masculinas posteriores. Lo que si resulta claro es la represión y persecución sufrida por la pareja una vez la prensa la identificó como “Matrimonio sin hombre”.

La prensa de la época empleó toda su maquinaria conservadora para estigmatizar y señalar a Marcela y Elisa, frivolizar con el caso con intenciones comerciales y cercar su situación en una posible huida. Encontramos titulares como “Un folletín en acción. Dos mujeres que se casan” o “Matrimonio sin hombre”, así como calificaciones de “aberración” o “asquerosidad”, aunque también reflexiones como la de Emilia Pardo Bazán que reconoce "La destreza y resolución con que (Elisa) urdió la maraña para soltar, por decirlo así, la personalidad femenina, y adquirir legalmente la condición viril”.

La pérdida de sus empleos y el acoso y persecución de vecinos y autoridades las llevaron al exilio en 1902 primero en Oporto, donde fueron encarceladas por falsedad documental y travestismo y posteriormente en Buenos Aires, donde trabajarían como criadas y donde Elisa, para tratar de evitar la persecución y tener cierto sustento económico, contraería matrimonio con un anciano, quien descubriría su verdadera identidad y la delataría.

Su pista se pierde con seguridad a partir de entonces, ya que existen versiones que contemplan desde un suicidio en México en 1910 hasta una vejez en Buenos Aires en 1940, sin embargo, la historia fue rescatada en las últimas décadas como un ejemplo de algo que miles de mujeres vivieron en diversas historias personales.






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